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El Álamo, el Alamein, la Alameda

  • Paisaje. La Alameda de Hércules recoge una exposición sobre la presencia de espacios ajardinados en España y en América, promociones cortesanas con soluciones ecológicas.

La exposición en la Alameda. La exposición en la Alameda.

La exposición en la Alameda. / Belén Vargas

Pocos árboles se han incorporado con tanta fuerza al urbanismo de las ciudades como el álamo. La Alameda de Hércules es un espacio donde se abrazan la historia y el futuro. Los dos nombres que el presente le da a sus dos principales quehaceres.

La Alameda en España y América es el nombre de la exposición que se inauguró ayer. Dos tarjetas de presentación: un cuadro de autor anónimo, 1647, de la Alameda de Hércules de Sevilla que forma parte de la Hispanic Society de Nueva York. La otra, una foto del archivo de Sánchez del Pando con la Alameda llena de sombreros en el entierro de Joselito el Gallo en 1920.

La Alameda ha sido Álamo y Alamein, escenario de batallas pretéritas -yonquis, proxenetas, gorrillas-, campo de prueba en la actualidad de contenciosos que afectan a toda la ciudad: botellona, veladores, cohabitación de peatones y ciclistas; y también espacio fallido de proyectos que no cuajaron: la boca del Metro, convertida en tanque de tormentas, o la cantinela del parking.

Madrid y Valladolid fueron las dos primeras ciudades españolas que contaron con una alameda. Una solución paisajística que parecía acompañar a ciudades que acogieron a la Corte. Francisco Zapata de Cisneros, diseñador de la alameda del Corregidor de Córdoba que se empezó en 1567, fue autor de la de Sevilla.

Hércules da nombre a la Alameda y comparte con Julio César el protagonismo mitológico de las estatuas que dan a Trajano. Las estatuas del semidiós y el emperador se remataron con rostros inspirados en Carlos V y Felipe II. Padre e hijo fueron dos reyes muy sensibles a este tipo de resolución. Hoy se diría de ellos que eran reyes ecologistas.

Felipe II promovió espacios ajardinados como la Fresneda de El Escorial o el Prado de los Jerónimos de Madrid y no se descarta su intervención en la génesis de la Alameda de Hércules. Ayer se celebraron elecciones en Holanda, el Flandes de antaño. Una de las imágenes refleja la alameda de Vijverberg de La Haya que mandó construir Carlos V tras una visita a la ciudad holandesa.

La alameda es una característica española y americana. Una idea que también cruzó el océano. En México, desde Puebla a Aguascalientes -donde un toro cogió a José Tomás-, las alameda empiezan a construirse veinte años después que la de Sevilla. Alamedas en México, Perú -la de Lima fue descrita por Flora Tristán-, Argentina, Colombia, Bolivia, Ecuador y Chile. "Sigan ustedes sabiendo que, mucho más tarde que temprano, se abrirán las grandes alamedas...". Palabras de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 antes de morir en el Palacio de la Moneda de Santiago sitiado por los esbirros de Augusto Pinochet.

La exposición la inauguró el edil Joaquín Castillo. Hay un mapa de todas las alamedas de España, textos de Antonio Collantes de Terán -usuario de la piscina de calle Crédito- y Vicente Lleó Cañal, estudioso de la Nueva Roma. Un guiño de la Alameda a su primo el Alamillo, presente con una fotografía y la presencia del primer director del parque, Adolfo Fernández Palomares. La exposición la han coordinado Florencio Zoido, Carmen Venegas, Antonio Ramírez e Irene García.

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