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"El tiempo refuerza los vínculos entre el jazz y el mundo clásico"

  • El gran trompetista italiano llega hoy a Sevilla, junto a su cómplice el pianista Uri Caine, para ofrecer una muy esperada actuación en el Femás

Paolo Fresu (Berchidda, 1961) y Uri Caine (Filadelfia, 1956), en una imagen promocional de su disco 'Two Minuettos'. Paolo Fresu (Berchidda, 1961) y Uri Caine (Filadelfia, 1956), en una imagen promocional de su disco 'Two Minuettos'.

Paolo Fresu (Berchidda, 1961) y Uri Caine (Filadelfia, 1956), en una imagen promocional de su disco 'Two Minuettos'. / roberto cifarelli

Paolo Fresu es una de las principales voces del arraigado y frondoso jazz italiano. Fundador en 1988 del festival Time in Jazz, que cada año se celebra en su Cerdeña natal, y ahora al frente de su flamante sello discográfico (Tuk Music, que comenzara su andadura en 2010), el trompetista corso visita esta noche en compañía del pianista Uri Caine el Espacio Turina dentro de la programación del Festival de Música Antigua de Sevilla (Femás). Con el genial y heterodoxo pianista de Filadelfia -acaso el más significativo valedor en nuestros días de ese pianismo aventurado que partiendo de Bach recala en Mozart y Mahler, en Fats Waller y John Lewis con sonriente pulcritud y una actitud vanguardista nunca forzada, sino natural y hasta necesaria- grabó hace ahora poco más de diez años el álbum Things, en cuyo repertorio se daban la mano jazz, pop y la música clásica. Bajo el signo del eclecticismo, como no podía ser de otro modo tratándose de estos espíritus libérrimos del jazz, nació asimismo Two Minuettos, último fruto hasta la fecha de este encuentro estelar. Implicado en mil y un proyectos de diversa naturaleza, Fresu tiene la gentileza de responder a nuestras preguntas.

-Si he entendido bien, su encuentro con Uri Caine se produjo en 2002, cuando usted lo invita a Cerdeña. ¿Qué le atrajo en un primer momento de la música de Caine? ¿Puede hablarse de una profunda complicidad?

-En realidad, nuestro primer encuentro físico se produjo en el festival de Marciac, en Francia, un par de años antes. No recuerdo si Uri tocaba antes o después que nosotros en el mismo escenario, y fue allí donde nos conocimos. Después lo invité a tocar en mi festival con su grupo, y allí me pidió que saliera al escenario para tocar con ellos un tema. Disfrutamos con aquello y enseguida decidimos ofrecer un par de conciertos en Roma. Todo esto se ha mantenido porque nos entendemos bien y compartimos una misma idea de cómo hacer música. Idénticas predilecciones y una apertura al estilo ajeno que supone toda una experiencia humana basada en el respeto.

-¿De qué manera se escogió -entonces y ahora- tan ecléctico repertorio? ¿Podría hablarnos de la génesis de sus discos?

-Surgen de modo bastante espontáneo. El formato a dúo lo permite. Durante las pruebas de sonido sucede que él toca algo y yo le digo: la conozco, me gusta, y más tarde entra en el repertorio. Y viceversa. Así es como nace un repertorio y llegan los discos, en los que hay una mezcla de jazz, música clásica y pop, además de nuestras composiciones originales. Así también nació el proyecto sobre la música de Barbara Strozzi que, en parte, afrontamos en Two Minuettos.

"El jazz y el barroco tienen mucho en común, eso es lo que me lleva a interpretar a Monteverdi, Bach, Purcell o Haendel"

-Más de diez años después del espléndido Things (editado por el mítico sello Blue Note en 2006), ¿qué supone para usted esta nueva grabación?

-Two Minuettos es resultado de tres conciertos que dimos en el teatro dell'Elfo de Milán, con tres repertorios distintos. La idea original era la de editar tres discos, pero más tarde optamos por uno. Tres repertorios en los que fuimos pasando, en noches sucesivas, de la canción a la música clásica y al estándar. Por eso en la lista de canciones no figuran finalmente nuestras composiciones...

¿En qué otros proyectos está usted implicado en la actualidad?

-Como siempre, estoy trabajando en varios proyectos a la vez. Hace dos semanas se publicó el nuevo trabajo acústico del Devil Quartet [se refiere a Carpe Diem, Tuk Music, 2018] y el próximo noviembre verá la luz el disco con el coro corso A Filetta y con Daniele di Bonaventura. El año que viene una reinterpretación del Laudario di Cortona del año 1200 y luego la Norma de Bellini. Sigo girando con mis grupos de siempre y con numerosos dúos, entre otros el que formo con Chano Domínguez y el que mantengo con Omar Sosa, que en ocasiones se convierte en trío con Trilok Gurtu. Asimismo tengo proyectos con orquestas clásicas, y otros proyectos híbridos, también algunos con electrónica. Por otro lado está la coordinación de mi festival de jazz en Cerdeña, las actividades de colaboración con los pueblos golpeados por el terremoto, la dirección de mi sello discográfico, Tuk Music y, last but not least, la presidencia de la Federación Nacional de Jazz Italiano. Creo que el artista debe comprometerse no sólo en lo social, sino también en aspectos de la política cultural.

-¿Qué opinión le merecen aquellos primeros acercamientos al repertorio clásico por parte de jazzmen como John Lewis, Loussier, etc.? ¿Y la atracción contraria, desde la clásica al jazz?

-En realidad podría decirse que yo florezco como músico de jazz para más tarde acercarme al mundo clásico, cuando cursé estudios en el conservatorio. Mi concepto del jazz que se aproxima a la música clásica está basado principalmente en la melodía y la armonía. En menor medida, en el tempo. En pocas palabras, no me apasiona tanto relacionar el swing con el mundo clásico, cuanto subrayar la faceta dramática de la música. En definitiva, lo que me entusiasma no es traducir en clave de jazz el repertorio clásico, sino que el jazz se aproxime a éste. No olvidemos que el jazz y el barroco en especial tienen muchas cosas en común. Eso es lo que me lleva a interpretar a Monteverdi, a Bach o Purcell o Haendel...

-A pesar de que esta tradición tiene ya más de medio siglo, la inclusión de una propuesta como la que ustedes traen a un festival de música antigua sigue causando algo de revuelo. ¿A qué cree que se debe?

-Me gusta que así sea. Por las razones que esbocé en la pregunta anterior. El tiempo no hace sino reforzar las relaciones y vínculos.

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