Reconstrucción de un drama

  • El joven acusado de parricidio en Alcalá de Guadaíra discutió con su padre después de que éste encañonara a la madre con dos escopetas y la amenazara de muerte

La reconstrucción judicial de un crimen es un instrumento que, sobre todo cuando las circunstancias que rodean los hechos son confusas, pueden contribuir a esclarecer la verdad sobre lo ocurrido. En el caso del parricida de Alcalá de Guadaíra, que está acusado de haber dado muerte a su padre la madrugada del pasado 1 de enero, se han llevado a cabo dos reconstrucciones: la primera con la presencia del parricida y una segunda sin él, pero con un perito forense propuesto por su defensa.

Estas dos reconstrucciones y, sobre todo, los testimonios de las personas que se hallaban en el escenario del crimen, parecen respaldar el alegato de legítima defensa que defiende el abogado del parricida, Manuel Salinero.

De la investigación de los hechos ya ha trascendido que todo comenzó cuando el fallecido, Antonio Díaz Gómez, profesor de 57 años, salió al jardín de su casa, en la calle Pino Marítimo, y comenzó a disparar al aire con una escopeta para intimidar a los vecinos que estaban lanzando petardos para celebrar el año nuevo. Su hijo, A. D. P., salió entonces al encuentro del padre y le recriminó su actitud. Lo que no se conocía aún es que el incidente continuó después ya en el interior de la vivienda, donde el fallecido llegó a amenazar a su esposa, encañonándola con hasta dos escopetas y amenazándola de muerte, según han confirmado fuentes del caso.

Fue en ese momento, sobre las cinco de la madrugada, cuando volvió a reproducirse el enfrentamiento entre padre e hijo que acabó con la muerte del primero, que recibió dos impactos y tres puñaladas en el pecho y en el cuello. El parricida sostiene que los disparos se produjeron en el transcurso del forcejo que mantuvieron y todo ello marcado por una situación de gran violencia que habría generado la propia víctima.

Un aspecto que todavía no está claro es qué ocurrió entre las horas que transcurrieron entre el primer altercado, cuando el padre recriminó a los vecinos por lanzar los petardos, y la discusión que se genera posteriormente dentro de la propia vivienda, cuando la novia del acusado se hallaba dormida y la madre había subido a su habitación.

El abogado del detenido ha asegurado que el joven intervino para "tratar de apaciguar" y calmar el enfrentamiento con su padre, que padecía una psicosis maníaco-depresiva por la que estaba recibiendo tratamiento. La madre, la hermana y la novia del imputado han corroborado que el joven actuó en legítima defensa.

La víctima, según han precisado fuentes próximas a la investigación, comenzó a adquirir en los últimos meses diversas armas, todas ellas obtenidas con su correspondiente licencia. Lo que no se explica es cómo una persona que lleva varios años recibiendo tratamiento por problemas psicológicos pudo obtener las autorizaciones para todas esas armas, aunque este aspecto es ajeno en principio a la investigación por homicidio que realiza el juzgado de Instrucción número 3 de Alcalá de Guadaíra. La juez está a la espera de los informes forenses definitivos y de balística para volver a citar a declarar al parricida.

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