Cultura

Una sugerente y algo fría mirada a la Barcelona medieval

Metrópolis, el ciclo que el Festival ha dedicado este año a las ciudades góticas, se cerró ayer con un precioso concierto del joven conjunto Canto Coronato dedicado a Barcelona. Como centro del programa figuró la conocida como Misa de Barcelona (por conservarse en manuscritos preservados en la capital catalana), una de las cinco misas polifónicas que han sobrevivido del siglo XIV, y contextualizándola, tanto partes de otras de estas misas (la de Tournai o las secciones del manuscrito de Apt) como alguna que otra obra religiosa, una danza del célebre Cancionero del Rey y piezas profanas conservadas en uno de los códices más importantes de la época, el de Chantilly.

Música del Ars Nova y del Ars Subtilior, como la que se ha podido escuchar en días pasados a Mala Punica o al Ensemble Organum en propuestas absolutamente contrapuestas. Próxima a la de Mala Punica resultó la visión de Canto Coronato, que se presentó con un amplio contingente de voces e instrumentos, que David Catalunya trató de usar con variedad, alternando las voces solistas con el coro, planteando acompañamientos diversos y buscando determinados efectos de espacialidad, al situar a algunos intérpretes en distintos puntos de la nave de la iglesia para obras concretas.

El Ars Nova basa su éxito en el refinamiento, la sutileza de los contrastes, la riqueza de la rítmica, pero también en la capacidad de sorpresa, y aunque Catalunya buscó con notable acierto mezclas tímbricas sugerentes, a las interpretaciones les faltó algo de intensidad, sobre todo en las canciones, que sonaron demasiado lineales. Como solistas Olalla Alemán y Magdalena Padilla mostraron buena capacidad para ajustarse a estilo, con melismas ornamentados con buen gusto, pero su canto resultó en exceso académico y frío. Las piezas isorrítmicas quedaron también demasiado encorsetadas, sin la exuberancia y la potencia expresiva que logró Memelsdorff en la Parroquia del Sagrario el pasado lunes.

Sin duda hubo también momentos de calidez y brío más punzantes, como en el In terra pax del segundo Gloria, que cantó Olalla Alemán como solista, en el Sanctus que, en medio del templo, compartieron David Hernández y Juan Sancho, o en el segundo Agnus Dei, con unas fídulas de sonido más potente y atrevido. Especialmente atractivos resultaron además Les Reliquies del Senyor Rey y Le ray au soleil, un delicioso canon de Johannes Ciconia (el más grande representante de Subtilior) que cerró el recital.

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