Emilio gómez Piñol. Catedrático jubilado de historia del arte hispanoamericano

"Los soportales son una gran creación de los españoles como espacios de sociabilidad"

  • Investigador, profesor y divulgador, es una de las vacas sagradas de la escuela sevillana de historiadores del arte, con estudios dedicados a la creación artística en España y América

Emilio Gómez Piñol, durante un momento de la entrevista, en el Círculo de Labradores. Emilio Gómez Piñol, durante un momento de la entrevista, en el Círculo de Labradores.

Emilio Gómez Piñol, durante un momento de la entrevista, en el Círculo de Labradores. / Belén Vargas

Emilo Gómez Piñol (Sevilla, 1940) acaba de llegar de un viaje por el sur de Alemania con la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes, de la que actualmente es vicepresidente. "Allí hay mucho y buen barroco. Al igual que los andaluces, tienen una gran devoción mariana". Este catedrático de Arte Hispanoamericano jubilado ha sido uno de los continuadores de la tradición americanista sevillana, con estudios como Las artes plásticas en Centroamérica y el Caribe (Akal, 1991). Pero también ha dedicado tiempo y esfuerzo al arte andaluz -tan íntimamente ligado al del otro lado del charco- o al de Murcia, de cuya Universidad fue profesor en sus años de juventud. Obras como Jacobo Florentino y la obra de talla de la Sacristía de la Catedral de Murcia o La Iglesia Colegial del Salvador: arte y sociedad en Sevilla (siglos XIII al XIX) así lo atestiguan. Como comisario y organizador de exposiciones destaca su trabajo realizado con el escultor murciano Francisco Salzillo, uno de los grandes del barroco español, o su participación en la que se celebró en Sevilla por el tercer centenario de la muerte de Murillo. Ha colaborado intensamente con el Gobierno, la Unesco y la OEA en la difusión del arte español.

-Estamos en el Círculo de Labradores, junto a un patio que es toda una joya de la arquitectura barroca sevillana.

-En efecto, es un patio magnífico del siglo XVIII, que pertenecía al antiguo Convento de San Acacio, de los agustinos. Sus autores son Leonardo Figueroa y, probablemente, sus hijos. El público lo puede visitar una vez a la semana, porque es un Bien de Interés Cultural. Tiene una gran riqueza ornamental y una gran personalidad. Se parece al ya derribado del antiguo convento de San Pablo, del cual se conservan fotografías antiguas en el Laboratorio de Arte de la Universidad de Sevilla. Destacan las pilastras salomónicas, que tienen un origen italiano.

"La Cátedra de Arte Hispanoamericano de Sevilla la creó Angulo con motivo de la Exposición del 29"

-Usted es especialista en arte hispanoamericano.

-La cátedra de Arte Hispanoamericano de la Universidad de Sevilla, de la que yo fui titular, la fundó don Diego Angulo con motivo de la Exposición del 29. El hispanoamericano es un arte muy rico que, curiosamente, en la actualidad, se estudia muchísimo por los historiadores norteamericanos, aunque también hay buenos investigadores aquí.

-El barroco americano es, sencillamente, fabuloso.

-Es una modalidad de barroco que se caracteriza, sobre todo, por la influencia de un pueblo al que gusta la riqueza ornamental. De hecho, a algunos grandes historiadores del Arte siempre les ha parecido demasiado popular. Al principio hubo una gran influencia del mudéjar, también con una profusión de elementos de decoración de yeserías, artesonados... Eso es barato, porque en América hay mucha y buena madera. Es un mudéjar que, lógicamente, no puede tener la calidad del que se hizo en Sevilla o Granada, pero que tiene una gran originalidad.

-La influencia andaluza es evidente.

-Claro. En América encuentras obras de Zurbarán, Martínez Montañés, Murillo... En este sentido hay que tener en cuenta el peso en América de las órdenes religiosas (franciscanos, jesuitas, dominicos...), ya que estas concentraban en Sevilla a sus misioneros que iban a cruzar el Atlántico en las flotas que se organizaban en la ciudad. Estos religiosos pasaban meses esperando y preparándose para su misión y se impregnaban del arte andaluz. Por ejemplo, la influencia de la escuela sevillana en los crucificados es decisiva en los tipos escultóricos, pero enseguida se producirán modificaciones...

-¿Cómo cuales?

-En México, por ejemplo, la representación de estas imágenes es más sanguinolenta. El hecho de que eran culturas que habían vivido muy de cerca los sacrificios humanos no es casual en esta cuestión. Por cierto, estas imágenes se hacen de un material que luego sería muy atractivo para los artistas de la península, una pasta hecha con las hojas del nopal que daba una gran ligereza a las efigies. Nosotros tenemos algunos cristos de este material en Santa Paula o el Socorro. Debido a su poco peso, facilitaba mucho que las monjas lo pudiesen llevar en procesión.

Emilio Gómez Piñol Emilio Gómez Piñol

Emilio Gómez Piñol

-Las procesiones... Hay una gran afición en América y España.

-En general, en América gustaba mucho el arte a cielo abierto, herencia de las anteriores religiones indígenas. Para los aztecas lo religioso se relacionaba con la naturaleza, nada de iglesias cerradas. Las órdenes religiosas utilizan con un gran inteligencia las procesiones, el movimiento. También el uso de las capillas posas.

-¿Capillas posas?

-Posa de posar, pararse. Le explico. Cuando sale la Virgen de los Reyes, ¿qué hace? Le da la vuelta a la Catedral, se detiene en los cuatro ángulos y gira 360 grados para que la vea todo el mundo. En las esquinas de los claustros de los conventos franciscanos se ponían también cuatro capillas posas donde se detenían las procesiones. Los misioneros también se dieron cuenta de que a los indígenas les gustaba mucho la música en el exterior, por lo que fomentaron ese tipo de religiosidad.

-Igual que los andaluces...

-Es cierto. El gusto por las peregrinaciones y romerías enganchó muy bien con las culturas americanas.

-Son muchas las influencias, también en la arquitectura...

-Sí, por ejemplo, los soportales, que son uno de los elementos más típicos de las grandes capitales como México, Lima, Cuzco. Eran lugares que, además de servir para resguardarse de las inclemencias meteorológicas, servían para el comercio. Como decía el gran arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright, los soportales son una gran creación de los españoles como espacio de sociabilidad.

-En Sevilla, pese al sol y el calor, quedan pocos, han ido desapareciendo...

-Sí, había unos muy amplios en la Plaza de San Francisco, de los que apenas queda un trozo donde ahora hay unos barecillos. También en la Plaza del Pan, donde como su nombre indica se vendía este alimento. Es curioso, se llegó a plantear el problema de que los panaderos no podían acudir a misa porque no podían dejar su mercancía sin vigilancia. Se solucionó construyendo una capilla abierta en el Salvador para que los comerciantes pudiesen escuchar misa desde sus puestos. En América hay también muchos ejemplos de estas capillas abiertas que todavía se conservan.

-¿Y alguno otro ejemplo en Sevilla?

-En la orilla de Triana, en la parte de la Casa de las Columnas que da a la calle Betis, porque allí estaba la gente haciendo labores propias de los marineros y pescadores: limpiando el barco, calafateando... Podían escuchar misa mientras tanto.

"En América gustaba mucho el arte a cielo abierto, herencia de las religiones indígenas"

-¿Qué rincón de Sevilla le parece más americano?

-Casi todo... Octavio Paz decía aquello de "América empieza en Sevilla".

-Pero escoja un lugar.

-Santa María la Blanca, un sitio pequeño, con los techos bajos y la densidad de las yeserías de los hermanos Borja... tiene el mismo sentido que muchos lugares de México. Los Terceros, también tiene unas buenas yeserías.

-Usted ha investigado mucho sobre la iglesia del Salvador. Sé que es una anécdota, pero me ha llamado la atención alguna reflexión suya sobre el ataque vikingo a este templo.

-Los musulmanes contaban que los normandos tiraron flechas de fuego al templo cuando conquistaron Sevilla en la Edad Media y que el templo no se incendió, pese a tener los techos de madera, por un milagro. Eso demuestra el cariño y respeto que le tenían a la que fue durante muchos años la Mezquita Aljama de Sevilla (es decir, el templo mayor). El problema fue que ésta se fue quedando pequeña y en la oración del viernes ya no se cabía. Cuando los almohades trasladaron la Aljama al sitio donde hoy está la Catedral se llevaron algunas piezas importantes para dar continuidad a ese cariño.

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