Adiós a 400 años de historia

  • La fábrica de tabacos sevillana vive la última jornada laboral de su historia · El día sirvió para el reencuentro de antiguos empleados de la empresa

Esta vez es definitivo. No se trata de una inocentada propia de un día como el de ayer. Altadis, la multinacional tabaquera propietaria de la planta de Los Remedios, se va. Carmen echó su último cigarro. Como ella, sus sucesoras: Fernanda, Isabel, Loli, Rocío. Sólo queda retirar chatarra de la antigua fábrica y los muebles de las oficinas. Oficialmente, los contratos de los últimos trabajadores expiran el 31 de diciembre, pero ayer fue la última jornada laboral. Y también fue un día emotivo y de reencuentro para decenas de ex trabajadores de la fábrica. "400 años de historia, 400 años de historia", era la frase que pronunciaban las últimas cigarreras mientras posaban ante las cámaras. Todo comenzó un remoto 1620 cerca de la iglesia de San Pedro.

Bisnieta y nieta de cigarreras, Concepción Gómez ha trabajado 34 años en la fábrica. Su último empleo fue el control de calidad del tabaco. Ayer aparcaba su coche por última vez en el parking de la parcela y de él sacaba un recorte de prensa con la foto en sepia de las compañeras de su bisabuela, fechada en 1887. "Ella ya pertenecía a un sindicato, al Nicot. No sé qué habrá hecho la empresa con la bandera". Entonces trabajaban 6.625 mujeres. "Es un momento triste. Yo me prejubilé en octubre de 2005 y he venido a ver a mis antiguas compañeras. El ambiente era muy bueno, éramos como una gran familia".

Como Concepción, varias decenas de ex empleadas de la planta tabaquera más antigua del mundo se reúnen en la explanada situada entre la capilla de las Cigarreras y el edificio central de Altadis. El ambiente es triste. "No llores, María", dice una compañera a otra, a la que abraza cruzando el umbral de las instalaciones. A unos metros de allí, con la puerta abierta de par en par, se apreciaban los restos de chatarra de la antigua maquinaria.

Fernanda Portela, pese a todo, pese a que lucha porque las lágrimas no le estropeen el maquillaje, pese a que reconoce que el día es muy triste, no pierde la sonrisa. "Llevo una vida entera aquí, 31 años en la empresa. Nos queda un sentimiento de vacío muy grande. Aunque hemos venido a vernos todas, no queremos que esto sea una fiesta". Son una misma generación de mujeres, que acaba de superar la cincuentena. Madres del baby boom, se incorporaron a Tabacalera al comienzo de la Transición. Son las últimas cigarreras. La mayoría se acogió al plan de prejubilación lanzado por la empresa a finales de 2005.

Pero no sólo de mujeres vivió Altadis. Héctor López, 47 años, presidente del comité de empresa de la compañía, y Paco Angulo, de 48 y secretario, han seguido vidas paralelas en el seno de la factoría. Su futuro está ahora en la planta gaditana. Ambos entraron en 1984 y, por edad, seguirán ligados a la empresa. "El cierre de la fábrica no es motivo para conmemorar nada, pero se ha producido esta concentración espontánea", explica López. "Pero tenemos claro que hemos cosechado un fracaso colectivo, pese al apoyo de la ciudad y las instituciones".

"Quise que mi hijo siguiera aquí, como su abuela y su padre", confiesa Angulo, quien no oculta su malestar con la empresa. "No se ha portado bien con los trabajadores. A mí me mantienen el salario, pero no conservo mi categoría profesional". El presidente del comité lanza otra reivindicación: "No olvidamos que la Junta pactó con Altadis la creación de un centro logístico de la empresa en Alcalá de Guadaíra del que no se ha puesto ni una piedra".

El cierre definitivo de Altadis ha sido una larga agonía. Los últimos cigarrillos se fabricaron en octubre de 2005 y desde ese momento el personal adscrito que aún permanecía vinculado a la planta sevillana estaba dedicado por entero al desmantelamiento de las instalaciones y la recogida de materiales. "Por razones de seguridad, no nos dejaban ni entrar en la fábrica", comenta Isabel Morillo, que estuvo 31 años al servicio de la empresa y que ayer volvió a la calle Juan Sebastián Elcano para despedirse de su casa. En 2005, 110 trabajadores se acogieron a la prejubilación pactada y en diciembre de este año otros 73 hicieron lo propio.

Los últimos de las Filipinas de Altadis no han rebasado la veintena de efectivos. Treinta y tantas incluyendo a la dirección. Dieciocho se ha acogido a una baja indemnizada y cinco marcharán a la planta de la multinacional en Cádiz.

Testigo privilegiado de la intrahistoria de la compañía ha sido Antonio Cuder, propietario del bar Toro. "Conozco la fábrica desde hace 42 años, cuando entré con 12 años a trabajar aquí. La he visto cuando trabajaban más de mil empleados y cuando se produjo la reconversión. Han dejado que la fábrica de tabacos más antigua del mundo se muera".

Cuder, que ha servido desayunos a centenares de empleados de la antigua Tabacalera, destaca el buen ambiente que siempre existió entre ellos. "Fue muy importante que las mujeres, que en un tiempo eran el 70 por ciento del personal, llevaran los pantalones de todo lo que pasaba". Cuder asegura que conoce el destino del material de la factoría sevillana. "Altadis ha enviado la máquina de la segunda planta a Polonia, la de la primera a Casablanca y la de la baja se la llevó una cuadrilla israelí a Tel-Aviv".

La despedida se hizo en dos actos. Los trabajadores dijeron adiós a la fábrica en turnos de mañana y tarde. El telón se echó finalmente a las siete de la tarde. A partir de ahora, seis vigilantes de seguridad velarán por la seguridad de las instalaciones. "La empresa teme que los cien rumanos que hay en la franja del río pegada a la parcela se metan aquí dentro", comenta un antiguo empleado.

El futuro de los terrenos es incierto. Son 40.000 metros cuadrados cuyo uso aún no han decidido el Ayuntamiento y la multinacional hispano-francesa. Por lo pronto, el Consistorio ya blindó los suelos al calificarlos de uso industrial singular, con vistas a evitar la especulación. "Torrijos y el alcalde nos prometieron que no habría lucro con la pérdida de puestos de trabajo de vecinos de Sevilla", recuerda Angulo, que porta en el bolsillo de su pantalón una vieja llave simbólica. "Yo soy el encargado de cerrar y me la llevo". Los únicos que podrán entrar a partir de ahora en el recinto son los miembros de la junta de la Hermandad de las Cigarreras, cuyo futuro próximo en Los Remedios está garantizado.

La fábrica de tabacos ya es historia de Sevilla. El acento francés de Altadis no se acordó ni de Bizet ni de Merimée. Entretanto, las acciones de la compañía se revalorizan al final del año casi treinta puntos en el parqué madrileño. "Si nos hubieran prejubilado a nosotras pero hubieran mantenido la producción con gente joven, a mí me daría igual. Pero Sevilla ha perdido una referencia histórica y muchos puestos de trabajo", comenta Concepción Gómez, mientras enseña la foto en sepia de su abuela y sus compañeras de oficio en la antigua fábrica de tabacos real sita en la calle San Fernando. Es el último cigarrillo de Carmen.

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