Crítica de Cine

El viejo cine alemán

Katja Riemann e Ingrid Bolsø Berdal, en una escena de la película de Von Trotta. Katja Riemann e Ingrid Bolsø Berdal, en una escena de la película de Von Trotta.

Katja Riemann e Ingrid Bolsø Berdal, en una escena de la película de Von Trotta.

El nombre de Margarethe Von Trotta cotizaba hace tres o cuatro décadas, allá por los gloriosos años 70 del Nuevo Cine Alemán, en la categoría de autor(a) gracias a su relación con Volker Schlondorff (El honor perdido de Katharina Blum) y a la dirección de películas importantes en plena disolución del movimiento como Las hermanas alemanas, Locura de mujer o Rosa Luxemburgo, todas ellas aún deudoras del lenguaje de la modernidad, el compromiso político o el feminismo más combativo de la época. Apenas queda ya nada de aquellas formas e inquietudes en esta americanizada Olvídate de Nick que, tras la relativamente exitosa -más por el personaje que por la película en sí- Hannah Arendt, vuelve a ponerla de actualidad en este uniformado panorama del cine europeo transnacional para circuitos de versión original y tibia.

Su película se aleja de casa y nos lleva a un Nueva York de diseño y gente bien para proponerse como una suerte de canto a la emancipación femenina en la edad madura, todo ello a costa de Jade y María, las dos ex esposas del Nick del título que tendrán que compartir y negociar la vida en el apartamento de lujo que éste les ha dejado después de separarse de ambas para marcharse con una joven modelo. Lo que arranca como un duelo (escasamente cómico) de roces y estrategias entre ambas, deviene pronto una tediosa escalada hacia la comprensión y el entendimiento mutuo, en una sucesión de estampas más o menos pintorescas y de tono televisivo que oscilan entre el drama y la comedia sentimental y que le hacen un flaco favor a la causa feminista.

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