Calle Rioja

El árbol de los chupetes: hoja caduca, ilusión perenne

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Desde el sábado Sevilla cuenta con un nuevo árbol. La historia la habrían hecho suya los hermanos Grimm, a cuyo universo de fantasías y sueños cumplidos pertenece la historia de este árbol de los chupetes que un grupo de madres blogueras pusieron en marcha para que sus niños aceptaran sin traumas el hecho ineluctable de hacerse mayores.

Hoja caduca de ilusiones perennes, un centenar de chupetes ya cuelgan de un árbol situado en el parque de los Descubrimientos, junto al barco pirata desde el que Salgari y Jack London preparan el asalto a la Biblioteca Felipe González Márquez. Como una metáfora de esos niños que abandonando el chupete se hacen mayores, con una idea que nació muy pequeña, un grupo de madres han logrado algo muy grande.

Marga Lama vio un árbol de los Chupetes en un parque de Torremolinos y después de una ardua búsqueda encontró en internet ejemplares de especie tan insólita en Suecia, Dinamarca, Nueva York y el valle de Arán. Le hizo fotos, que compartió en su blog, y una legión de madres -y padres- la suscribieron. El Ayuntamiento, a través de la Gerencia de Urbanismo, les valló y habilitó un árbol en un entorno pastoril y lo demás llegó rodado, como en los cuentos con final feliz.

Unas trescientas personas se dieron cita en la puesta en marcha del árbol de los chupetes. Una madre, Begoña Guerrero, ganó el concurso de cuentos con el titulado Carlota y el pájaro, intepretado el mismo sábado por la cuentacuentos Pilar Redondo, también en lenguaje de signos y en el método cinco deditos para adentrar a los niños en la comunicación con las manos, que es cuando más se parecen los niños a los árboles.

Dos madres, Marga Lama y Carmen Cabrera, que tienen sendos blogs de fotografía infantil y lactancia y maternidad, pusieron en marcha esta iniciativa a la que no dejan de salirle secuelas: con motivo de las próximas Navidades, van a organizar una recogida de juguetes; pretenden realizar un concurso infantil de dibujo. Madres escritoras, niños dibujantes. Versión infantil del árbol de la ciencia de Pío Baroja.

El árbol de los chupetes no es flor de un día. A partir de ahora, todos los niños que quieran subir ese peldaño, saben que hay un sitio donde dejar sus chupetes. "Hay mil maneras de dejarlos, en realidad siempre acabas inventándote un cuento. También se podía llamar el árbol de los pañales", dice Marga Lama. Al final del acto, padres y niños abrazaron al árbol, que con tantos chupetes en su regazo no tiene motivos para llorar por la hoja caída.

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