'Fisios' y matronas buscan un empleo fijo en el SAS

  • Las pruebas se hicieron en Viapol, con un aula específica para opositoresinvidentes y tribunales desplazados a hospitales para examinar a tres embarazadas

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Pablo Manuel, 28 años, trabaja de fisioterapeuta en una Mutua de Trabajadores de Málaga. Juan, 22, ejerce idéntico oficio en una clínica de Granada. Son dos de los 1.713 diplomados que ayer se presentaron a las oposiciones convocadas por el Servicio Andaluz de Salud (SAS) para cubrir 217 plazas de fisioterapeuta. Pablo Manuel se enteró "por mi novia". Juan "por la web del SAS". Un conducto verbal y otro virtual, un conducto privado y otro público para llegar al mismo destino: la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales donde ayer tuvieron lugar las pruebas.

Es el paso del ecuador de la oferta pública de empleo del SAS, que ha convocado 13.079 plazas, lo que supondrá cuando se cubran una estabilidad laboral del 95 por ciento de la plantilla. Ayer fue el día de los fisioterapeutas, las matronas (399 para 103 plazas) y los terapeutas ocupacionales (270 para 34 plazas). Un treinta por ciento de los que presentaron la solicitud no acudieron a la prueba, pese a haber abonado el importe de las tasas.

El despliegue fue considerable. Se utilizaron un total de 80 aulas en el campus de Viapol con una logística de 180 personas encargadas de la organización. Con el apoyo incondicional de la ONCE, se habilitaron espacios para 35 aspirantes ciegos o con visión reducida a las plazas de fisioterapeutas. "Son muy buenos como fisios", decía una representante del SAS. Les facilitaron sistema de Braille y ordenadores con lupa, únicos que podían valerse de una herramienta informática prohibida en este tipo de pruebas.

El embarazo es el único motivo admitido para no realizar las pruebas presenciales. Dos embarazadas cumplidas de cuentas hicieron la prueba en sendos hospitales de Jaén y Málaga, mientras que una tercera, que dio a luz anteayer por cesárea en el hospital gaditano Puerta del Mar, pudo examinarse junto a la habitación donde compartía las primeras horas de vida de su bebé. Las tres, paradójicamente, se presentan a plazas de matronas, y contaban con todas las garantías: Los diferentes tribunales desplazados a cada uno de los hospitales estaban integrados por matronas.

Antes que fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y matronas, ya se convocaron pruebas para médicos especialistas -ayer realizaban el examen práctico los pediatras en el campus de Ciencias de la Salud de Granada- y para médicos de familia. El 24 de febrero están convocados diplomados de Enfermería, un total de veinte mil solicitudes que obligará a descentralizar las oposiciones con exámenes en las ocho provincias. La oferta pública se completará con el personal no sanitario, de gestión y servicios, un espectro profesional en el que hay ingenieros y lavanderas, mecánicos y celadores, pinches y pintores. Unas pruebas que son las únicas que todavía no han sido convocadas, lo que ocurrirá antes de la próxima primavera.

Un móvil en la mano y la botella de Lanjarón en la otra. Era la estampa típica del opositor al final de la prueba. Dos chicas cotejaban las 103 preguntas del test para terapeutas ocupacionales. Habían venido con sus respectivos maridos desde Linares y Alcalá del Río, en la provincia de Jaén. "A ver si entre las dos sacáis la plaza y os la vais cambiando", decía el marido de Loli, marmolista de profesión. "El examen ha sido fácil, pero no lo hemos estudiado. No estábamos motivadas por el número de plazas".

María Gracia, 27 años, estaba con su maleta de viaje en la puerta de la Facultad. Trabaja de fisioterapeuta en el hospital Torre Cárdenas de Almería. ¿Valió la pena el viaje? "De todas maneras tenía que venir, porque el sábado hice un curso de Osteopatías".

María González se preparó las pruebas en un par de meses. El supuesto práctico lo tenía "muy fresco". Recientemente tuvo que atender uno parecido en la clínica privada de Benalmádena donde trabaja. Una joven que trabaja de fisio en Aznalcóllar no pudo presentarse al olvidar el recibo que acreditaba que había pagado la tasa de examen. "No estaba mi nombre y no me dejaron entrar".

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