L La encrucijada demográfica de la capital andaluza

El avance de la Sevilla interior

  • La pérdida oficial de población de la ciudad hispalense sólo redunda en beneficio del área metropolitana · El Consistorio intenta invertir este proceso ofertando terreno durante ocho años para 63.388 nuevas viviendasÉsta es una relación de las zonas urbanas donde se sitúan las nuevas reservas para viviendas

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Los datos son evidentes. Señalan un camino. Dibujan una tendencia. La estadística no engaña: certifica que la población oficial de Sevilla ha bajado este mes, por primera vez desde mediados de los años noventa, de la barrera mítica -por lo símbólico y lo económico- de los 700.000 habitantes. Pero no lo explican todo. Faltan los porqués. La situación, en todo caso, confirma la disminución del peso demográfico de Sevilla. A su vez ha generado cierta controversia entre la oposición (el PP) y el gobierno local (PSOE e IU). El primero estima que los flujos de población de la capital hacia el exterior se deben a las carencias urbanas. "Fuera se vive mucho mejor. Aquí hay menos servicios mientras los impuestos no dejan de subir". El ejecutivo de Monteseirín replica, por boca de Emilio Carrillo, edil de Urbanismo, que el exilio voluntario hacia los espacios metropolitanos por el que optan casi a diario muchos hispalenses se debe a que, durante la década de los años noventa, cuando era el PP quien dirigía la ciudad con el PA, "no se construyeron viviendas; ni de renta libre ni protegidas".

Lo cierto, sin embargo, es que ninguno de los dos tiene toda la razón. Al menos, no de forma expresa. ¿Por qué se va realmente la gente a vivir fuera? ¿Son sólo las razones económicas las que lo explican o intervienen otros factores? Y sobre todo: ¿Supone este éxodo un grave problema para la ciudad?

Las respuestas a estas cuestiones son dispares. Para empezar habría que dejar claro cuáles son los hechos ciertos. El último padrón del Instituto Nacional de Estadística (INE) apunta un claro un descenso de población en la capital de 5.269 personas en apenas un año, lo que supone un recorte en el índice de la población de derecho del 0,7 por ciento. No parece mucho. Pero ha sido suficiente para bajar del listón de los 700.000 habitantes. En España esta cifra suele asociarse a la propia condición de gran ciudad.

¿Dónde se han ido estos sevillanos? Esencialmente, al entorno de la capital. Al área metropolitana, cuyo aumento de población en este mismo periodo fue de 11.763 personas (0,8 por ciento más). Apenas una décima más de lo que perdió la capital. En términos reales -los datos relativos arrojan otras conclusiones- los municipios que se benefician de estos movimientos demográficos son los más cercanos, donde aún se construye a menor precio final que en la capital: Alcalá de Guadaíra (1.099), Bormujos (807), Dos Hermanas (2.892), Espartinas (1.308), La Rinconada (841) y Utrera (913). Su población aumentó en su conjunto en 7.860 personas. Algo más de lo que pierde la capital. Por tanto, parece evidente que el precio de la vivienda es uno de los factores esenciales de este traslado sostenido. Los sevillanos buscan pisos más baratos y más grandes. Además, según algunos expertos, visualizan las tipologías residenciales del área metropolitana -la casa adosada y las promociones de escasa densidad- como signos de un supuesto ascenso social. Hay pues dos teóricas razones para el éxodo metropolitano: para unos, comprar una vivienda que en Sevilla no podrían obtener; para otros, mejorar su nivel de vida.

¿Qué puede hacer ante esto la capital? ¿Cuál es su alternativa? Sevilla, en realidad, está en idéntica encrucijada a la de otras grandes urbes. Su población decrece al tiempo que aumenta el cinturón de ciudades de su entorno. La única diferencia es que, mientras otras capitales han ido desarrollado en paralelo fórmulas metropolitanas más o menos eficaces, en la capital de Andalucía el simple hecho de plantear cambios políticos y de gestión a este respecto suscita mucha oposición, sobre todo dentro del PSOE, el partido que gobierna la capital y la mayoría de los municipios provinciales. Esta coyuntura, en buena medida provocada por las luchas internas de poder entre los socialistas, está perjudicando claramente a la urbe hispalense, que no es capaz de dar el salto de escala que otras capitales europeas ya han dado. Sevilla sola va así perdiendo su lugar en el ranking urbano (tiene ya menos de 700.000 habitantes) aunque como núcleo activo de la Gran Sevilla (el área metropolitana) ganaría no sólo en habitantes (1,4 millones) sino también en términos territoriales, económicos y de imagen exterior. Probablemente también en el ámbito político, capítulo trascendental para arrancar inversiones a las administraciones y al sector privado.

En todo caso, con independencia de este contexto político, un somero análisis de los datos disponibles confirma que, frente a lo que dicen determinados sectores, el estancamiento demográfico de la capital no se debe a la falta de suelo. Ni mucho menos. Otra cuestión distinta es la repercusión sociológica que inevitablemente tienen los elevados precios de los terrenos, que son muchos más caros en Sevilla que en su entorno, razón que no sólo facilita la expulsión de amplias capas de población (no hay más que analizar el nivel de renta de los sevillanos), sino que también disuade a los promotores para desarrollar determinados productos residenciales. Por decirlo de forma simple: para muchas empresas construir dentro de Sevilla es mucho menos rentable que hacerlo fuera. No tanto debido a la supuesta ausencia efectiva de suelo, sino por la libre opción de muchas inmobiliarias. Fuera ganan más.

Porque terrenos disponibles hay. Siempre ha habido. Habrá bastantes más a corto plazo. Otra cuestión es por qué la mayoría de las constructoras han preferido, durante los últimos tiempos al menos, hacer promociones de renta libre fuera de Sevilla en lugar de construir en sus barrios. El cambio de ciclo inmobiliario ha trastocado la situación, despertando de nuevo el interés por impulsar viviendas de protección oficial, que son -por sus limitaciones de renta- las únicas que permitirían ligar a la capital a su propia población. De ahí que, dados los usos y costumbres de la última década, se diera la paradoja de que, sin haberse aprobado aún el nuevo Plan General, Sevilla contase con suelos -en Valdezorras, Torreblanca Sur y Sevilla Este- para hacer hasta 4.664 viviendas. La mayor bolsa de terreno, la del Polígono Aeropuerto, es además titularidad autonómica, motivo que hace todavía más inexplicable su no utilización durante años. Lustros.

En todo caso, estos factores no han dejando sin trabajo al sector de la construcción. Según datos oficiales, entre 1991 y 2001 se alzaron 51.019 viviendas en la capital, la mayoría de ellas de renta libre, mientras que la población tan sólo aumentó en 1.695 personas. Las viviendas fueron 20 veces más que el incremento de la población, que no llegó a alcanzar ni siquiera el punto porcentual (0,23 por ciento).

En el área metropolitana esta misma tónica -construir más de lo que suben los padrones- se repite pero con distinta intensidad. Entre 1991 y 2001, mientras la población subió un 21 por ciento (73.543 personas) las viviendas inauguradas fueron 49.520 (un 43 por ciento más). Hasta inicios de esta década, al menos, en la capital todavía se construía más que en todo su entorno, lo que quiebra la tesis de que es la falta de suelo en la urbe central la que provoca el éxodo metropolitano. Otra cuestión, obviamente, es el precio final de cada vivienda, una cifra que no sólo depende del suelo, sino de las expectativas de beneficio de las empresas, en base a las cuales éstas eligen unas u otras modalidades residenciales.

Sea como fuere, lo cierto es que el Ayuntamiento tiene planes para frenar tal caída demográfica. Pondrá en carga en los próximos ocho años terrenos aptos para 63.388 viviendas. Su ubicación -los distritos Bellavista-Palmera, Cerro-Amate y Este- dibuja justo el modelo urbano de desarrollo elegido por la ciudad, en cuyo término hacen falta 25.000 viviendas protegidas. El nuevo PGOU repartía en origen su cupo residencial entre la renta libre (35.000 pisos; el 59 por ciento) y la VPO (25.000; 41 por ciento). Tras un acuerdo con la Junta, estos porcentajes mutan en beneficio de los pisos protegidos, que crecen hasta las 37.000 viviendas (61 por ciento). Los libres serán 26.000 (un 43 por ciento del total). A corto plazo, el Consistorio plantea dar prioridad a los grupos sociales con niveles medios de renta. Algunos de estos proyectos, como el de Sevilla Este, ya están en marcha. Son la muestra del avance de la Sevilla interior. Una nueva ciudad que crece dentro de la propia ciudad. De su éxito depende este intento por frenar el exilio demográfico, cuya causa real no fue otra que la ausencia de una verdadera oferta inmobiliaria a precios adecuados. Justos pero limitados. Precios razonables.

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