el rastro de la fama | juana mayo núñez, catedrática de ingeniería mecánica

"La Junta ha recortado más en investigación que el Gobierno"

  • Fue la primera catedrática de la Escuela de Ingeniería de Sevilla

  • Sus numerosas investigaciones han tocado campos como las vibraciones mecánicas o la biomecánica

Juana Mayo, en la Escuela de Ingeniería, durante un momento de la entrevista. Juana Mayo, en la Escuela de Ingeniería, durante un momento de la entrevista.

Juana Mayo, en la Escuela de Ingeniería, durante un momento de la entrevista. / fotoS: juan carlos vázquez

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Sin apenas hacer ruido (sólo algún pequeño artículo en la prensa), Juana Mayo (Sevilla, 1965) hizo historia en la ciudad al convertirse, en 2008, en la primera catedrática de la muy prestigiosa y exigente Escuela de Ingeniería de Sevilla. Llega a la entrevista vestida de un modo informal y exhibiendo esa jovialidad tan característica de las personas que están acostumbradas a trabajar en equipo. No en vano, su currículum está plagado de los proyectos de investigación que ha coordinado y que tocan materias tan diversas como el funcionamiento mecánico de la mandíbula humana o el "Análisis numérico y experimental de los parámetros de funcionamiento en un prototipo de aerogenerador" (sic). Actualmente, dedica sus principales esfuerzos a la biomecánica, que es el estudio del cuerpo humano como una máquina, lo cual ha abierto un amplísimo campo para salud laboral y la medicina en general. Esta discípula de Jaime Domínguez Abascal, también ha trabajado en el análisis de las vibraciones mecánicas, un conocimiento aplicable, entre otras muchas cosas, a mejorar las estructuras resistentes a los terremotos. Aunque nadie le ha regalado ni robado nada, reconoce que el 8-M le ha servido para plantearse la cuestión de la desigualdad entre los hombres y las mujeres. "Ahora me planteo el tema del feminismo, pero lo hago a la manera de los ingenieros, con un plan de lecturas, etcétera". La profesión, no hay quien lo dude, marca el carácter.

-Usted fue la primera mujer catedrático de la Escuela de Ingenieros de Sevilla. Toda una pionera.

-Sí, llegué a la cátedra en 2008. Como verá, tardó mucho en haber una mujer catedrática en Ingeniería. Ahora no sabría decirle cuántas hay en la Escuela, porque a algunas ni siquiera las conozco. Somos más de 300 profesores...

-¿Sigue siendo Ingeniería una carrera de hombres?

-Más o menos... las estadísticas dicen que, después de experimentar un ascenso durante una época, en los últimos años el número de mujeres que estudian la carrera se ha estabilizado en un veinticinco por ciento. No es una cantidad despreciable, pero ha dejado de crecer. También depende de la especialidad, Ingeniería Química es la que tiene más mujeres.

-¿Y usted, por ejemplo, por qué estudió Ingeniería?

-Casi por casualidad, porque en mi familia no hay nadie vinculado a esta profesión y yo no tenía una vocación definida. A mí me gustaba la física, las matemáticas... consulté a un tío abogado que me envió a un amigo suyo que era profesor de Física, quien me animó a que hiciese Ingeniería, sobre todo por las salidas profesionales. Después me gustó mucho y no me arrepiento en absoluto de la elección.

-En general, a las mujeres se les anima poco a escoger su carrera.

-Es algo que tiene mucho que ver con la educación y la sociedad. Todos tenemos esa imagen de la ingeniería como algo vinculado a las fábricas, a las herramientas, a lo manual, a los hombres... Si se diese más información sobre lo que de verdad hacen los ingenieros, probablemente habría más mujeres.

"Yo no he sufrido la discriminación en mi carrera, pero es evidente que existe la desigualdad"

-El tema de la igualdad de la mujer, tras el 8-M, está en el centro del debate social. ¿Usted ha experimentado personalmente la discriminación?

-No, nunca me he sentido discriminada. Era la única mujer de una clase de diez alumnos, pero mis compañeros siempre me trataron como a una igual. Ya de profesora, tampoco he sentido la desigualdad.

-A lo mejor es que usted tiene el síndrome de la abeja reina...

-Quizás. Siendo sincera, ha habido algo de eso, porque antes del 8-M yo no estaba muy sensibilizada con la situación de desigualdad y discriminación que podían vivir otras mujeres. Al igual que muchas, no estaba muy concienciada con la necesidad del feminismo. En los últimos tiempos he leído y pensado mucho sobre la cuestión y creo que es evidente que no hay igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, independientemente de que yo no lo haya sufrido. Fui a la manifestación del 8-M y aquí en la Escuela de Ingeniería hicimos reuniones y repartimos lazos morados. Hay muchas cosas que cambiar todavía.

-¿Y cree necesarias medidas paritarias y de discriminación positiva?

-Depende... Algunas veces se vuelven en contra de las propias mujeres. Por ejemplo, yo sufro la obligación de que los tribunales de plazas universitarias de titular o de cátedra deben ser paritarios. El problema es que en mi especialidad, la Ingeniería Mecánica, apenas hay mujeres, por lo que me toca formar parte de casi todos estos tribunales, aunque sea en materias que no conozco demasiado y haya hombres mejor preparados. A lo mejor estoy equivocada, pero más que en la discriminación positiva, yo haría hincapié en ayudas a la conciliación familiar, porque el cuidado de los niños y de los mayores recae sobre todo en las mujeres, algo que no debería ser así, pero que es una realidad.

-En general, muchas universidades y facultades españolas no quedan muy bien en los rankings internacionales. Sin embargo, hay algunas carreras que sí están muy valoradas, como muchas de las ingenierías. ¿Cuál es la clave del éxito?

-Es cierto que España tiene grupos de investigación muy potentes y reconocidos internacionalmente en el área de Ingeniería. La verdad es que nunca me he preguntado el porqué. Son carreras muy duras y con una gran exigencia, a veces quizás demasiada. En España, a los ingenieros se les da mucha teoría para que tengan una base importante que les permita enfrentarse a problemas muy diversos. Yo estuve en Inglaterra de Erasmus y allí es muy diferente; el contenido era más light, más práctico. Los alumnos españoles salen muy bien formados, aunque Bolonia ha estropeado un poco la carrera.

-¿El Plan Bolonia está suponiendo una merma en la calidad de la educación de los ingenieros?

-Yo creo que un poco sí.

"Más que medidas de discriminación positiva, habría que mejorar la conciliación familiar"

- ¿Qué está fallando?

-Primero tuvimos que bajar de una carrera de cinco años a otra de cuatro, y después el número y variedad de titulaciones es demasiado amplio. Estábamos acostumbrados a una formación continuada que iba desde primero a quinto, lo que producía un ingeniero muy homogéneo y generalista, ese modelo tan bien valorado fuera de España. Sin embargo, ahora llegan a los másteres gentes de formaciones muy diferentes, por lo que son muy difíciles de gestionar. Ahora estamos intentando volver al sistema antiguo, que cuando un alumno se matricule en el grado también lo haga del máster, lo que permite un mejor diseño de las titulaciones.

-Una de las claves del éxito de Ingenieros es la exigencia hacia los estudiantes. Ya sé que no es muy políticamente correcto decir esto, pero en otras carreras la exigencia es mínima.

-A veces creo que Ingeniería es demasiado exigente. No es normal que estudiantes tan brillantes tarden siete años en hacer una carrera de cuatro. Pero es indiscutible que el prestigio va unido a esa exigencia que usted comenta.

-Existe el mito del ingeniero como un ser cuadriculado.

-Es cierto que la carrera te da una forma muy determinada de pensar, de razonar, de actuar... En ese sentido sí podemos ser algo cuadriculados. Por ejemplo, ahora que me dedico a temas de biomecánica me resulta complicadísima la comunicación con los médicos y otros profesionales con los que colaboro. Tenemos formas de pensar y enfocar los problemas muy diferentes; un lenguaje muy distinto.

-Ahora todo es bio... ¿qué es la biomecánica?

-El estudio de la mecánica de los seres vivos. El cuerpo humano es un mecanismo, como el motor de un coche, y yo estudio su movimiento. Esto lo podemos aplicar a un montón de cosas: al deporte, a la medicina...

-¿Eso incluye los exoesqueletos?

-Sí, en nuestro grupo queremos ahora trabajar con exoesqueletos. Fundamentalmente, queremos investigar los pasivos.

-¿Y en qué se diferencian de los activos?

-Los exoesqueletos activos están dotados de una fuerza externa que los mueve, tipo robot, mientras que los pasivos carecen de esta fuerza externa, por lo que no pueden dañar al usuario. Lo que hacen éstos es potenciar la fuerza del que lo porta. Por ejemplo, pueden ayudar a un operario de una fábrica a trabajar con el brazo levantado durante mucho tiempo.

"Los alumnos de Ingeniería salen muy bien formados, aunque Bolonia ha estropeado un poco la carrera"

-¿Y gracias a estos exoesqueletos podremos superar traumas y minusvalías importantes?

-En España hay un grupo muy potente del CSIC que trabaja en interacciones entre el cerebro y el exoesqueleto. Creo que sí, que la técnica podrá ayudar a mucha gente con estos problemas.

-La relación entre el hombre y la máquina siempre ha mezclado fascinación y repulsa. Ahora hay un nuevo ludismo, un temor a que los aparatos nos quiten el trabajo.

-Las máquinas nos han facilitado la vida increíblemente. El día que hagan una máquina que limpie la casa, yo seré feliz. La tecnología está generando otros tipos de trabajos que, estimo, son más agradables e interesantes que los que destruye. En cualquier caso, creo que el desarrollo tecnológico es inevitable. Intente quitarle ahora el móvil a la gente...

-Una de las cosas en las que también ha trabajado es en terremotos...

-Lo que he trabajado mucho es en vibraciones mecánicas y en cómo afectan a los sistemas. Hoy en día tenemos diseños bastante efectivos en este sentido, lo cual no significa que no llegue un terremoto que supere la capacidad de resistencia de un determinado diseño.

-Con la crisis se recortó de forma suicida el dinero público dedicado a la investigación

-Sí, la Junta de Andalucía ha recortado mucho más que el Gobierno central. Esa es la verdad. Hace mucho que la administración autonómica no saca ayudas para proyectos de investigación. Además, en general, existe una excesiva burocracia...

-El científico Sebastián Chávez me comentó que dedicaba más tiempo a rellenar papeles que a investigar.

-Cierto. Además no nos dan medios para que tengamos a alguien que se encargue del papeleo.

"El desarrollo tecnológico es imparable. Intente ahora quitarle el móvil a la gente"

-¿Y la colaboración con la empresa privada?

-La Escuela de Ingenieros de Sevilla tiene una larga tradición de colaboración con las empresas de nuestro entorno. Ésta se articula, principalmente, a través de proyectos concretos de las empresas. El problema es que Andalucía no es una región muy industrial.

-Ahora dicen que el paro ha llegado también a los ingenieros, algo que antes era inconcebible.

-Más que paro, lo que se ha producido con la crisis es una bajada de sueldos importante. Antes un estudiante acababa la carrera y se ponía a trabajar por un buen sueldo; ahora lo hace de becario o, como mucho, con un sueldo muy bajo y trabajando muchísimas horas. Además, como está ocurriendo con otras profesiones, muchísima gente se está yendo fuera de España para trabajar.

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