El píxel como icono

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Las indagaciones del arte óptico se transformaron al surgir la cibernética. El año decisivo fue 1968: en Londres y a iniciativa del pensador y poeta alemán Max Bense, se celebra Cybernetic Serendipity, una exposición que mostraba algunas posibilidades del ordenador en el terreno del arte. Entre ellas, la reducción de imágenes a píxeles que potenciaba la indagación perceptiva de los artistas ópticos. Algunos, como Vera Molnar, adoptarán en adelante el ordenador como medio de trabajo.

Pero la imagen pixelada pronto adquiere valor propio: como icono, posee valores expresivos y significativos; como objeto abre vías de investigación al pintor. En ambas direcciones trabaja Diego P. Galindo (Sevilla, 1978). Hace algunos años, pintó una serie de grandes rostros. La escala y el primer plano les daban notoria presencia pero, al estar pixelados, se convertían en no-rostros, presencias anónimas. Parecida impresión causa en esta muestra el lienzo titulado D 2, mientras que en otros, como D 7, prima sobre todo la expresión. Sus trabajos muestran además un fuerte esfuerzo analítico: amplía la gama de grises, con sutiles apoyos de color, matizando la luminosidad del cuadro, o investiga las formas empleando el ordenador y diversas técnicas de estampación. La obra de Galindo, correcta y sugerente, tiene un valor añadido: indicar que el arte puede relacionarse con la tecnología, si mantiene una voluntad de creación que deja atrás absurdas reservas y evita rendiciones incondicionales.

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