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Cuando cierran los bares, abre el arte

  • Antología. La artista Alexandra del Bene celebra hoy su medio siglo de vida, de Roma a Sevilla, presentado en Triana un libro con los grafitis repartidos por toda la ciudad

Alexandra del Bene en el bar Dos de Mayo. Alexandra del Bene en el bar Dos de Mayo.

Alexandra del Bene en el bar Dos de Mayo. / Juan Carlos Muñoz

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Antes del mayo francés, en 1968 hubo un febrero italiano. El 15 de febrero de ese año nacía en Roma Alexandra del Bene. Palíndromo del Amor que se celebra en las vísperas, que ayer además coincidieron con el Miércoles de Ceniza y el comienzo de la Cuaresma. Esta romana trashumante que antes de llegar a Sevilla residió en la Toscana, Los Angeles y la India, apaga sus cincuenta velas de una forma muy particular: hoy presenta sus ObrasIncompletas -siempre anda con algo nuevo- recogidas en el libro 6 años pintando Sevilla. Lo presentará en el Espacio Museo Triana (19:00, calle Callao, 16), escoltada por Miguel Senovilla, industrial del calzado y cliente de la artista, el pintor Patricio Cabrera y el autor de su primera entrevista en la ciudad.

Una empresa norteamericana de alquiler vacacional organizó un tour para clientes por algunos de los locales que llevan la rúbrica de Alexandra del Bene en forma de grafitis. Como Sevilla es su casa, ella intervino en sus calles, esas habitaciones al aire libre donde con la salvedad de estos fríos transcurre buena parte de la vida de sus habitantes.

Ayer dio una conferencia en la Olavide sobre arte urbano sostenible, "los profesores se quedaron sorprendidos de que ni uno solo de los más de cien alumnos se levantara", y después acudió para la sesión fotográfica al último de sus trabajos, la serie de dibujos para las puertas del Dos de Mayo, en la esquina de Baños con Cardenal Spínola. Este bar se une a ese circuito con, entre otros, clásicos de la Sevilla de los mostradores como El Rinconcillo, Casa Vizcaíno, La Flor de Toranzo o Bodeguita Romero. Locales de la guerra, la posguerra y hasta del siglo XVI. Actuaciones originales como los animales de fábula del bar Mil Caras, Jesús del Gran Poder esquina con Santa Ana.

Seis años en esos museos a la intemperie donde Murillo encontraba los personajes que pintaba al natural. Sevilla fue la Nova Roma del Renacimiento en la formulación culta de Vicente Lleó Cañal. Un vínculo que Alexandra ha renovado con su manera de entender el arte y la vida, que los entiende como sinónimos.

En sus vaivenes artísticos, ha cruzado el puente de Triana muchas veces, desde la calle Harinas hasta San Jacinto; desde la Alameda a la azotea de San Jorge donde en vísperas de una Feria de San Miguel retó a los Torquemadas de Barcelona con un Morante daliniano acompañado en el paseíllo de póquer por El Fandi, Padilla y Castella, muy cerca de la calle Castilla. En Sevilla se estrenó como grafitera muy cerca del mercado de la Feria, en la calle González Cuadrado, pintando la fachada de la Escuela Infantil El Patio. Madre de Isabella, también ha dejado su impronta en Nueva York, Costa Rica y El Castillo de las Guardas.

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