Muere Pedro de Orleans y Braganza, viudo de Esperanza de Borbón y Orleans

  • Desde 1944, año de su boda en la catedral de Sevilla, residieron en Villamanrique de la Condesa

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Pedro de Alcántara de Orleans y Braganza (Castillo D’Eu, Francia, 19 de febrero de 1913-Villamanrique de la Condesa, Sevilla, 27 de diciembre de 2007), falleció en la madrugada de ayer a los 94 años  en la localidad sevillana de Villamanrique, donde residió desde su boda en la Catedral de Sevilla, en 1944, con la Infanta Esperanza de Borbón y Orleans. El matrimonio tuvo seis hijos y estuvo muy vinculado a las tradiciones religiosas sevillanas, participando especialmente en la romería del Rocío.

El enlace lo bendijo el cardenal Segura, y en el Hotel Andalucía hubo almuerzo de gala restringido y luego recepción social. Desde la inauguración de la Exposición Iberoamericana de 1929, los sevillanos no habían salido a la calle para manifestarse felices. Y la boda de doña Esperanza fue el primer motivo popular, la primera fiesta que admirar desde la distancia.

Esperanza de Borbón y Orleans nació en Madrid, como su hermana doña María de las Mercedes. Ejercieron desde muy niñas como sevillanas de adopción. Los sevillanos las llamaban las infantitas, desde que las conocieron correteando por los jardines de la Capitanía General de Andalucía, en la plaza de la Gavidia, donde ejercía de máxima autoridad militar su padre, el infante Carlos de Borbón, casado en segundas nupcias con la sevillanísima infanta Luisa Francisca de Orleans.

Por eso, el anuncio de la boda de doña Esperanza suscitó alegrías ciudadanas, máxime cuando el pueblo no pudo participar en la boda de su hermana María de las Mercedes, casada en 1935 con el exiliado conde de Barcelona en la Roma donde residían sus padres, los ex reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia.

Para los sevillanos, los infantes don Carlos y doña Luisa  eran figuras señeras, presentes en las celebraciones locales, y personas muy queridas y admiradas que supieron estar con el pueblo.El lunes 18 de diciembre de 1944 amaneció soleado. La boda de doña Esperanza con don Pedro apenas fue conocida por el gran público, apagada por el cariz antimonárquico que siguió al final de la contienda. Los reyes y sus familiares estaban mal vistos, y la censura no autorizaba las noticias de sus actividades.

La boda de María de las Mercedes y Juan de Borbón, en Roma, fue censurada por las autoridades de la II República. Y la boda de su hermana doña Esperanza fue autorizada por el franquismo con carácter local, o sea, que fuera de los tres periódicos que entonces se editaban en Sevilla, la gente sólo conoció un brevísimo despacho de la Agencia Cifra. Lo cual no fue óbice para que el Jefe del Estado, general Franco, les regalara a los novios “una soberbia bandeja de plata repujada”, como hicieron constar los diarios locales.

Puede decirse que fue la última demostración de la pompa decimonónica vinculada a este tipo de acontecimientos aristocráticos. Grandes de España, duques, marqueses, condes y barones; representaciones de Casas Reales y Órdenes militares, civiles y religiosas. Un ministro, el de Agricultura, Miguel Primo de Rivera, en nombre del general Franco. Todas las primeras autoridades civiles y militares de Sevilla. El laureado general Queipo de Llano al frente de las representaciones militares. Fue un festival colorista de uniformes y condecoraciones. Fue una relación interminable de títulos rimbombantes. Y al mismo tiempo, una demostración de sentido común aplicado a la situación social de la posguerra.

Quisieron los padres de la novia que la boda de su hija tuviera el rango social obligado, pero con limitaciones socioeconómicas acordes con las penurias que atravesaba el país. Por eso, el almuerzo de gala fue restringido a las familias directas y a las autoridades, y no en el Real Alcázar o en la casona palacio de Villamanrique de la Condesa, sino en el Hotel inaugurado como de Alfonso XIII y que la dictadura cambió por Andalucía. Luego, a las cuatro de la tarde y en el mismo hotel, hubo una recepción social.

Nada más finalizar la boda y antes de acudir al almuerzo, doña Esperanza, ya princesa, acudió con su marido al colegio de Religiosas Irlandesas,  en la calle Jesús del Gran Poder, donde ella cursó sus estudios, para depositar ante el altar de la Santísima Virgen, su ramo de flores de novia. Y de allí, a la iglesia recién reconstruida de San Gil, para rezarle a la Esperanza Macarena, de cuya Hermandad era hermana mayor.

En paralelo, los infantes don Carlos y doña Luisa, entregaron sendos donativos al cardenal y al alcalde, para los pobres de Sevilla, siguiendo costumbre tradicional. Desde el Hotel Andalucía, una ver finalizada la recepción que siguió al almuerzo restringido, los novios marcharon a la casona de Villamanrique de la Condesa, donde pasaron la noche antes de emprender al día siguiente viaje a Portugal y Brasil.

Villamanrique unió a su topónimo el título de la Condesa en honor de la infanta María Isabel de Orleans, condesa de París por su casamiento con un príncipe de la Casa de Francia. En Villamanrique de la Condesa ha vivido don Pedro de Antequera gran parte de su larga vida, junto a su esposa doña Esperanza y sus seis hijos. El príncipe había nacido en Francia, en el castillo de D’Eu, el 19 de febrero de 1913. Fue bautizado con los nombres de Pedro de Alcántara, Gastón, Juan, María, Felipe, Lorenzo, Humberto, Miguel, Rafael, Gabriel y Gonzaga.

Cuando contrajo matrimonio ya era jefe de la familia imperial de Brasil, como primogénito del príncipe Pedro de Orleans Braganza y de su esposa, la princesa María Isabel Adelaida, por su cuna condesa de Dobrzensky de Doobrzenica. Don Pedro era Gran Maestre de la Orden de la Rosa y de la de Don Pedro I. Cursó sus estudios en la Escuela Superior de Ciencias Políticas de París. Desde el fallecimiento de su padre, se hizo cargo de los intereses de la Casa de Braganza en Brasil, donde poseían valiosas fincas rústicas y urbanas, sobre todo en la ciudad de Petrópolis, fundada por el emperador don Pedro en 1843.

La curiosa fotografía donde doña Esperanza y doña María de las Mercedes aparecen subidas en un burro, fue tomada en la pequeña placita de tienta de la finca Monte San Miguel, en Aracena, mediados los años veinte, propiedad de los marqueses de Aracena, Javier Sánchez-Dalp y Calonge y Ana Marañón y Lavín. El caserío de la finca fue proyectado y edificado por Aníbal González y Álvarez-Ossorio. Esta imagen pertenece al archivo familiar de los Sánchez-Dalp.

El improvisado burladero estaba cubierto con la heráldica del marquesado. Y detrás aparecen, de izquierda a derecha, las infantas Luisa de Orleans y Orleans, segunda esposa del infante Carlos de Borbón y Borbón, e Isabel Alfonsa de Borbón, hija de su primer matrimonio con la Princesa de Asturias. En penumbra pueden verse a los marqueses de Aracena y otra señora más al fondo, no identificada, que bien pudiera ser  Ángeles Marañón y Lavín. A la derecha de la fotografía aparece la “cuadrilla” vestida con chaquetillas cortas blancas, y la forman, también de izquierda a derecha, don Manuel y don Javier Sánchez-Dalp y Marañón, el infante Carlos de Borbón y Orleans, y Miguel Sánchez-Dalp y Marañón.

De pie detrás del burro, está la infanta doña Dolores. Y sobre el asno, las infantas doña María de las Mercedes, con trenzas, y  doña Esperanza de Borbón y Orleans. Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleans, que en la fotografía podría contar con catorce o quince años de edad, contrajo matrimonio con don Juan de Borbón y Battenberg, conde de Barcelona, en Roma el día 12 de octubre de 1935. La madre del Rey Don Juan Carlos I había nacido en Madrid en 1910, y siempre se consideró sevillana adoptiva.

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