Archivan la causa de la joven con un 39% de capacidad pulmonar

  • El juez no aprecia delito pero la Seguridad Social ratifica que fue un accidente laboral

El juzgado de Instrucción número 5 de Sevilla ha archivado la denuncia que presentó Beatriz Vilches Silva, la joven que ha quedado con un 39 por ciento de capacidad pulmonar después de aspirar amoniaco industrial en la fábrica de pan donde trabajaba como amasadora, Fapanys.

La joven denunció a la empresa por un delito contra los derechos de los trabajadores, al estimar que en el accidente, que tuvo lugar el 26 de septiembre de 2006, se debió a la falta de medidas de seguridad de la empresa. El juez consideró que no había indicios de que se hubiera cometido ningún delito y sobreseyó provisionalmente las actuaciones tras recibir un informe de la Inspección de Trabajo en el que se argumentaba que la zona donde trabajaba Beatriz contaba con puertas blindadas y, por tanto, no se incumplieron las medidas de seguridad.

Los abogados Fátima García y Antonio Díaz, que representan a la trabajadora, han presentado un recurso de apelación ante la Audiencia de Sevilla, en el que argumentan que la habitación donde Beatriz Vilches desarrollaba su actividad laboral no estaba protegida de las fugas de amoniaco, puesto que las puertas blindadas eran abatibles y estaban siempre abiertas, al burlarse con cinta adhesiva las medidas de seguridad para que no se cerraran. La letrada explicó que todos los trabajadores son además testigos del "habitual olor a amoniaco" que había siempre en la zona de trabajo, por lo que Fátima García confía en que el tribunal revoque el archivo y ordene reabrir la investigación del siniestro.

Beatriz Vilches acaba de recibir una resolución de la Seguridad Social en la que se declara el carácter de "accidente de trabajo" la incapacidad temporal que padece y además declara la responsabilidad de la compañía Mutual Cyclops, que le atendió tras el suceso y le dio el alta médica el 8 de agosto, aunque la joven no está en condiciones de volver a trabajar. Esta misma empresa le envió hace unas semanas un burofax en el que le anunciaba la retirada del respirador al que Beatriz Vilches, de 23 años, tiene que conectarse cada ocho horas debido a las secuelas que le han quedado del accidente, que además le obliga a ingerir una decena de fármacos a diario. De momento, la compañía no le ha quitado el respirador.

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