Autores para el mejor anonimato

  • Visiones y pensamientos. 28 pintores y 25 escritores participan en una muestra para fomentar la donación de órganos, con el testimonio de tres artistas trasplantados.

ESCRIBIR y pintar son donaciones simbólicas que en esta ocasión se han salido de la metáfora y la alegoría para encarnarse en heterónimos de carne, hueso y alma. Un salto a la vida es el título del cuadro de un pintor trasplantado, Emilio Serrano Ortiz. Es la obra que da título a la exposición y figura en la portada de esta antológica mixta de 28 pintores y 25 escritores, una muestra solidaria que se puede contemplar hasta el 4 de abril en la Casa de la Provincia.

Aunque entre los organizadores figura la Asociación Andaluza de Trasplantados Hepáticos, la exposición Un salto a la vida pone de manifiesto la hegemonía artística de que goza el corazón, presente de forma explícita en cinco de las obras: el poema de María Sanz Vivir del corazón no es rentable y la Coplilla para un corazón que es dos de Pablo del Barco. Corazón que sigue latiendo en los poemas Hablemos del corazón, de Joaquín Márquez, El corazón y la cabeza, de Francisco Vélez Nieto, y Corazón Rojo, de Pablo García Baena. Versos del cordobés de Cántico que anoche se podían leer a escasos metros del salón de actos donde presentaba sus Memorias Teodulfo Lagunero, corazón rojo de mecenas comunista.

Donación es el título de la obra pictórica de Francisco Borrás a carbón y grafito para papel. La nómina de pintores la ha coordinado Emilio Díaz Cantelar; la de escritores, con abundancia de poetas, Rafael de Cózar, que aporta un caso práctico de una de las modalidades de trasplante menos conocida. ¡Can Xuf! ¡Can Xuf! (¡Veo! ¡Veo!) Es el título de un texto acompañado de la crónica periodística del alarde en el que Cózar rinde homenaje "al trasplante de córnea realizado a un cabileño por mi abuelo, el doctor José Sievert, en Tánger en 1917".

Además del autor del cuadro que adentra al visitante en la exposición, Emilio Serrano, hay otros dos artistas trasplantados: la pintora Enriqueta García-Junco, autora de un Bodegón con violetas, y el novelista e historiador Juan Eslava Galán, que centra en su propio testimonio su texto El amigo invisible. "El amigo invisible no es un juego. Desde que he recuperado mi libertad, me acompaña a todas partes".

La muestra de la Casa de la Provincia es una prolongación del Belén que la asociación de trasplantados organiza todas las Navidades en la iglesia de Santa Rosalía. Solidaridad de Cuaresma que llega hasta el Domingo de Resurrección. Tiempo de Cuaresma representado en la nómina de pintores por Juan A. Huguet, autor del cartel de Semana Santa del año pasado, y Concha Ybarra, que firmó el de fiestas primaverales de hace tres primaveras.

Vuelve Juan Valdés a la Casa de la Provincia, donante de sí mismo como auténtico superviviente de un milagro médico, y regresa a la sala donde expuso con una Cabra hispánica. El visitante puede contemplar también obras de Antonio Agudo, Francisco Cuadrado, Carmen Laffón, José Luis Mauri, Antonino Parrilla, Juan Romero, Joaquín Sáenz Cembrano, Manuel Sánchez Arcenegui, Isabel Sola, Justo García Girón, Teresa Duclos, Claudio Díaz González, Félix de Cárdenas, Cloweiller, Ignacio Cortés, Juan Francisco Cárceles, Lourdes Cabrera, María del Carmen Borrás, Enrique Acosta Naranjo, Antonio Gracia, Ramón Rizo y Antonio Maestre Vicario.

Los textos los firman además del quinteto cardiaco Juan Cobos Wilkins, Rosa Díaz, Emilio Durán, Manuel Jurado López, Juan Lamillar, Ángel Leiva, Alejandro Luque, Manuel Mantero ("¿La muerte? tú, desprecia / a quien hable de tumbas, llanto, olvido"), José Luis Ortiz Nuevo, José Antonio Ramírez Lozano, Rogelio Reyes, Andrés Sorel, Julia Uceda, José María Vaz de Soto (un soneto para donantes), Jesús Vigorra y Miguel Florián.

El corazón en los poetas. El río en los pintores: ribera del Guadaíra (Antonio Agudo), del Tormes (Lourdes Cabrera), música de órgano de Ayarra por aguas del Don, río ruso que es símbolo de donaciones que van a dar a la mar, que es el vivir. Se equivocó el poeta, se equivocaba. Junto al Guadaíra y al Tormes, trasvase de colores, el testimonio deTeodulfo Lagunero, que en la base de su amplísima nómina de oficios tuvo la de barquero del Pisuerga.

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