La Carbonería: ¿se acabó el carbón?

  • El autor aporta argumentos que permitan la continuidad de este proyecto de la familia Lira que se enfrenta a un desahucio por parte del propietario de uno de sus locales.

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LA Carbonería es uno de esos lugares que hacen y explican la ciudad. En este espacio se generó un proceso de activación cultural de extraordinario valor para la ciudad de Sevilla. Se transformó en un lugar de encuentro para el debate y la expresión de las nuevas tendencias artísticas que nacían del ambiente social y cultural que, junto a la lucha de las fuerzas políticas y sindicales, prepararon la democracia de la que hoy disfrutamos. No pretendo descubrir lo que ha significado La Carbonería, que es suficientemente conocida tanto en Sevilla como fuera de nuestras fronteras, sino aportar argumentos que permitan la continuidad de este proyecto de la familia Lira, sin el que difícilmente se podría entender el proceso de la Transición hacia la Democracia en su pleno significado como territorio sociocultural para el diálogo y la libertad de expresión ni el papel que tuvieron, no sólo éste, sino también otros espacios de la ciudad en este proceso histórico de conquista de las libertades.

Hoy, cuando se está produciendo una extraordinaria eclosión de espacios emergentes en Sevilla, editoriales, librerías, galerías de arte, talleres, estudios de diseño o huertos urbanos, el caso de La Carbonería funciona como un antecedente imprescindible de una cadena de iniciativas que nos lleva desde los años setenta del siglo pasado a la actualidad. Y utilizo el término emergente en su doble acepción: como aquello que brota, que nace de la profundidad y como la necesidad urgente, emergencia, de dar respuesta a una demanda social o cultural. La supervivencia de La Carbonería no ha de ser un tema menor en la ciudad, ya que constituye una base angular de nuestra historia reciente, de nuestro archivo de memoria sentimental, poética, artística y política, en un lugar marcado por una nueva manera de producir espacio social, por medio de la sociabilidad.

La ciudad nacida de las nuevas tecnologías y de las dinámicas económicas que se expresan en la tendencia, cada vez más acusada, hacia la deslocalización empresarial y laboral, nos obliga a desarrollar una nueva estrategia sobre la gestión del medio urbano en su plena complejidad, en la que los centros históricos deben de seguir manteniendo la diversidad funcional más allá de la tematización turística. La estructura urbana de Sevilla ha favorecido la consolidación de barrios con una fuerte actividad artesanal que, aún hoy, mantienen en parte esas actividades. En el barrio de San Bartolomé nos encontramos de bruces con esta extraordinaria riqueza urbana encarnada en la taberna-cultural de La Carbonería, en la que comenzó a experimentarse el derecho a la ciudad. A la ciudad en la que vivimos, trabajamos, estudiamos, celebramos, holgamos, comerciamos, nos movemos y nos reconocemos como ciudadanos libres.

La ciudad del futuro es la ciudad del pasado, revitalizada en el presente. Sevilla no puede perder este sí-lugar frente a tantos no-lugares que de una manera inmisericorde están inundando la ciudad de franquicias del mercado global.

La regeneración urbana integrada se debe vincular a la necesidad de la rehabilitación activa del patrimonio arquitectónico, entendida más allá de la protección formal del monumento como elemento singular. Este enfoque integral surge con la Carta Europea del Patrimonio Arquitectónico, en la que se estima que la conservación del patrimonio depende en gran medida de su integración en el marco común de la vida de los ciudadanos y desde su consideración específica en los planes de ordenación del territorio, en los documentos de gestión del urbanismo y en los planes de protección de los bienes culturales.

La Carbonería debe ser entendida en su triple dimensión de lugar de cultura activo, de espacio de sociabilidad y de patrimonio arquitectónico rehabitado, es decir, como un espacio público de la ciudad de Sevilla. Un espacio público que es, ante todo, un espacio transversal en el que podemos identificar con gran claridad sus principales atributos como lugar de encuentros, de movilidad, de mercado y de memoria. Atributos que residen en su doble condición de espacio tangible e intangible. El espacio público de La Carbonería es un lugar polivalente y su preservación o desaparición nos plantea el reto de definir qué modelo de ciudad queremos para el siglo XXI. La Carbonería es un escenario histórico en el que se visualizan con claridad los conflictos entre lo público y lo privado, entre el control y la participación, entre la especulación y la sostenibilidad. La Carbonería es un lugar humanizado, es un espacio forjado a través de la estética de la no-intervención y de la forma física de la arquitectura no intencional. La Carbonería es un ecosistema donde el lugar, el espacio y la sociedad se funden en lo humano. Salvemos La Carbonería.

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