Sevilla

Un año de peatones, dos sin autobuses

  • La valoración positiva de la obra tiene los peros del corto trayecto del tranvía y la anarquía de las bicicletas

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Ana y Cayetana van a por sus hijos a las Esclavas y se cruzan con Diego Alonso, que camina hasta el Hospital Virgen del Rocío para recoger a su esposa, enfermera. Son usuarios de la nueva Avenida de la Constitución, que el Viernes de Dolores de 2007, hace justamente un año, se abrió al público con unconcierto de marchas procesionales en la Puerta de Jerez. Un año después de que al empezar la Semana Santa de 2006 se suprimiera el transporte de autobuses que unían la Plaza Nueva con el Cerro, Rochelambert, Heliópolis, Amate o el Polígono de San Pablo. Sevilla unida con las Sevillas.

“Es una falsa peatonalización, porque además del peatón está el tranvía, las bicicletas, los coches de policía, los del dinero, los de la limpieza”. Ana es arquitecto y no cree que la peatonalización sirva para realzar la arquitectura de la Avenida. “Se ven mejor los edificios porque se han cargado los árboles. Eso produce un calor terrible en verano y en invierno la avenida es un tubo de frío”. Cayetana vive encima de La Ibense y los taladros para la restitución de las catenarias le recuerdan el espanto de las obras. “Me conocía todos los ruidos”. Hay uno que a Ana le llama poderosamente la atención. “Se oye el ruido de la gente, como en Semana Santa. Se oye la bulla. ¿Dónde estaba antes la gente?” “En los autobuses”.

Desde su instalación en 1935 en este edificio de Espiau, Filella vio pasar tranvías, autobuses y peatones. “Si me preguntara durante las obras, le diría barbaridades, ahora lo veo bien. Sin autobuses, la gente tiene que venir andando. A mí me viene estupendamente porque soy diabética y el puente de Triana es una maravilla”. Isabel Filella, hija del fundador leridano de la pastelería, cree en el proyecto. Con la marcha de los autobuses de la Plaza Nueva, “muchos clientes se fueron a las tiendas que tenemos en Triana”.

Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, concejal de Presidencia, glosa las ventajas de la peatonalización a Antonio Gómez Olivares, que se encuentra con una ciudad nueva. Regentaba un bar de copas en Nervión en los años de la Expo y ahora tiene un restaurante en San Carlos de Bariloche, en la Patagonia. Manuel Huerta vuelve paseando a Triana por la Avenida después de ver en el Ayuntamiento la exposición de Curro Romero. Era uno de los tres hermanos manchegos que regentaban el bar Los Dos Hermanos en el Altozano. “Lo que veo es que las bicicletas van demasiado ligeras”.

El cambio en los hábitos del transporte no trastorna los hábitos de quienes trabajan en el centro. Enrique Colmena es conocido como crítico de cine, pero lleva 34 años trabajando en el Banco de Andalucía, en el edificio donde tuvieron su estudio Antonio Delgado Roig y Alberto Balbontín. “Yo no veo al personal demasiado mosqueado”. Juan García trabaja en Correos desde hace 33 años. “Es un respiro para los carteros que hacen el reparto con los carritos”. Sonríe cuando le preguntan por un posible incremento del correo electrónico ante las trabas de transporte al correo postal. “Tenemos un servicio para inmigrantes que después del de Valencia es el que más remesa de dinero genera, el que mandan por giro telegráfico a sus familiares”.

Ahmed ben Yessef dice que la supresión de las catenarias en el último tramo del tranvía, del Archivo de Indias a la Plaza Nueva, redunda en la belleza de la calle y de la Catedral. Piropo de un pintor marroquí a un estandarte de la cristiandad. “La belleza, como el amor, no es patrimonio de ninguna civilización”. “Esa estampa sería impensable sin la peatonalización”, dice al observar a dos madres empujando sus respectivos carritos. Otro vehículo integrado.

Rodilla, histórica firma de la alimentación madrileña, abrió establecimiento en Sevilla, en la Avenida de la Constitución, frente al Archivo de Indias, el último Viernes de Dolores. Tercera apertura en Andalucía después de las dos que tienen en Cádiz. Rosa Jiménez, encargada de Rodilla, ignora si su empresa eligió este marco al saber que estaba peatonalizado, argumento que sí hizo público el portavoz de FNAC cuando abrió al público este gigante de los libros, los discos y la electrónica. Rosa tiene coche, pero no lo coge. Viaja en el 25 desde Juan XXIII, su barrio, hasta el Prado. Coge el tranvía y se baja en el Archivo de Indias.

“Diga usted que nos parece estupendo. Se conserva mucho mejor el patrimonio sevillano”. Manuel Vizuete, electricista, habla en nombre del grupo mayoritariamente femenino que están a punto de entrar en el Archivo de Indias. Viven en Sevilla Este. Como había huelga de autobuses, viajaron en el tren de cercanías desde el Palacio de Congresos hasta San Bernardo. A pie hasta el Prado y el resto en tranvía. “En Metrotrén”, corrige el electricista. “Lo que tienen que hacer es llevar el Metro a Sevilla Este”, reclaman Victoria, Herminia e Isabel.

El guía subido en un banco parece un predicador. Vitor Fortes es portugués de Castelo Branco y vive en Lagos. “Llevo un grupo de alemanes, ingleses, brasileños y un sueco, que es mi segunda nacionalidad, porque es el país de mi primera mujer. A los turistas les digo que tengan cuidado con el tranvía”. Habla siete idiomas. Casi todos derivados del latín, el que enseña Rocío Carande, que va camino de uno de los muchos bancos de la Avenida desde que era de los genoveses. “A mi abuelo le gustaría, le encantaba pasear”, dice de su abuelo, don Ramón Carande, a quien habría que oír con su verbo afilado y barroco comentar esta resurrección de las bicicletas y los tranvías. Y de los peatones que un Viernes de Dolores tomaron la Avenida de pie y al año siguiente de Rodilla. Entre los que el viernes la recorrían en bicicleta, dos émulos de Zeppelin: Alejandro Rojas-Marcos y Alfredo Sánchez Monteseirín. “Mira, mira, el alcalde en bicicleta”, dice un viandante a su hijo.  

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