Ahmed ben Yessef

De La Meca al Arenal

  • Vino de Tetuán en 1966 y aquí nacieron sus cinco hijos Durmió al cielo raso, vivió en una pensión de Pino Montano y tiene más nostalgia de Sevilla que los sevillanos.

UN musulmán se prueba un sombrero de ala ancha en Padilla Crespo, que desde 1939 combaten ese mal del sinsombrerismo del que habla Pepe Luis. El torero. Al musulmán le gustan los toros. Y toreros como El Viti y El Cordobés. Suenan las campanas de doce en el Baratillo. Duda entre las tallas 55 y 57. Frente a la sombrerería, una placa de homenaje a Lope de Vega, "cantor del Arenal". Y otra que recuerda que el rey Juan Carlos I, siendo príncipe, se asomó a este balcón que hoy es del hotel Adriano para ver salir al Baratillo un Miércoles Santo.

Ahmed ben Yessef (Tetuán, 1945), tiene en su estudio fotos con la reina Sofía y con el rey Mohamed de Marruecos. "Cuando me preguntan si soy marroquí o español, digo que soy andaluz. Tengo sangre morisca por mi madre". Acaba de volver de Arabia Saudí, donde peregrinó a La Meca y dio un curso de pintura.

Está terminando un fresco histórico sobre la batalla campal de 1937 entre los habitantes de Kenitra y las tropas del Protectorado Francés. Desde Carlos Cañal ha descubierto el Arenal, igual que Lope. Es su cuarto estudio después de los que tuvo en Virgen de la Cinta, Lope de Rueda y Mesón del Moro. Es uno de los dos musulmanes que más huella ha dejado en el sevillismo: el otro es Kanouté, al que retrató. "Coincidíamos todos los viernes en la mezquita". Uno dejó sus goles y su impronta, otro el mural del centenario que se asoma a Eduardo Dato y a la Buhaira desde la que sus hijas Marian y Noor se asoman ataviadas de beduinas en el cartel que hizo para la Cabalgata de 2006. Las hermanas de Fátima, Asmina y Omar. "En Marruecos no hay Navidad, pero creemos en el mensaje de Jesucristo. En mi casa ponemos el belén, vienen los Reyes Magos y hacemos la cena de Nochebuena. Yo me apunto a todo lo que es bueno".

Llegó a Sevilla en 1966 por la huella que la escuela de Santa Isabel de Hungría había dejado en algunos de sus profesores en Marruecos. La única temporada en la que el Atlético Tetuán jugó la Primera División española, la 51-52, Ahmed tenía 6 años. "Mis amigos se hacían del Madrid o del Barcelona. Yo me hice sevillista por Velázquez". No se refiere al centrocampista del Madrid, sino al pintor. Admiró a béticos como Adolfo Cuéllar, que tiene una calle con su nombre muy cerca. "Mi hija Marian es amiga de su hija".

Ana Velázquez, salmantina, es su mujer. El apellido imprime carácter. "Y por mi suegro tengo abono en la Maestranza". Su primer domicilio estuvo en José Luis de Casso, "al lado del Sánchez Pizjuán. Los diez últimos minutos del partido abrían las puertas". La calle en la que vivió Magdaleno y donde Rinat Dassaev tuvo una tienda de artículos deportivos. Se le acabaron los ahorros y durmió en los jardines Cristina. "De bohemia nada, para ser bohemio hay que tener la cartera llena". Y de allí a una pensión en Pino Montano.

Dice que se fue llorando del estudio en el Mesón del Moro. Cambió el barrio de Santa Cruz por el Arenal. "Soy un adicto a los dichos populares y los proverbios. Y no hay bien que por mal no venga". Es lo que piensa del accidente de tráfico junto a Medina Sidonia que le tuvo en cama durante dos años. Le gusta pasear por esas mágicas paralelas, Galera y Santas Patronas. En Adriano es inevitable hablar de la hegemonía de culturas. ¿Romanos o árabes? "Las culturas no se enfrentan, se enlazan. De todas formas, en las tarjetas de promoción turística de España ves la Giralda, la Mezquita o la Alhambra. No ves las ruinas de Itálica. Pero es un debate estéril. Los cimientos de la Giralda están hechos con piedras de Itálica".

El sevillano de Tetuán ha viajado este fin de semana a Fez, Casablanca y Rabat. La goleada de su equipo en Mallorca tiene moraleja. "La mediocridad, cuando explota, es muy peligrosa. La grandeza dormida no sirve de nada. Me dicen que tengo suerte. Yo desde que me levanto hasta que me acuesto estoy buscando la suerte". "En la Escuela decían que en España sólo habían vivido de la pintura Picasso y Dalí. Pues seré el tercero". Y bromea cuando la fortuna le sonríe. "Soy un pintor malo, pero caro".

Como guardameta que fue de la Facultad de Medicina, reivindica la titularidad para Palop, su kanouté cristiano. "Lo que cuenta son los resultados, no el carné de identidad". Al peregrino de La Meca con abono en la Maestranza le suena el móvil por Harinas. Y se produce una coincidencia mágica. Alguien reconoce su voz y espera que concluya la conversación. Se abrazan. Es el doctor Mohamed Asmani, pionero de la acupuntura. Llegó a Sevilla el mismo año que Ahmed. En su caso, desde Alhucemas. Le dice a la sombrerera que volverá con su señora para probarse el sombrero. "No me canso de las cosas bellas".

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