Valencina de la concepción El hombre muerto en el accidente era vecino del municipio

Se busca testigo de un atropello mortal

  • Adán Lamilla solicita la colaboración ciudadana para encontrar a la persona que mató a su padre en la SE-30 y se dio a la fuga

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Gerardo Lamilla Ramos desapareció el 6 de marzo. Salió de su casa de Valencina de la Concepción a las seis y media de la tarde para comprar unos repuestos para su coche en una tienda de Camas. No volvió. La última pista fiable la aportó alguien que lo vio a las nueve y media de la noche de ese mismo día en el centro de Camas. Su cadáver apareció once días después, en avanzado estado de descomposición, en una cuneta de la SE-30, en el kilómetro 17,5, a la altura del Carrefour de Camas y de la tienda Decathlon.

Lo descubrió una mujer que iba de copiloto en un coche y a la que le llamó la atención la existencia de un bulto extraño entre unos matorrales. La autopsia confirmó que Gerardo murió el mismo día de la desaparición y que, con casi toda seguridad, fue atropellado. Presenta un politraumatismo propio de un atropello, pero apenas hay pistas. La familia busca ahora testigos, alguien que circulara por la SE-30 aquella noche y viera algo raro: un hombre caminando por la cuneta, un coche haciendo una maniobra extraña...

La Policía examinó la grabación de las cámaras de la Dirección General de Tráfico, concretamente una que enfoca continuamente la zona, pero las imágenes tienen muy poca nitidez y en ellas no se aprecia nada. Apenas sí hay pistas. Sólo unas marcas de frenada en la calzada que corresponden a un camión pequeño o furgoneta grande y por otro lado unas piezas de un Seat León en la misma zona donde apareció el cuerpo. En la ropa, Gerardo tenía también incrustados unos cristales que presumiblemente corresponsan a un espejo retrovisor de aún no se sabe qué modelo de coche. Poco más. Sin testigos difícilmente se podrá esclarecer qué pasó realmente en la SE-30.

"Necesitamos a alguien que viera algo, cualquier maniobra extraña de un coche, algo que pueda darnos una pista", explica Adán Lamilla, el hijo de la víctima, estudiante de Medicina en Cádiz que aprovecha cada vez que tiene un rato para repasar el caso de su padre. Se ha ido en varias ocasiones al lugar donde apareció el cuerpo a tomar fotografías y a buscar pistas entre las piezas de vehículos que quedan entre los matorrales. "Pero con lo que tenemos poca cosa podemos hacer. Por eso hemos recurrido a los medios, para que cualquier testigo se ponga en contacto con la Policía", cuenta Adán.

La investigación la está llevando el Grupo de Homicidios de la Policía Nacional en Sevilla capital. La víctima salió de casa con 150 euros, el dinero que le costaban los repuestos del coche, pero en el cadáver sólo había 20. Llegó a Camas y aparcó cerca de la tienda pero nunca entró en ella. El vehículo fue descubierto tras la aparición del cuerpo perfectamente aparcado en el lugar donde Gerardo lo había dejado aquella tarde. Parece que antes de dirigirse a la tienda entró un momento en el bar Los Barriles. Ahí se pierde la pista hasta las nueve y media de la noche, cuando una persona que lo conocía lo vio por el centro de Camas, no demasiado cerca de donde dejó el coche.

Cómo llegó a la SE-30 es un misterio porque el cadáver apareció en una zona abrupta y de difícil acceso. Hay tres posibilidades de llegar a ella andando pero ninguna es fácil y menos de noche. Puede que estuviera caminando por la ronda de circunvalación, pero es algo que no tiene lógica. Hay quien dice que lo vio con la cabeza vendada. El cuerpo tenía una herida en el cráneo pero para los forenses esta lesión fue producto del atropello. Sin testigos poco más se puede saber.

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