Metrópolis. San Benito

Del Ave, César al AVE ferroviario de Cruz y Ortiz

  • Interiores. El barrio debe su doble nombre a la Calzada romana que abrió Julio César y al cenobio benedictino. A todas sus historias les ha puesto voz, ay, alma y letra Pascual González, que tiene una calle con su nombre junto al antiguo cuartel

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Empieza con la globalización de los Cristos andinos y nórdicos, africanos y asiáticos, con el Baile de los demonios de Sicilia, las cazas de brujas de Escandinavia y las procesiones de incensarios de La Habana para aterrizar en su tierra, su barrio, su casa. "Y entre sueños inhumanos, mi padre cogió mi mano y al sentirla, desperté, / enséñame, padre, el camino, no me dejes ir contigo, que a casa quiero volver, / donde mi gente, tu gente, me espera, la música, mis poemas y la tierra de mi amor / en la que tengo sembrada, con semilla de Calzada, la flor de mi Encarnación".

Con este poema titulado Milagro empiezan Pascual González y Cantores de Híspalis el libro Cristo. Pasión y Esperanza. Pascual nace el 25 de septiembre de 1950 en el número 18 de la calle Mallén, en el cogollo de calles que forman el barrio de San Benito. su barrio de la Calzá. Acaba de llegar del logopeda y, como James Joyce en el Ulises, se dispone a repasar su vida en un día con el mejor de los pentagramas: las calles de su barrio, que debe su nombre a la Calzada romana que abrió Julio César cuando llegó a Sevilla el año 45 antes de Cristo. Muchos años después de Cristo, con San Fernando "vino a Sevilla el mundo entero, toda Europa, toda Alemania". Existía un cenobio benedictino, monjes que levantaron el monasterio de Santo Domingo de Silos que ocupaba prácticamente toda la extensión del barrio y que dejaron un curioso legado: la Virgen de Valvanera es patrona de La Rioja y del barrio de San Benito, como consta en la fachada de la iglesia de este nombre, "la catedral de mi barrio", que estalla en fiesta cada Martes Santo cuando el Cristo de Castillo Lastrucci se presenta ante su Pueblo... y ante Pilatos.

Queda la fachada del hotel Garaje Oriente que fue después cuartel de la Calzada

No hay mejor guía que Pascual González, vecino de su barrio hasta los veinte años, edad con la que dejó su trabajo de maestro de escuela, cogió una guitarra y se fue a la aventura hasta Dinamarca. Prófugo de la mili, regresó para hacerla en la Marina.

Junto a la residencia de las Hermanitas de los Pobres se unen más voces. Carlos Morán nació en el número 41 de la calle Oriente, hoy Luis Montoto. Se casó en 1969 con Adoración, Dori para los suyos. Es hermano mayor de la hermandad de gloria de la Valvanera, de la que antes lo fue su mujer "cuando sólo se admitían mujeres". Morán fue capataz durante cuatro décadas del paso de Cristo de San Benito.

La Avenida de la Buhaira o la estación de Santa Justa le han dado un vuelco a la fisonomía del barrio, pero en las ciudades, como en las personas, cuando el cuerpo se va, queda el alma. "La avenida de la Buhaira no existía. Era una pequeña calle que terminaba en una frutería, una carbonería y el bar Yola". Al otro lado estaba la frutería de Juan Diego García, que la heredó de su padre, conocido como el Rubio, un vizcaíno de Balmaseda que se vino a Sevilla antes de la guerra, mantuvo su afición al Athletic y fundó un equipo de fútbol llamado la Estrella de la Calzada.

El frutero conserva la báscula para pesar las papas en la que se sentaba a escribir Pascual González sus incipientes poemas. El tío del frutero da para tres novelas de Almudena Grandes. "El hermano de mi padre había sido comandante del Ejército republicano. Pierde la guerra y mi padre tira de él. Un comandante de la Legión que había sido padrino de boda de mi padre lo trae a Sevilla vestido de legionario. Se cambió el nombre y abrió una frutería en el Tiro de Línea, en los Teatinos".

En la iglesia de San Benito está la sexta estación del antiguo Via Crucis que iba de la Casa Pilatos al humilladero de la Cruz del Campo. Pascual intercambia con Carlos Morán información sobre el viaje que ambos han hecho a Tierra Santa. "Carlos Herrera ha escrito que yo hice ese viaje con el dedito". Cada vez que habla, el rapsoda de San Benito se lleva el dedo índice a la nuez. Nunca usó play back y no lo va a hacer ahora. "Al Cristo de San Benito yo le digo el Guapo de la Calzada o el que No Te Deja. El día que me iban a operar de cáncer de laringe, en la habitación 510 del hospital vi una estampita del Cristo. Nadie sabía quién la dejó".

Por iniciativa de la Asociación Niños de la Calzá, "unos niños que el más joven no tiene menos de sesenta años", el Ayuntamiento aprobó rotular una calle con el nombre de Pascual González por llevar el nombre de Sevilla "a los mejores teatros y escenarios del mundo". Si tiene que elegir uno, se queda con el Albert Hall londinense. "Le dicen el teatro del pueblo. Un día me puse a cantar Son las cuatro de la tarde y se oyó desde el patio de butacas: ole tus cojones, Pascual". Alguien lo traduciría a la lengua de Dickens. Medio millar de personas cantaron ese arranque en la inauguración de la calle.

Para llegar a la calle Pascual González hay que dejar a un lado la calle Mallén, pasar por la calle Sacrificio y asombrarse ante un edificio que se atribuye a Aníbal González. "Le llamaban el Huerto del Francés, ocupaba toda la manzana y era propiedad de Monsieur Poupée". Empezó a vender terreno, lo primero Talleres Florida, hoy cerrados. Hay un cartel de Perro Muerde y la leyenda continúa, con el mismo nombre, el Huerto del Francés, que una película de Paul Naschy que protagonizaron María José Cantudo y Ágata Lys.

A un lado de la calle Pascual González está la residencia para Gravemente Afectados de la Fundación Auxilia. Un edificio que se construyó para la Exposición de 1929 como Hotel Garaje Oriente "porque entraban los coches en el hotel" y después del certamen se convirtió, leyenda tenebrosa incluida, en el cuartel de la Guardia Civil de la Calzada, con la paradoja de encontrarse junto a la calle Sacrificio. Un edificio de arquitectura regionalista que conservó su fachada con el hotel y el cuartel, qué alojamientos tan antagónicos, y que es intocable por estár declarada como bien patrimonial. Al otro lado, una red de edificios que no son de Aníbal González en forma de acordeón que albergan a la Consejería de Vivienda y Fomento.

Fernando Rodríguez Villalobos, presidente de la Diputación, es vecino del barrio de la Calzada. Asistió a la presentación del libro y del vídeo -imágenes de Carlos Valera, música de Héctor Pérez- en la Universidad. El político socialista contó entre bromas y veras que en tiempos de vacas gordas el Ayuntamiento que presidía en La Roda de Andalucía -pueblo natal del rockero Silvio- contrató a los Cantores de Híspalis "y yo creo que me hicieron ganar algunas elecciones municipales". En la calle San Florencio nació y creció Pedrito, nombre de infancia de Pedro Juan Álvarez Barrera, hoy párroco de Ómnium Sanctórum en la calle Feria, antes en Casariche y Aznalcázar, hijo de un vecino del barrio que trabajó de camarero de La Ponderosa, la cafetería ya desaparecida de la Gran Plaza en la que Juan Holgado Mejías le hizo la primera entrevista a Felipe González Márquez cuando era Isidoro.

En el viaje por los entresijos del barrio participa Rafael Castañeda, que ha compuesto algunas sevillanas para los Cantores. "Yo soy de Jiménez Aranda, el otro lado del barrio". Allende la acera en la que está el Bar Jota y la calle Manuel Halcón, el académico que escribió aquellas maravillosas Memorias de su primo Fernando Villalón. Castañeda nació junto al antiguo cine de verano Oriente. "Siempre abrían la temporada con la misma película, Dos cabalgan juntos". "Alguna vez le dije a Ángel Vela", apunta Pascual, "que el barrio de la Calzada tenía más cines de verano que Triana: el Bosque, Oriente, El Tinte, Santo Domingo".

Desaparecieron los campos de fútbol de San Benito donde el reportero jugó muchos partidos defendiendo los colores del Rataplán. Junto al Campo de los Mártires donde se dice que ajusticiaron a las santas Justa y Rufina a las que pintó Goya, los arquitectos Cruz y Ortiz levantaron la estación de Santa Justa, el verdadero símbolo del cambio de la ciudad, media espiritual y geográfica del cuerpo y el alma. "Antes", cuenta Pascual, "los Morancos, Soto, los Marismeños o nosotros vivíamos en Madrid. Con el AVE eso se acabó".

Luis Montoto es paralela a Eduardo Dato. Las dos grandes arterias de la Sevilla moderna. En una se conservó el puente, el que cruza San Bernardo cada Miércoles Santo. En la otra, el puente de San Benito junto a los caños de Carmona fue derribado y ya no tienen que subirlo los costaleros cada Martes Santo. "Está usted pisando los adoquines del puente Puerta Carmona", se lee en los rodapiés del bar Raimundo donde se pone fin a este viaje equinoccial. "El puente lo derriban en 1991", dice Raimundo Iglesias, nacido en el número 4 de San Benito, "hijo de Mercedes y del Zeppelin". Un día vio un camión que se llevaba escombros del puente. "Lo seguí con el coche, iba a unas instalaciones municipales pasando Persán. Le dije que quería tener algún recuerdo para un bar que iba a abrir y llené el Renault 21 de adoquines". El 15 de marzo de 1998 abrió el bar. Invita a una ronda y se va a recoger a sus nietos al colegio.

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