Relevo generacional en la ciencia

  • El centro de investigación CicCartuja reconoce el trabajo de tres científicos menores de 30 años por sus artículos en revistas internacionales sobre sus estudios doctorales

El Centro de Investigaciones Científicas Isla de la Cartuja reconoce la labor de tres jóvenes investigadores que publicaron sus estudios en destacadas revistas de prestigio internacional el pasado año. El reconocimiento se enmarca dentro de la sexta edición del Premio CicCartuja Ebro Foods, dirigido a menores de 30 años, apoyando así el relevo generacional.

La sevillana María Fernández-Espada consiguió el primer premio, dotado con 10.000 euros, por su artículo sobre las posibilidades catalizadoras del oro. Licenciada en Química y doctora desde octubre por la Universidad de Sevilla, su trabajo se centra en el campo de la química organometálica. Concretamente, la investigadora puso durante un año el foco de atención en descubrir la composición del oro. "El estudio del oro como catalizador está en auge, es decir, como material que acelera las reacciones químicas y que, por su versatilidad, podría tener múltiples aplicaciones de interés industrial", explica la sevillana, de 29 años.

A través de su trabajo -llevado a cabo en el grupo de investigación de Química Organometálica y Catálisis Homogénea que dirige el catedrático Ernesto Carmona- existe una mayor información sobre la síntesis y la caracterización de diversos complejos de oro. Su estudio aporta numerosos detalles sobre las propiedades electrónicas y la reactividad química de estos compuestos, lo que ayuda a comprender sus transformaciones y su potencial como catalizadores. "Este premio supone un reconocimiento muy importante. Además, a nivel económico es una gran ayuda y más ahora que estoy en paro", señala la ganadora. "Yo soy la primera autora, pero detrás de esta investigación hay mucha gente trabaja ndo".

El madrileño Miguel Anaya Martín, de 27 años e investigador del Instituto de Ciencias Materiales de Sevilla (ICMS), por otro lado, se hizo con el primer accésit, dotado con 5.000 euros. Licenciado en Física por la Universidad Autónoma de Madrid y máster en Ciencia y Tecnología de Nuevos Materiales por la Universidad de Sevilla, la tesis de Anaya gira en torno a las propiedades ópticas de materiales con estructura perovskita, aplicadas a tecnología de última generación.

La perovskita es un mineral que se conoce desde hace más de un siglo "pero que ha pasado prácticamente desapercibido para la comunidad científica hasta que en 2012 comenzó a ser aplicado como compuesto para celdas solares", aclara Anaya. Desde entonces, estos materiales han revolucionado el campo de la tecnología fotovoltaica gracias a unas propiedades ópticas y eléctricas únicas, que permiten unos costes de producción muy bajos.

La investigación de Anaya, que contó con el apoyo del grupo de Materiales Ópticos Multifuncionales del ICMS y la Universidad de Oxford, ahonda en las posibilidades de las celdas solares de perovskita al dotarlas de colores brillantes y hacerlas más llamativas. De esta manera se amplían las aplicaciones comerciales de estas celdas solares, que se podrían integrar en fachadas o marquesinas, permitiendo un ahorro en su adquisición, montaje y mantenimiento. "Esto supondría, además, un gran paso para la producción de energía limpia en los espacios donde va a ser colocada y permitiría prescindir de costosos sistemas de transporte de energía", matiza Anaya, que con este artículo ha generado una patente.

El segundo accésit fue para el almeriense Juan Carlos Muñoz García, que actualmente realiza sus estudios posdoctorales en la Universidad de Oxford. Su estudio sobre las barreras naturales contra el virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) ha demostrado que la proteína langerina, que actúa como barrera natural durante las primeras etapas de infección vírica del VIH, interacciona con el fármaco heparina. De este modo, Muñoz, de 31 años y natural de Almería, plantea la posibilidad de, a largo plazo, diseñar y desarrollar fármacos de mayor eficacia contra este virus, ya sea por inhibición de receptores celulares que promueven la infección o mediante la inducción de un aumento en la actividad natural anti-VIH del receptor langerina.

Tanto Miguel Anaya como María Fernández-Espada opinan que la ciencia a nivel nacional está poco valorada por la sociedad, que da mayor importancia a investigaciones internacionales a pesar "del gran potencial que hay en España": "Hay muchos grupos de investigadores españoles que se los han rifado en el extranjero durante la crisis", matiza la joven sevillana. "Aquí no hay cultura de ciencia", añade Miguel Anaya. "Falta inversión y cuando hay fondos no siempre se invierten bien". Ambos investigadores critican también la falta de conexión entre las industrias y las universidades: "No hay I+D suficiente", sentencia.

"Falta modernizar la ciencia en España y aprender a invertir en ciencia", comenta Anaya. "No sólo hay que destinar mucho dinero, también hay que saber discernir y fomentar aquello que pueda revertir, ya no sólo económicamente, sino también en un reconocimiento internacional".

Miguel Anaya, que recientemente impartió una ponencia en San Francisco (Estados Unidos) sobre el diseño óptico de las celdas de perovskita, centra ahora su trabajo en poder utilizar las propiedades de la perovskita para mejorar el rendimiento de dispositivos emisores de luz (LEDs) dentro de sus estudios de doctorado en la Universidad de Sevilla; mientras que María Fernández-Espada se plantea marcharse fuera de España para continuar su carrera investigadora. "Un científico se tiene que ir fuera para demostrar su valía", señala Anaya, que no descarta emigrar cuando termine su doctorado. "Esto te permite tener más conocimientos, te enriquece. El problema es volver", aclara.

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