Patrimonio | el estado de los cenobios sevillanos

La clausura, cuando el convento se hunde

  • San Leandro, Madre de Dios y Santa Inés son los tres cenobios sevillanos que presentan un estado alarmante

  • Sobreviven a duras penas con la venta de dulces

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Tejados hundidos, humedades, estancias clausuradas, tesoros a punto de perderse para siempre... De los quince conventos de clausura femeninos que quedan en Sevilla, hay tres que atraviesan una situación muy delicada y necesitan ayuda urgente: Madre de Dios, San Leandro y Santa Inés.

El primero lleva casi dos años con la iglesia cerrada a cal y canto y con un alarmante riesgo de derrumbe sin que las administraciones hagan nada por solucionarlo, pese a la ayuda prometida. San Leandro necesita acometer unas obras urgentes en la Casa del Portero, y todavía sufre las secuelas de las obras realizadas recientemente por el Ayuntamiento, que si bien solucionaron algunos problemas, han dejado otros. El caso de Santa Inés es también sangrante, con un convenio suscrito con la Junta de Andalucía hace más de 25 años para su rehabilitación que ha quedado prácticamente en nada. Además, las monjas clarisas se enfrentaban a una multa de Cultura por restaurar sin los oportunos permisos el famoso órgano de Maese Pérez.multa que ha sido sufragada por las hermandades del Martes Santo.

La iglesia de Madre de Dios está cerrada desde 2014 por un problema estructural importante

Los tres conventos sobreviven a duras penas con la venta de dulces, que se multiplica durante esta época del año con la exposición que a principios de diciembre se realiza en el Alcázar. Gracias a la campaña de Navidad consiguen recaudar fondos suficientes para sobrevivir durante todo el año, aunque las apreturas para llegar a fin de mes son grandes, además de no poder hacer frente a los gastos imprevistos. Los tres conventos están en una situación límite y no pueden caer en el olvido.

Las religiosas dominicas, agustinas y clarisas Madre de Dios, San Leandro y Santa Inés se han acostumbrado a vivir entre andamios y puntales preguntándose cuál será la siguiente estancia del cenobio en derrumbarse y cuál será la cantidad de dinero que deberán invertir en su reparación. Todos estos conventos son Bienes de Interés Cultural, auténticos tesoros que en sí mismos son joyas, pero que, además, guardan obras de arte de gran valor. Son inmuebles con muchos siglos a sus espaldas, construcciones enormes para acoger a las pocas monjas que quedan.

La ruina es imparable en Madre de Dios y cada día que pasa el riesgo de derrumbe en buena parte del convento crece. Afortunadamente, no ha habido grandes lluvias este otoño, un factor que agrava todavía más la situación. Las monjas del convento de la calle San José prácticamente se han olvidado ya de la zona conocida como El Palazuelo y la Casa del Capellán, en un estado totalmente ruinoso desde hace años. En estas estancias se alojaba la reina Isabel la Católica cuando visitaba la ciudad. De aquello, hoy sólo quedan un puñado de tejados vencidos, vigas rotas y un manto de excrementos de paloma. Las monjas confían en sacar adelante un proyecto para transformar El Palazuelo en una hospedería.

Las monjas dominicas vienen invirtiendo desde hace muchos años el dinero que les deja la venta de dulces en diferentes obras. La recuperación se ha centrado hasta ahora en hacer más habitables las zonas utilizadas por las religiosas. Se reparó la lavandería, el claustro y la zona de labores y las celdas. El problema ahora se centra en la iglesia, cerrada desde el año 2014 por graves problemas estructurales, que generaron desprendimientos. La estabilidad del conjunto está seriamente comprometida. También está clausurado el coro. Para su restauración existe un anteproyecto de obra, pero se carece de los fondos necesarios. En 2016, las religiosas recibieron la noticia de que en los presupuestos municipales se incluía una partida de 300.000 euros para Madre de Dios. Este dinero, de momento no ha llegado, y mientras lo hace, el deterioro es cada vez mayor.

El compás de entrada de Santa Inés está en un estado calamitoso, como casi todo el edificio

En San Leandro, el día a día de las 18 monjas agustinas es angustioso, como relataba hace unos meses a este periódico Sor Natividad, superiora de la congregación. Estas monjas están acostumbradas a los sobresaltos. Todavía están pagando un préstamo derivado de un juicio que perdieron por unas obras que realizaron en un apartamento anexo. Con lo que les renta la venta de yemas y magdalenas, básicamente entre octubre y Navidad, apenas tienen para llegar a fin de mes. Cualquier imprevisto es un verdadero quebradero de cabeza en un convento de unas dimensiones considerables.

Ahora tienen que afrontar un gasto de más de 110.000 euros en unas obras urgentes en la llamada Casa del Portero, que Urbanismo obligó a apuntalar hace unos meses por el peligro de desplome de los tejados. También se encuentra en una situación similar la biblioteca, que fue desmontada y trasladada a otro lugar. Por si esto fuera poco, el Ayuntamiento les ha pasado una factura de 8.600 euros por la retirada de las protecciones de la fachada de la calle Zamudio, una cantidad que han tenido que aplazar al no disponer de fondos. Estas protecciones, para más inri, causaron un grave deterioro en los paramentos y del coro alto, al introducir todo el agua de la lluvia. Pese a todos estos imprevistos, la comunidad no pierde la sonrisa y confía en la providencia y ayuda de los fieles y sevillanos para realizar la obra en la Casa del Portero y hacer una hospedería que les pueda rentar en un futuro. Además, el duque de Segorbe, a través de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, se ha ofrecido a restaurar el convento y organizar una visita conjunta con la de la Casa de Pilatos, que conecta con el cenobio mediante una galería construida en el siglo XVI. La recaudación por la visita a San Leandro iría de manera íntegra a la comunidad.

Especialmente sangrante es el caso del Monasterio de Santa Inés, fundado por Doña María Coronel en 1374. Más allá de la polémica y la multa impuesta por la Delegación de Cultura por la restauración del órgano que inspiró a Bécquer la leyenda de Maese Pérez, las religiosas tuvieron que acometer este verano unas obras de urgencia en el edificio, 25 años después de firmar un convenio con la Junta de Andalucía que no se ha cumplido cumplir. Según este acuerdo, las comunidad cedía los antiguos dormitorios para si transformación en sala de exposiciones, con una cesión de uso por 50 años. A cambio, la Junta iba a invertir casi 2,5 millones de euros en la rehabilitación integral del monasterio. Pero la actuación quedó en la construcción de quince celdas, la instalación de un ascensor y una intervención mínima en el refectorio y la sala de profundis.

Santa Inés presenta un riesgo de derrumbe inminente y una degradación generalizada. La actuación del verano se centró en el compás de entrada, fundamentalmente en la casa del Capellán y la portería, que sigue en muy mal estado, para que las personas puedan acceder a la iglesia y al torno. Otras zonas con graves problemas son el claustro renacentista del Herbolario, el deambulatorio alto, con las pinturas del XVI en un estado catastrófico, el claustro alto, que se encuentra apuntalado y cuyas pinturas al fresco necesitan una intervención urgente. Los valiosos bienes muebles del monasterio también necesitan una restauración perentoria.

Además de la venta de dulces en el Alcázar, los conventos realizan actividades durante los días de Navidad para recaudar fondos que reviertan en su rehabilitación. El de Madre de Dios organizó el drama litúrgico sobre textos de Santa rosa de Lima Mercedes Divinas, y el de San Leandro, un rastrillo solidario en el compás de entrada los días 21, 22 y 23. Allí se pudieron comprar dulces y la artesanía que elaboran las monjas. Los recursos obtenidos se destinaron al arreglo de los tejados.

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