Una prisión que respeta el Ramadán

  • La nueva cárcel fue ayer inaugurada oficialmente y se irá poblando de funcionarios y reclusos a partir de septiembre · Los internos disponen de numerosos servicios y podrán trabajar en las diferentes secciones

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A la nueva cárcel de Morón de la Frontera se llega por una carretera llena de baches en la que sólo hay un tramo en buenas condiciones. Es precisamente el de la entrada a la prisión. Se aprecian las marcas viales recién pintadas y el asfalto es firme por primera vez desde que se sale de Morón en dirección a la Puebla de Cazalla. Las señales también son nuevas. Un furgón de la Policía Nacional aparcado en el desvío revela que algo extraordinario pasa. Es la inauguración oficial de la prisión, que ya está completamente terminada y que en el próximo mes de septiembre se irá poblando de funcionarios y de reclusos hasta llegar a los más de 2.000 para los que estas nuevas instalaciones tienen capacidad.

La cárcel se levanta junto a la carretera, muy cerca del yacimiento arqueológico de una villa romana del siglo IV y de dos vías pecuarias que atraviesan el campo. Un muro con la inscripción "Centro Penitenciario Sevilla II" recibe al visitante desde que se desvía hacia el complejo carcelario y hasta que traspasa el control de entrada. Sevilla II ya no es oficialmente ese centro que para el noménclator popular siempre será la cárcel de Mairena del Alcor.

La nueva Sevilla II es una cárcel moderna, que cuenta con todos los servicios que se le presuponen a un modelo de Instituciones Penitenciarias que busca la reinserción de los delincuentes. Los presos pueden trabajar en la lavandería, en la cocina, en jardinería, en el servicio de limpieza, en la panadería o en los talleres productivos que tienen varias empresas externas acordadas con la cárcel para surtirse de mano de obra. Todo ello con su sueldo y su alta correspondiente en la Seguridad Social.

La lavandería está dividida en dos partes: ropa sucia y ropa limpia. Los internos no pueden pasar de una a otra y sólo la ropa lo hace a través de las lavadoras. En la zona limpia hay secadoras y centros de planchado.

Más adelante está la cocina. Aquí se elabora el menú para los 16 módulos de la prisión y los propios trabajadores de la cocina son los encargados de repartirla con unos carros calientaplatos. Habrá todo tipo de dietas: blanda para los que tengan problemas de estómago y acorde a las diferentes religiones que profesen los internos. Incluso se respetará el Ramadán para los musulmanes.

Los colores son códigos en el interior de la prisión. Cuando hay rejas, puertas y ventanas pintadas de rojo significa que se trata de un puesto de control, un búnker desde el que un funcionario de prisiones vigila lo que ocurre en la cárcel. El centro es prácticamente autosuficiente. En la panadería se fabrica pan para una población superior a las 2.000 personas y que se organiza en 12 módulos de 72 celdas y otros 4 de 36. En cada habitación caben dos presos y las de esta cárcel presentan como novedad que el recluso puede regular la temperatura del agua de la ducha. Las celdas tienen calefacción pero no aire acondicionado pese a que en ellas hace mucho calor.

En cada módulo hay una pista polideportiva, un gimnasio y un salón de ocio con mesa de ping-pong y un futbolín en el que se enfrentan Real Madrid y Atlético. En el centro del complejo, para acortar las distancias en caso de urgencia, está la enfermería. Aquí hay consultas de distintas especialidades, desde odontología hasta ginecología para el módulo de mujeres que habrá en esta cárcel. Hay sala de curas, rehabilitación y dos camas. Sólo falta que lleguen los internos.

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