LA NUEVA DIRECCIÓN DEL PARTIDO POPULAR

Arenas, más campeón que nunca

  • El presidente del PP andaluz se convierte en el nuevo ‘hombre fuerte’ de Rajoy y objetivo prioritario de los críticos

En un garito de la playa de la Malvarrosa, bajo un decorado de cartón piedra de inspiración budista y un lunazo de Valencia, uno de los ángeles caídos de Rajoy se confesaba con unos plumillas a altas horas de la madrugada. Sonaba 'chill out' y a pocos metros el vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, celebraba por tierra, mar y aire la victoria de Ruiz Gallardón frente a Esperanza Aguirre en el XVI Congreso Nacional del PP, rodeado de más periodistas.

Arenas es el hombre fuerte. Manda tanto que cuando quiera, puede dejar caer a Mariano Rajoy”, dijo el ex dirigente popular caído en desgracia.

Efectivamente, Arenas ha salido de Valencia más campeón que nunca. Se le notaba: ha estado más bromista, ha canturreado minutos antes de una rueda de prensa, ha repartido saludos a diestro y siniestro y ha quedado con casi todo aquél que se acercó a felicitarle por ser el nuevo hombre fuerte de Rajoy. Hasta se ha relajado más de la cuenta en esa afición tan suya por controlar hasta el más mínimo detalle la relación con los medios.

Y no era para menos, tras la 'dulce derrota' del 9-M, el presidente del PP andaluz estuvo en el núcleo duro de las baronías –junto al presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, y el máximo dirigente del PP gallego, Alberto Núñez Feijoo, entre los más destacados– que convenció a Rajoy para que continuara al frente del PP y para que llevara a cabo un proceso de renovación interno que facilitara el giro hacia al centro político propuesto por los ideólogos populares Pedro Arriola y José María Lasalle.

En opinión de algunos miembros de la nueva dirección, el giro al centro permitirá al PP acercarse el techo de los 12 millones de votos en 2012 gracias un eventual crecimiento electoral en comunidades como Andalucía, el País Vasco y Cataluña, principalmente. Con este avance, Arenas sería uno de los principales beneficiarios de esta deriva moderada y su asalto al palacio de San Telmo sería posible.

Por eso, durante la inestable etapa precongresual, el primer dirigente de los populares andaluces se convirtió de nuevo en el máximo valedor del liderazgo de Rajoy. Cuando arreciaron las críticas internas, sobre todo a raíz de la espantada de María San Gil (y dimisión posterior de José Antonio Ortega Lara) y de las protestas frente a la sede nacional en la calle Génova, el líder del PP buscó refugio en actos públicos organizados por Arenas y los suyos en Andalucía. Los casi 500 compromisarios que llevaría Arenas a Valencia representaban casi el 20% del total del plenario, “un suelo orgánico imbatible”, a juicio de un colaborador del ex vicepresidente del Gobierno.

Así las cosas, Rajoy agradeció los apoyos y le ofreció a Arenas la secretaría general, un cargo que había ostentado con éxito bajo la presidencia de José María Aznar. El líder conservador andaluz la rechazó por considerar que no era compatible con el trabajo que estaba llevando a cabo en Andalucía para intentar derrotar al PSOE en las elecciones autonómicas en 2012.

Sin embargo, una vez que Rajoy encajó su negativa, Arenas aceptó la vicesecretaría de Política Autonómica y Local y dio su visto bueno para que María Dolores de Cospedal, una persona de su confianza –trabajó con ella en el Ministerio de Trabajo– pero con buenas relaciones con Esperanza Aguirre, se convirtiera en la número dos del partido. Además, favoreció la inclusión de Ana Mato, otra mujer de su entera órbita, como vicesecretaria general de Organización, cargo que ocupó igualmente cuando Arenas fue número dos con Aznar.

Aunque en maitines estará sólo, Arenas logró incluir en núcleo duro del Comité Ejecutivo Nacional al diputado malagueño Juan Manuel Moreno como coordinador de Política Autonómica y Local, y como secretario de esta misma área al diputado almeriense Juan José Matarí, dos de sus más leales. Además, sumó en el haber del PP andaluz a Cristóbal Montoro, coordinador de Economía, y a Miguel Arias Cañete, presidente del Comité Electoral Nacional, andaluces que en las elecciones de 2008 comparecieron, sin embargo, en la candidatura de Madrid al Congreso de los Diputados.

Además, en el Comité Ejecutivo Nacional, Arenas metió como vocales al secretario general de los populares andaluces, Antonio Sanz; a la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez; al europarlamentario Gerardo Galeote; a la ex alcaldesa de Jerez, María José García Pelayo; a la primera edil de Marbella, Ángeles Muñoz; a la secretaria cuarta del Congreso y ex ministra de Sanidad, Celia Villalobos, y al ex delegado del Gobierno en Andalucía, Juan Ignacio Zoido. Asimismo, añadió al diputado malagueño Ángel González, que entró como secretario general de Nuevas Generaciones de España.

Arenas hizo un balance victorioso desde que puso un pie en la Feria de Valencia. El viernes por la mañana anunció más calidad y cantidad en la representación andaluza en la dirección del PP. Por noche adelantó los nombres que le acompañarían en su vicesecretaría: Juan Manuel Moreno y Juan José Matarí, y vaticinó que al menos once miembros del PP andaluz entrarían en la Comisión Ejecutiva Nacional. El sábado dijo la lista íntegra, con los auténticos y los postizos: trece (doce más uno), cuatro más que en la anterior, y destacó la importancia que el PP andaluz adquiriría en la dirección nacional de los populares.

Sin restar mérito a Arenas, la verdad es que Montoro y Arias Cañete difícilmente pueden formar parte de la cuota andaluza, así como Ángel González. El jiennense y el jerezano han sido designados directamente por Rajoy: el primero para ocupar la secretaría de Economía, huérfana de un especialista desde 2004, y el segundo, tras haber sido fundamental en el proceso de negociación interna en las tres comisiones que han alumbrado el nuevo PP de Rajoy. Y el malagueño es nato por su cargo en Nuevas Generaciones.

Sin embargo, la relevancia obtenida por Arenas en Valencia lo ha situado en el punto de mira, más si cabe, de los críticos y de las asociaciones y de los medios afines. Así, la Asociación de Víctimas de Terrorismo (AVT) le pidió el martes que rectificara unas manifestaciones previas en las que el presidente del PP andaluz aseguraba que el 11-M no preocupaba ya a los españoles. Y a los sectores más conservadores del PP no les ha hecho ni pisca de gracia tampoco que anunciara que la ultraderecha no tendría cabida en el PP.

Antes, Aznar, en las cenas íntimas que celebró con sus más leales –Acebes y compañía– desde que aterrizó en un jetprivado de un empresario gualtemalteco, ha elogiado bajo otro lunazo de Valencia la capacidad de Arenas para propiciar la renovación de todos menos la suya.

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