Javier Reverte. Periodista y escritor

"Quien no está en la trinchera no entiende qué ocurre allí"

  • El autor tiñe de épica 'El tiempo de los héroes', una novela en la que se aproxima al militar republicano y miembro del PCE Juan Modesto

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Aun en la carnicería que hacemos de Troya, hay gestos que nos conmueven. El perro Argos muriendo justo al retorno de Ulises, el pecho de Helena, el espectro de Aquiles firmando la primera proclama existencialista. En mitad del horror, aprendemos, la dignidad, lo hermoso, resultan cautivadores. Igual de hipnótico aparece, desde Homero, el dilema de todo héroe: aceptar su destino o rebelarse contra él. Los mimbres de la épica clásica -el valor del humanismo, lo inevitable, la fragilidad del espíritu, la plaforma de sádicos y alucinados que termina siendo toda guerra- vertebran El tiempo de los héroes, la última novela de Javier Reverte, en la que el periodista y escritor madrileño salda deudas con la figura de Juan Guilloto (Juan Modesto) y con gran parte de su propia familia.

-La pregunta inevitable es por qué una biografía como la de Juan Modesto aún no había tenido un acercamiento en profundidad: porque sí aparece en distintas memorias y testimonios sobre la Guerra Civil...

-Porque él se apartó del primer plano. La política no le interesaba o, al menos, no le interesaba para figurar en primera línea, no era como Líster y los otros, que querían subrayarse como grandes héroes de la causa republicana. También pudo ser cuestión de guerra política entre buenos y malos: a los nacionales no les interesaba un tipo digno como enemigo, sino psicópatas que fusilaban sin cuento. Sin embargo, cuando estaba haciendo el libro y hablaba de Modesto, resultaba que lo conocía mucha gente, y me decían que era muy importante, quizá el más importante militar de origen de milicias. Creo que surge de ahí la historia, aunque en los libros de memorias también suelen ser bastante elogiosos con él.

-¿Qué historia lo llevó a pasar de ser Guilloto a Modesto?

-Creo que Juan Modesto era, más que su nombre de guerra, su nombre de clandestinidad (como Felipe González con Isidoro). Lo adoptó cuando tuvo que pasar a España al volver de la URSS: en 1934, Juan Guilloto ya estaba fichado. Imagino que le gustaría como una manera de nombrarse a sí mismo. De hecho, sus hijos fueron registrados con ese apellido, mientras que las hijas que tuvo con su primera mujer se apellidaban Guilloto.

-Destaca su sentido de la fidelidad. Juan Modesto fue de los últimos en abandonar el país pero, en cambio, parecía ser muy consciente de que la guerra estaba perdida desde mucho tiempo atrás.

-El creía en aquello de que un comandante es el primero en atacar y el último en abandonar. Fue el último que pasó la frontera de Cataluña a caballo y el último que subió a los aviones de la República. Era consciente del fracaso de todo desde la batalla del Ebro, aunque estaba de acuerdo con Negrín: ambos pensaban que, si resistían hasta que estallara la Segunda Guerra Mundial, las potencias aliadas les ayudarían. Pero es sólo una posibilidad, nadie sabe qué pudiera haber pasado... El golpe de Estado de Casado truncó la República y ahí acabó todo.

-Las citas continuas a los clásicos y las referencias a Homero que tiene la novela parecen subrayar el mensaje de que la guerra siempre es la misma.

-La guerra es una locura, una locura terrible, llena de crueldades, venganzas, muerte y terror. En este episodio nuestro, a mí me conmueve mucho el caso de las Brigadas Amarillas: gente heroica que se jugó la vida por sus ideas.

-Eso es impensable hoy día...

-Eso es inconcebible hoy día. Aquí llegaron más de 30.000 voluntarios de todo el mundo. Y muchos perdieron muchísimo haciendo eso, porque luego serían perseguidos en sus países... En total, murieron unos 10.000. Después de eso, en todos existía un orgullo especial de haber luchado contra algo que consideraban injusto. A mí siempre me ha conmovido el homenaje que les hicieron a los brigadistas supervivientes hace unos años, cuando se les dio la opción de optar a la nacionalidad española. Hay muchos episodios en la novela que subrayan este hecho tan excepcional y, de hecho, uno de los momentos más emotivos de la guerra fue la despedida de las Brigadas Internacionales en Barcelona. Se puede ver enYouTube.

-Leyendo El tiempo de los héroes se entiende que, como dice usted, la novela surgiera de la poesía épica.

-La épica es uno de los grandes géneros, y la Guerra Civil es la gran epopeya de nuestro tiempo: hubo mucho heroísmo en ella y mucha cruedad. Y se ha contado mucho de la Guerra Civil como lucha política, y de la retaguardia de las ciudades. Pero del campo de batalla han escrito los militares: informes aburridísimos de tácticas que nadie entiende. Así que he intentado contar un poco como lo hacían los clásicos, singularizando en guerreros momentos concretos, poniendo el foco en cosas diferentes. Claro, no se puede hacer como se hacía entonces, pero sí que tiene el aliento homérico: la de Juan Modesto es la figura del héroe no como vaquero del Oeste, sino como hombre al que el destino arrastra a una decisión que le supera, y a partir de ahí tiene que seguir ese destino o huir de él. El "Aguanta, corazón" de Odiseo del que hablábamos.

-Como en Homero, en el retrato de la guerra que hace en El tiempo de los héroes, es desoladora la ignorancia de los que dirigen la guerra, el poco caso que hacen a los de dentro...

-Los que están fuera de las trincheras nunca entienden lo que pasa en las trincheras. Mi padre estuvo en una trinchera y me decía: "Ellos vienen con sus uniformes y medallas y les sorprende vernos llenos de piojos".

-"Toda nación que cuenta con una gran epopeya tienen el deber de crear literatura sobre ella", dice. ¿Cuanto más contemos más entenderemos?

-Mi objetivo no ha sido escribir esta novela para entender, sino porque sentía que era una asignatura pendiente con mis tíos y demás. Pero pienso que hacer memoria es bueno, que la memoria queda ahí: por eso no creo que vuelva a repetirse algo parecido en este país, incluso con una crisis como la queatravesamos.

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