Eduardo Saborido

Metales de la fragua de Vulcano

  • Director del Archivo Histórico deComisiones Obreras. De la casa natal de Velázquez a la estatua del pintor en el Duque. Un fresco de lucha volcado en ruta de la memoria.

ESTE metalúrgico es de la fragua de Vulcano. Tiene el despacho y la memoria en el 10 de la calle Morería, a dos pasos de la casa natal de Velázquez, y propone una ruta desde este vórtice de la lucha obrera hasta la plaza del Duque, que preside la estatua del pintor. "Era el recorrido de las manifestaciones, pasabas por los juzgados de primera instancia (hoy, Archivo Histórico), un edificio vetusto que impresiona con la lluvia y donde te interrogaban jueces más duros que la policía, y acababa junto a la comisaría de laGavidia. Una ruta distinta de la Sevilla folclórica y festera, un eje imaginario que separaba la Sevilla laboriosa y febril de la Macarena y San Jerónimo de la más burguesa y señoritil del centro y Los Remedios".

Este sevillano del barrio de los Humeros ha llegado en el 30, que coge en la Avenida de la Paz. En la misma calle Morería saluda al galerista Félix Gómez. Por primera vez entra en la galería. A juego con el título de la muestra de Carlos Syte, Variaciones sobre tema mexicano, hay ediciones antiguas de la obra de Luis Cernuda que Taurus publicó con Ocnos.

Hay una foto de un Cernuda joven junto a la torre del Oro y otra de la tumba del poeta. Sevilla, 1902. México 1963. Una cifra que le remite al histórico sindicalista del proceso 1001 a muchas cosas: ese año se casa con una vecina de la calle Redes, en el barrio de los Humeros; es elegido vocal provincial del Sindicato del Metal; es el año que muere fusilado Julián Grimau, en cuya memoria Saborido llamó Julián al pequeño de sus tres hijos. "Llenamos Sevilla de letreros con la frase Franco, no asesines a Grimau. Lo hacíamos con pintura. Era peligroso y engorrosísimo. Todavía no existía el kanfort de los zapatos. Había que hacerle una estatua al que lo inventó por la ayuda que le prestó a la lucha clandestina".

Quien dirige el Archivo Histórico de Comisiones Obreras junto al taller de Victorio y Lucchino viste ropa de pelea. Un alto en Casa Manolo, en la Alfalfa. Café con leche y media tostada con aceite. Eduardo Saborido Galán (Sevilla, 1940) nació el año del hambre. "Yo creo que todavía no se me han quitado las ganas de comer. Con once años cogí la tuberculosis". "Dicen que aquí empezó la cosa". Habla de la Alfalfa. "Hay casas bajo las que puede haber varias civilizaciones: romanos, árabes y tartesos si es que existieron". En la plaza nos cruzamos con Agustín, de la Bodega La Aurora, a punto de ser centenaria, perteneciente a la civilización de los montañeses.

Eduardo era un niño que jugaba al fútbol en los terrenos del 29 junto al campo del Betis. Se hizo sevillista "porque el fútbol me gustaba mucho y me colaba en el campo del Sevilla para ver a Distéfano, Puskas, Gento y Luis Suárez, mientras el Betis jugaba contra el Iliturgi". Cuando termina el periplo carcelario de una década, última parada en la cárcel de Jaén, un vecino de su suegro ha hecho béticos a sus tres niños. "Me cambié de camisa corriendo". Tres Eduardo Saborido fueron al campo del Betis la noche del atropello colchonero. No se acostumbra a las palabras nieto y abuelo. Casi se le nublan los ojos cuando el abuelo recuerda al nieto que fue. "La primera vez que me detienen todavía vivían mis abuelos".

De Morería al Duque propone una alternativa laica al itinerario del Cristo de Burgos. A mitad de camino, las setas. "Me gustan las setas, y te voy a explicar por qué". Admite que el coste fue "excesivo y tremendo" porque le consta que en todos los concursos "tiran a la baja para ganarlos" y después empiezan a dispararse las cifras. Relativiza ese coste en el espacio y en el tiempo. En el primer caso, pregunta por qué no preguntan con el mismo énfasis "cuánto han costado el Guggenheim de Bilbao, el museo de las Ciencias de Valencia y la torre Agbar de Barcelona, un pene hacia arriba que además es feísimo". En el segundo, viajando en el tiempo, se pregunta por la utilidad social de las catedrales cuando las construyeron. "La de Sevilla se hizo como símbolo de poder y de prepotencia, con el tiempo hay que reconocer que es un edificio precioso, majestuoso. La Giralda es única, muy bonita, pero no pasa nada por dejarla competir con edificios de otro tiempo. ¿O es que ahora vamos a tener que deconstruir la torre Pelli? Lo han hecho con una biblioteca que iba a ser de las mejores de Europa". Se disfrazó de turista y se acercó a las setas por norte y sur, por Goyeneta y por José Gestoso. En ambos casos, se quedó boquiabierto.

Del Velázquez natal al esculpido, esa calle que cambia de nombres -Imagen, Laraña, Martín Villa- es el cordón umbilical de una lucha que tiene como icono una fotografía en Morería a la que Velázquez daría el visto bueno. Nunca se ha visto tanta gente en esa calle, con policía a caballo apostada en la plaza del Cristo de Burgos. Era junio de 1976. "Había muerto Franco, pero todavía estaba Arias Navarro de presidente". El 3 de julio lo relevó Suárez.

En el camino propone otros itinerarios: la conexión del río con los astilleros, "donde se hacían barcos y se defendían libertades", y el nexo de los barrios con sus fábricas-nido: Triana con Hispano-Aviación, San Jerónimo con ISA y FASA, el Cerro con Hytasa. Piensa en Cernuda y no quiere que habite el olvido en este camino velazqueño. El poeta de Acetres le remite a un compañero de generación. "En Cádiz participé en un mitin con Rafael Alberti".

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