florencio zoido. Director del centro de estudios paisaje y territorio

"Los vertederos también son paisaje"

  • Es uno de los fundadores de la escuela andaluza de geógrafos y ha dedicado toda su carrera al estudio de la ordenación del territorio y a desarrollar estrategias para proteger el paisaje

Florencio Zoido, en las instalaciones del CEPT, durante un momento de la entrevista. Florencio Zoido, en las instalaciones del CEPT, durante un momento de la entrevista.

Florencio Zoido, en las instalaciones del CEPT, durante un momento de la entrevista. / fotoS: José ángel garcía

Florencio Zoido (Monesterio, Badajoz, 1947) es uno de los fundadores de la escuela andaluza de geógrafos, una de las más fructíferas de España en su disciplina. Aunque de origen extremeño, llegó a Sevilla con apenas 11 años, justo en el momento de comenzar sus estudios de Bachillerato, primero en la Academia Orad y luego en el Instituto San Isidoro. De sus orígenes rurales conserva una cierta desconfianza inicial en el trato, unas maneras educadas y tímidas y un sentido común que se pone de manifiesto durante toda la entrevista. Llegó a la Geografía de la mano del que fuese su profesor en el Instituto de San Isidoro, José Muñoz Pérez, y ha dedicado gran parte de su carrera al estudio de la ordenación del territorio y el paisaje, materias en las que, pese a lo que se ha avanzado en España, aún queda mucho por hacer. Catedrático de la Universidad de Sevilla jubilado con numerosas publicaciones en su haber, en la actualidad es el director del Centro de Estudios Paisaje y Territorio (CEPT), creado en 2005 por la Junta de Andalucía y las universidades de Sevilla, Granada, Málaga, Córdoba, Cádiz, Almería, Huelva, Jaén, Internacional de Andalucía y Pablo de Olavide.

-Ústed es una de las autoridades andaluzas en las cuestiones relacionadas con el paisaje.

-Me he dedicado a la ordenación del territorio y al paisaje. Es decir, el paisaje como un concepto que ayuda a un mejor orden territorial, a una mejor disposición de las cosas en el espacio.

-¿Por qué nuestra obsesión por ordenar el territorio?

-El orden forma parte de la racionalidad. Todos necesitamos la claridad del espacio en el que vivimos; no nos encontrarnos bien en los lugares desordenados. De hecho, una parte importante del proceso educativo es enseñar al niño a ordenar su cuarto o a poner la mesa de forma simétrica. Quien se encarga de lo público debe asegurar una base territorial en la que se desenvuelva luego la actividad privada, crear una estructura en la que luego se pueda desarrollar la creatividad y la libertad. El espacio no es infinito y hay que saber cómo se usa mejor. Igual que somos personas en el tiempo somos personas en el espacio.

-¿Cuáles son los primeros indicios arqueológicos del hombre ordenando el territorio?

-Tuvo que haber intentos desde los tiempos más remotos. Recientemente, hicimos un trabajo para la declaración de los Dólmenes de Antequera como Patrimonio Mundial. Estamos hablando de hace 5.000 años y ya se detecta una clara voluntad de los constructores de relacionarse con el entorno, hasta en los aspectos más simbólicos. Que haya una relación productiva con el entorno para comer lo entiende cualquiera, es algo inmediato; pero que ésta sea de carácter simbólico y que tenga en cuenta los solsticios... eso es algo muy elaborado que existe desde hace mucho tiempo. La relación del hombre con el espacio donde actúa es insoslayable.

"Una de las maneras de frenar los incendios en las dehesas es que el ganado vuelva al campo"

-Muchos hemos visto desaparecer, transformarse o degradarse paisajes que eran importantes en nuestra vida... No sé si es su caso.

-Sí, claro. Al haber nacido en Extremadura, mi paisaje indentitario es la dehesa, a la que yo acudía constantemente. Sin embargo, hoy es muy difícil que se conserven como antes. En primer lugar, porque antes se sembraban cada seis o siete años de cebada o trigo, con lo cual se mantenían limpias. Después venía el ganado: las vacas, los cerdos, las cabras... todos esos animales comían en ese espacio. Sin embargo, hoy las dehesas están abandonadas y apenas se mantienen las actividades que hacían que fuesen un bosque aclarado. De esta manera se llenan de matorrales, se ensucian, aumentando la posibilidad de incendios que son imparables. Una de las posibles soluciones para frenar los incendios es que vuelva el ganado al campo. Ahora, con el cambio climático, hay un problema añadido: la enfermedad de la seca. Los árboles se están secando porque se pudren las raíces y no sabemos muy bien a qué se debe.

-¿Hay algún tipo de estudio de cómo afecta al hombre la destrucción del paisaje?

-Desde hace bastante tiempo hay una corriente que se llama del paisaje terapéutico. Defiende que hay una unión entre un buen paisaje y la buena salud, y viceversa. Es una tradición que tiene ya varios siglos. Piense que los balnearios, que se empezaron a construir en el XVIII, estaban en lugares especialmente hermosos o que los romanos crearon aquello que llamaban el locus amoenus (lugar ameno o idílico). En Norteamérica hay hasta una escuela que pinta grandes paisajes para exponerse en sitios públicos, porque dan serenidad a la gente. Ese pintar la naturaleza estuvo muy vinculado al nacimiento en EEUU de los parques nacionales.

-La relación entre pintura y paisaje es muy importante.

-Como escribió Caro Baroja, el paisaje lo crearon los santos, los pintores y los poetas. Concretamente, san Francisco de Asís, el Giotto y Petrarca. La aportación de los pintores es importantísima. El paisaje aparece al principio como fondo pero, poco a poco, la figura humana se va reduciendo y el escenario va creciendo.

"En España se pueden hacer rutas de 250 kilómetros sin salir de un polígono industrial"

-¿Y los científicos?

-Ya en el siglo XVIII, Humboldt escribe textos muy descriptivos de la naturaleza en los que se ponen de manifiesto sus aspectos estéticos. Posteriormente, debido a la destrucción de la naturaleza, el paisaje se ha convertido en un tema social.

-La preocupación ha sido continua desde que la Revolución Industrial comenzase sus estragos en el paisaje.

-Sí, por eso un organismo como el Consejo de Europa tomó la iniciativa de hacer en 2000 un Convenio Europeo del Paisaje, que es con el que trabajamos en la actualidad.

-¿Y qué establece este convenio?

-Que todo el territorio es paisaje y que todo paisaje debe tener la suficiente calidad ecológica, funcional y estética o escénica. Es decir, que el espacio donde vivimos debe ser sano, útil y bello. Entre otras cosas, esto significa que los vertederos también son paisaje, por lo que hay que preocuparse por ellos.

-¿Es posible sanear estos vertederos?

-Por ejemplo, en Alemania, con fondos europeos, se han saneado muchísimos terrenos altamente contaminados, sobre todo en las cuencas carboníferas de la antigua RDA. Hay que tener cuidado con esos lugares, porque traen parejos muchos problemas, como la contaminación de los acuíferos. En general, las políticas ambientales están haciendo su papel y se ha conseguido mucho, como el control de los usos de los fertilizantes, pero quizás se ha trabajado bastante en la calidad ecológica y la funcional, pero se ha olvidado la escénica, que es la que la gente asocia con el paisaje... En España hay trayectos en los que no sales de un polígono industrial en 250 kilómetros.

Florencio Zoido, en un momento de la entrevista Florencio Zoido, en un momento de la entrevista

Florencio Zoido, en un momento de la entrevista

-Respecto al problema de la calidad estética de los paisajes hay una cierta hipocresía social. Todos queremos tener parajes bellos y salvajes, pero también infraestructuras de comunicación para desplazarnos rápida y cómodamente.

-No tiene que haber un conflicto irremediable en la relación entre economía y naturaleza. Todo es modulable y vamos aceptando límites. Por ejemplo, había que hacer la autovía Jerez-Los Barrios, atravesando el Parque Natural de los Alcornocales, porque no podíamos dejar un espacio de la importancia geoestratégica del Estrecho incomunicado. Ahora bien, había que hacerlo bien. De hecho, el primer proyecto era muy duro y se mejoró considerablemente, entre otras cosas para respetar paisajes como La Montera del Torero y los bosques de canuto. Actualmente, España está en una dinámica de mejora clara en estas cuestiones, pero nos es muy fácil dar pasos atrás, tenemos pocos cimientos.

-¿Algún ejemplo?

-La ocupación de algunos sectores costeros. Se ha tardado mucho tiempo en hacer el Plan de Protección del Litoral y ahora está suspendido por los tribunales.

-Pondré un ejemplo de lo que yo creo que es un paso atrás. El centro de interpretación de las ruinas de Baelo Claudia.

-Está fuera de escala. En Bolonia todo es pequeño y el centro no lo es. Tiene un excesivo protagonismo. Sin embargo, el centro de recepción de Medina Azahara apenas se nota. Es fantástico.

"Écija, Carmona, Guadix... son ciudades pequeñas como lo son Ferrara o Rímini en Italia"

-Uno de los argumentos de la Unión Europea para la defensa de la agricultura es su valor paisajístico.

-La Política Agraria Común (PAC), que llegó a ser el 50% del presupuesto comunitario, ha sido fundamental en la reconstrucción de Europa y, entre otras cosas, salvó a la Francia rural. En el caso de Andalucía, gracias a la PAC y otras subvenciones europeas han vuelto los equipamientos sociales a los pueblos. Recordemos que Andalucía tenía un importante elenco de ciudades medias que, por la decadencia de España, terminaron siendo grandes pueblos. Sin embargo, con el regreso de estos servicios públicos han vuelto a convertirse en ciudades. Estoy hablando de Écija, Carmona, Guadix... son ciudades pequeñas como lo son Ferrara o Rímini, de las que nunca se ha dudado de su condición urbana. Los niveles de vida en el medio rural han mejorado muchísimo y ha desaparecido la dualidad tan fuerte que había entre el campo y la ciudad. Hoy la gente de ciudad consume medio rural y viceversa.

-Han sido muchos los que se han beneficiado de estas ayudas.

-Sí y lo importante es que los que se benefician sean conscientes de que estos recursos públicos tienen que revertir a todos. Por ejemplo, mejorando el paisaje: haciéndolo más asequible, separando las fincas con setos vegetales, plantando más árboles en las fincas. Es fundamental que cada vez metamos más el paisaje en las cuestiones agrarias, entre otras cosas porque la agricultura supone el 80% o el 90% del territorio. Si no cuidamos estos sitios, hay muchos elementos de la calidad general que se van a venir abajo. Tenemos la obligación moral de cuidar la naturaleza. Como plantea el papa Francisco en una encíclica, hay que pasar de la idea tradicional del dominio de la naturaleza a la del cuidado de la misma.

-Veamos algunos problemas concretos. Las afueras de las ciudades, por ejemplo. Son realmente feas.

-Ya comenté antes que en España se pueden hacer rutas de cientos de kilómetros sin salir de un polígono industrial. Los bordes de las carreteras se han llenado de publicidades, fábricas, almacenes... También están las áreas metropolitanas, que son la gran asignatura pendiente del orden territorial en España. El crecimiento de estos espacios ha sido rapidísimo y no ha habido control suficiente. Nos encontramos con espacios con muchas carencias, surgidos sin un orden general. Pero no podemos darlos por perdidos y hay que enfrentarse a ellos. Cuando uno recorre a pie la cornisa del Aljarafe se da cuenta de que sigue habiendo multitud de oportunidades de acción: un barranco con vegetación natural, una edificación antigua, un camino rural, una infraestructura hidráulica, un terrero protegido para desarrollar un parque... En la cuestión paisajística, lo importante en las áreas metropolitanas sería saber tres cosas: qué estructuras territoriales antiguas -caminos o parcelarios agrícolas, etcétera- han sido destrozadas; qué subsiste y conviene reconstruir; y qué damos por perdido. El espacio metropolitano se ha fragmentado, se ha roto por un potente proceso de urbanización, pero, insisto, quedan cosas. Hay que establecer prioridades de actuación para irle dando calidad de vida a la gente, abordar los problemas con decisión.

"Virgen de Luján es un ejemplo de libro de cómo afecta la vegetación o su falta en la calidad paisajística de las urbes"

-Hablemos del litoral, el gran apocalipsis del paisaje andaluz.

-Con el Plan de Protección del Litoral suspendido por los tribunales, la prioridad sería que volviese su vigencia. Los espacios litorales turísticos, algunos de ellos con 70 años de vida, necesitan una recualificación, porque el turismo es cada vez más exigente y a todos nos conviene que nuestra oferta no sea la más deleznable. En este tema hay mucho que hacer desde el punto de vista paisajístico.

-¿Y cómo afecta a estas cuestiones el cambio climático?

-Está claro que hay que arbolar más y mejor la ciudad. Gracias a que hubo una persona con mucho criterio que ya se ha jubilado, José Elías, Sevilla tiene en la actualidad una gran vegetación, pero queda aún mucho por hacer. Las zonas más antiguas y pobres están peor arboladas que otras.

-Se han hecho verdaderas barbaridades, como las obras en Virgen de Luján.

-Es curioso, porque los dos extremos de la calle conservan sus árboles y son fantásticos, pero el sitio donde está el parking es un auténtico turradero, ha perdido toda la calidad. Es un ejemplo de libro de cómo interviene la vegetación o su falta en la calidad paisajística de la ciudad. Hay que insistir muchísimo en que se mantengan las políticas de vegetación, que se estudien bien las especies que se plantan, que se haga el mantenimiento apropiado... Si yo fuese candidato a la Alcaldía llevaría en mi programa la propuesta de bajar un grado la temperatura media de la ciudad en diez años.

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