Alfredo Pérez Rubalcaba. Ex ministro de Interior y ex diputado por Cádiz

"Claro que hay un derrotado, es ETA"

  • El último responsable de las fuerzas de seguridad que tuvo que enfrentarse a la banda sostiene que la bomba de la T-4 y la detención de Ata llevaron a esta derrota sin negociación

Alfredo Pérez Rubalcaba Alfredo Pérez Rubalcaba

Alfredo Pérez Rubalcaba / Javier Albiñana

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Alfredo Pérez Rubalcaba es hoy un profesor de Química Orgánica que da clases en la Complutense. Fue el último ministro del Interior que tuvo que enfrentarse a una ETA letal. Después de intentar llegar a un acuerdo para el final negociado de la banda en 2006 -aquel proceso de paz que se rompió con el atentado mortal de la T-4 de Barajas-, lideró un departamento que detuvo a cientos de terroristas, a los sucesivos jefes del aparato militar y abortó un plan para instalar la infraestructura mortal de la organización en Portugal. Fruto de ese trabajo de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, ETA anunció el cese definitivo de la violencia el 20 octubre de 2011. "Es que cuando lloré no ha sido hoy -se explica el ex ministro-, fue en esa ocasión, fue entonces cuando dije: 'Se acabó'. Y así se lo explique a Mariano Rajoy, y creo que lo entendió bien porque hizo unas declaraciones en ese sentido. ¿Qué es lo que ETA ha ganado? Nada, en cualquier caso poder decir que son ellos los que se disuelven. Nada más".

Rubalcaba nos atiende en su domicilio madrileño. Han pasado apenas dos horas desde que se conociese el comunicado de ETA que leyó Josu Ternera. Su sensación es de moderada satisfacción, pero no de alegría. En octubre de 2011, él estaba a punto de enfrentarse a Rajoy en unas elecciones generales. Había sido diputado socialista por Cádiz, ministro del Interior y vicepresidente. El visitante que falleció en la prisión de Sevilla 1 en junio de 1991 como consecuencia de un paquete bomba era su primo hermano, Edmundo Pérez Crespo, santanderino como él y de 22 años.

-¿Satisfecho?

-Vaya... Es el mejor final de ETA, aunque nadie lo hubiese imaginado así y es el mejor final porque es ETA la que lo ha anunciado: por cuenta propia, de modo unilateral y sin pedir nada a cambio.

-He leído una entrevista a Íñigo Urkullu, el lehendakari, en la que dice que ETA nunca debió existir. Es decir, admite el fracaso histórico. Pero, por otra parte, sostiene que a ETA le da "pavor" pasar a la historia como una organización que fracasó, porque no sirvió para nada, pavor a su derrota, y él sostiene que no hay derrotados porque esto no va de vencedores ni de vencidos.

-Claro que hay un derrotado. La derrotada es ETA y hay un vencedor que es el Estado, si se puede decir de este modo después de más de 800 muertos. Claro que hay un derrotado, por supuesto que lo hay, quizás esa frase sobre los vencedores y los vencidos no se haya pronunciado así, a continuación de eso, sino después de otro razonamiento. En lo que sí coincido es que ETA no ha servido para nada.

-¿El comunicado y la representación en Francia obedecen a ese pavor del que habla Urkullu?

-¿Pavor? No, lo siguiente: ETA tiene un miedo atroz a pasar a la historia como un grupo terrorista que no consiguió nada, de ahí su preocupación por el relato. Cuando ellos deciden, y anuncian, el final de la violencia en octubre de 2011 ya saben que se van a disolver, lo que intentan es conseguir algo a cambio de la disolución. Y no lo consiguen.

-¿Entonces para qué les sirve este comunicado y puesta final?

-Para nada.

-¿Y qué valor tiene que sea Josu Ternera, uno de sus jefes históricos, el que lo lea?

-Es el que les queda, el valor que tiene eso es que no le queda nadie más.

-¿En su opinión esto debe abrir un cambio en la política penitenciaria respecto a ETA?

-No quisiera entrar en eso, que haga el Gobierno lo que estime oportuno. Tengo una opinión, pero no la doy. Durante todo el tiempo que estuve en Interior siempre defendí que la lucha antiterrorista era política de Estado, de modo que si debo decir algo se lo explicaré al presidente.

-¿En qué momento presintió usted que ETA se jodió, que se la iba a vencer?

-Son dos momentos. Uno es el atentado de la T-4 de Barajas, ése fue el final, en diciembre de 2006. ETA pagó un precio muy alto por eso. El problema es que allí se perdieron dos vidas humanas, dos personas que estaban durmiendo allí, se pagó un coste humano terrible, pero también se pagó un coste político, porque el presidente del Gobierno había dicho poco antes que "todo estará mejor" y porque estábamos enfrascados en un diálogo con ETA, diálogo porque nunca se llegó a negociar, que nos estaba costando políticamente muchos disgustos. Por tanto, es un doble coste, el primero, las vidas humanas, sin duda. Pero tiene una parte positiva, entre comillas por supuesto, y es que por primera vez Batasuna ve que con ETA es imposible, que ETA nunca le iba a dejar entrar libremente en un juego político democrático. Al final, es Batasuna quien quiere mandar en el proceso y, además, quien quiere negociar, pero se da cuenta de que ETA no opina así. Es ETA la que nunca va a renunciar a dejarle la parte política de la discusión, y se da cuenta en ese momento. Hay una foto de ese día, la puede buscar, en la que se ve a los dirigentes de Batasuna en un ascensor, está Otegi, está Rufi Etxeberria, está Permach y está Jone Goirizelaia, busque esa foto y mírele las caras.

-¿Esperaba que pudiese suceder algo así?

-No, ni yo ni nadie. ETA nunca había roto una tregua en su historia. Y nunca es nunca, porque ETA ha hecho treguas de todo tipo, de 24 horas, cortas, largas, pero siempre comunicaba antes que la daba por rota. Todos los informes quincenales que tenía en el Ministerio como trabajo de los distintos grupos de investigación daban por supuesto que la tregua iba a continuar, nadie en ningún momento dejó caer, ni siquiera a insinuar, que ETA pudiera colocar una bomba. Otra cosa es que yo supiera que las conversaciones con ETA estaban en una situación muy complicada, porque estaban en una fase muy tensa. Por tanto, lo que podía aventurar es que se rompieran las conversaciones y ello diese lugar a la ruptura de la tregua. ¿Pero que el proceso fuera al contrario? Nunca.

-Ha hablado de dos momentos, el primero fue la T-4. ¿Y el segundo?

-La detención de Ata [alias de Mikel Carrera Serobe, el último jefe del aparato militar de ETA].

-¿Fue más importante que la de Txeroki?

-Sí, porque fue el último.

-Siempre se contó que su obsesión fue Txeroki y que, incluso, tenía un puro guardado para el día de su detención.

-Sí, es verdad, y me lo fumé. Es verdad que Txeroki fue muy importante, fue el jefe del aparato militar durante mucho tiempo, le sustituyen otros dos, Iriondo y Martitegui, que duran poco porque los detienen, y luego está Ata. Ata es un tipo especialmente sanguinario y con una imaginación retorcida, es el autor material de los dos asesinatos de Capbreton, es un tipo que le pone un cañón a un chaval y le dispara por detrás, en la cabeza. Hay que ser sanguinario. Creo que es ahí cuando se gana el respeto de sus conmilitones. A Ata le atribuimos en Interior una operación muy complicada, que es el intento de llevar parte del aparato logístico a Portugal. Un sábado por la noche, todavía me acuerdo, en una carretera secundaria en Zamora, en Bermillo de Sayago, una pareja de la Guardia Civil, lo cual dice mucho de la Guardia Civil, para a una furgoneta y allí se descubre que parte del material de ETA iba para Portugal. Con la colaboración de la Policía portuguesa, descubrimos una base logística.

-Hablamos ya de 2010, casi al final.

-Desde esa base logística iban a salir dos bombas enormes, una para volar una de las torres de la Castellana en Madrid y la otra, para un cuartel de la provincia de Cádiz, un regalito para el ministro del Interior que era diputado por Cádiz.

-¿El cuartel de Zahara de los Atunes?

-Creo que era Zahara. La primera era una bomba como la de la T-4, de 500 kilos. En definitiva, ETA había convertido Portugal en una base logística, era una operación complicada pero inteligente, porque nunca los hubiésemos encontrado allí, o hubiéramos tardado años en hacerlo, si no fuese por esa pareja de guardias civiles. Quien imagina esto, que es Ata, es un tipo audaz, pero un mal estratega. Los militares saben que si el material se traslada mucho, terminas cayendo, pero, claro, nos habrían hecho mucho daño, una bomba a Madrid y otra a Cádiz, y probablemente lo hubiéramos buscado en el norte, en Francia.

-¿Es posible que el atentado en la T-4 fuera fruto de una disensión dentro de la banda?

-Es posible. Nunca imaginamos que eso fuese a terminar así, pero sí sabíamos que había disensiones dentro de ETA. Thierry era un tipo muy virulento, tenía explosiones de carácter y pensábamos que la bomba era una expresión de ese comportamiento, pero después, por otras informaciones, creemos que no, que fue desde la gente de Txeroki quienes quisieron darle una lección a Thierry, que era así como se negociaba, con bombas.

-Cuando se rompió esa tregua, que ya no pudo ser una trampa, vinieron todas esas detenciones, más de un centenar en 2009 creo recordar, y la de estos jefes del aparato militar ¿Fue así como se acabó ETA? ¿No pudo más?

-Sí, ETA declara el final, declara su derrota, para, porque no podía más. Lo hace en 2011 porque estaba acorralada policialmente y porque estaba aislada social y políticamente. Habían perdido todo el apoyo que tenían, la T-4 es un error enorme porque aún quedaba gente en el País Vasco que pensaba que ETA mataba para dialogar, y se dan cuenta de que no. Que quería imponer. Por tanto, queda aislada socialmente y se aísla políticamente cuando rompe con Batasuna.

-¿Cómo se cuece esa derrota no declarada, pero derrota al fin y al cabo dentro de la banda? Algo similar había pasado en Batasuna.

-Batasuna tiene una discusión interna con ETA después de la T-4, compleja en la que las dos parten tienen una misma presión, que es la Policía y, en la medida que va descabezando a ETA, va facilitando la vida a los sectores de Batasuna que querían romper con ETA. Y en la medida que aprieta a Batasuna, va facilitando a los de Batasuna que quieren romper con ETA. Por tanto, la Policía y la Guardia Civil, dando en un lado y en otro terminan, por provocar la ruptura. Batasuna no rompe porque quiere pasar a la política, hastiada de la violencia, rompe porque no tiene más remedio. Como ETA.

-Si no hubiese habido T-4, se hubiera seguido dialogando con ETA. No se hubiese llegado a ese final sin transacción. ¿Es mejor así?

-Esa pregunta me la he hecho muchas veces, en cada atentado. La culpa del atentado es del terrorista, pero a ti se te cae encima. Cada día de tregua era un día sin atentado, y hoy, sin esa bomba, 11 personas vivirían.

-Pero no se ha pagado ningún precio por el final.

-Tampoco hubiese habido que pagar un precio político a ETA, para nada. En todo caso de lo que se hablada era de paz por presos, lo que decía el punto 10 del acuerdo de Ajuria Enea. Lo que no se podía hablar con ETA era de política.

-¿Nunca se habló de una modificación en el Estatuto vasco? ¿Navarra?

-No, ése era el problema, que ETA quería hablar de política y decirle a Batasuna que quien mandaba era ella.

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