Catedrático de Inglés 'estudia' alemán

  • Aventura. Francisco Núñez Roldán centra su última novela en la rica y misteriosa personalidad de Muñoz Grandes, el militar republicano que fue ideólogo de la División Azul

UNA foto de Hitler y dos traductores. Una metáfora de Hendaya. Los traductores se llaman Francisco Núñez Roldán y Antonio Rivero Taravillo, dos hombres que dominan lenguas ajenas y practican un desacostumbrado patriotismo con la suya propia. Un general para Hitler (Algaida) es la segunda novela de Núñez Roldán que presenta Rivero Taravillo. Ya lo hizo con La guerra del gabacho hace ocho años. Con un denominador común. "Napoleón y Hitler tropezaron con la misma piedra". El presentador, que también es editor, poeta, traductor, biógrafo, ensayista y ha sido librero se refería al frente ruso.

Agustín Muñoz Grandes es el eje argumental de la historia. "Una novela no tiene que ser verdad, sino verosímil". Ante un público con abundancia de escritores, Núñez Roldán hizo algunas confidencias de método: el recurso a los personajes secundarios, un elenco coral en el que se desdobla su propia personalidad. "Me siento más próximo al chófer anarquista de Muñoz Grandes que al general"; o la levedad de la documentación, siguiendo los consejos de su maestro y amigo Julio Manuel de la Rosa, quien opina que "el hilo del collar no se ve pero sujeta la perla".

Un general para Hitler se presentó en el Ateneo, institución con la que el autor, como recordó el editor Miguel Ángel Matellanes, tiene una triple relación: finalista del Ateneo de novela de Sevilla, finalista del Ateneo de Cuentos y ganador del Ateneo de novela de Valladolid.

La División Azul se llamó originariamente División Española de Voluntarios, con el número 250 dentro del contigente del Ejército alemán. "Eran voluntarios como las Brigadas Internacionales o los Viriatos portugueses que apoyaron a Franco en la guerra civil". La acción de la novela transcurre entre 1936 y 1943 y se inicia en la Cárcel Modelo de Madrid en la que están internos Muñoz Grandes y Ramón Serrano Súñer, dos hombres que chocaron y a los que sólo les unía el empeño de que Franco colaborase con el Eje frente a los aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Núñez Roldán ha sido catedrático de Inglés. De Latín, dijo en un lapsus su presentador. Un funcionario de prisiones de su novela lee a Horacio en la cárcel. "La División Azul es una epopeya, una gesta". Lo dijo Rivero Taravillo con toda la incorrección política a la que se sumó el autor de la novela. "Hace poco he estado en Gibraltar y he visto el monumento que reza a los caídos por el imperio; pongan ustedes algo así en una calle de Sevilla... Somos uno de los países europeos con menos autoestima. Es triste que los mejores hispanistas sean ingleses o franceses. No se imagina uno a españoles enseñándoles a ellos cómo fueron la Revolución Industrial o la Revolución Francesa". Equivalentes a los Brenan, Preston, Gibson o Thomas.

Un general para Hitler se suma a la interesante bibliografía existente sobre la División Azul. Un episodio que novelaron Ignacio del Valle en El tiempo de los emperadores extraños o Juan Manuel de Prada en Te hallará la muerte. La primera fue llevada al cine por Gerardo Herrero con el título de El silencio de la nieve. La segunda plantea una suplantación de personalidad entre dos divisionarios, un argumento que también está en la trama de la serie televisiva Amar es para siempre. Crítica acaba de editar Camarada Invierno, de Xosé M. Núñez Seixas, el catedrático de Historia Contemporánea autor de la edición y las notas de los Cuadernos de Rusia, el diario de su experiencia en el frente escrito desde su destierro de Ronda por Dionisio Ridruejo. En ambos libros aparecen numerosas referencias a Muñoz Grandes, el ideólogo de la expedición.

Rivero Taravillo se detuvo en dos episodios puntuales de la biografía de Muñoz Grandes: su intervención en favor de Melchor Rodríguez, el sastre trianero que salvó tantas vidas como director general de Prisiones y que pasó a los anales como el Ángel Rojo; y la entrevista con Eisenhower del general que había sido condecorado por Hitler, "que confiaba más en él que en Franco", en palabras de Núñez Roldán.

El detonante de la novela fue la lectura de unos documentos sobre los que se levantó el secreto en los que constaba un intento de soborno de militares españoles para que no intervinieran en la Segunda Guerra Mundial. Muñoz Grandes tuvo un hijo militar que nació en Sigüenza en 1935 y que de la División Azul de su padre pasó a los cascos azules de la ONU como coordinador de las FAR (Fuerzas de Acción Rápida) en la guerra de los Balcanes. Mandó la Acorazada Brunete y llegó a ser jefe de la Región Militar Sur con destino en Sevilla.

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