Un reparto fantástico para una comedia floja

La historia es bien simple. Descabellada y simple. Tres hombres han sido citados en una clínica de inseminación artificial por una mujer que en un momento determinado formó parte de sus vidas. La razón de la cita es una auténtica locura, que es lo que corresponde a una comedia loca: deben competir entre ellos para, gracias a la selección natural, lograr ser el padre de su futuro hijo. A base de argumentos tanto o más locos que éste se han escrito maravillosas comedias, escenas y situaciones surrealistas, en fin, la historia de la comedia es una locura irresponsable y encantadora y reírse -qué les voy a contar- es lo mejor en una comedia o en la ducha. Creo, sin embargo, que la risa aquí va a medio gas por estas razones: uno, los espacios y chistes del común y nada sorprendentes que utiliza, y dos, por el intento desesperado de alargar una historia que realmente no existe, sólo existen las situaciones que se dan a partir del arranque contado arriba y, claro, una comedia de situación debe ser desternillante para no aburrir. Es decir, que creo que esta comedia debía haber sido más divertida, ya que no aporta vivencia cómica ni mordacidad -los otros grandes humores, aparte, lógicamente, del blanco tartazo.

Lo irreprochable de esta comedia es la interpretación de un elenco maravilloso, caricato, de dicción clara, compenetrado y en el que todos destacan. Vicente Romero, que es el primero en aparecer en escena, hila un papel de funcionario ahogado en múltiples tics, ensoñación enamoradiza y buentalantismo. Javier Martín en el de cani, no-tan-tonto-como-parece además de máquina sexual, capaz de desesperar a la vez que llevar a la carcajada más grosera, un trabajo físico y de velocidad vocal deslumbrante. Aitor Mazo es un coloso, su presencia como el agresivo ejecutivo de-vuelta-de-todo, arrasa cualquier gesto en escena y cualquier tos del patio. Ellos más Bart Santana, correcto y nervioso, como repeccionista de la clínica, ellos, digo, son el verdadero aliciente para ir a ver esta obra.

Antes del inicio, oh sí, es 27 de marzo, se leyó el correspondiente texto que intenta animar y celebrar el hecho dramático. O sea que era el día mundial o internacional del teatro. El texto hablaba, oh no, de la tecnología y de que el teatro tiene algo de primitiva tecnología también. El teatro, como cualquier otra arte sólo debe tener buenas ideas y mostrarse, y el resto sólo es pienso para la crítica.

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