Una deuda que se salda con mil libros

  • La editorial Punto Rojo cumple después de cien años el propósito de Aníbal González, emblemático arquitecto de la Exposición del 29, de crear en la Plaza de España una biblioteca pública al aire libre.

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Una centuria con todos sus días y sus noches. Ése es el tiempo que ha tardado la ciudad de Sevilla en saldar la deuda personal que tenía con el arquitecto Aníbal González, quien ideó la Plaza de España para la Exposición Iberoamérica de 1929 y que se ha convertido en uno de los lugares más emblemáticos de la capital andaluza. Concretamente, los editores de Punto Rojo Chema García, Enrique Parrilla e Iván Parrilla han sido los encargados de conciliar a la plaza con uno de los propósitos que se marcó el edificador sevillano cuando ideó este enclave: convertirlo en una biblioteca pública y al aire libre para oriundos y visitantes. Ayer, cerca de mil libros fueron depositados en las estanterías de los bancos de este espacio anexo al Parque de María Luisa por el equipo de la editorial con el objetivo de hacer realidad aquel pensamiento.

La idea de Aníbal González, "el arquitecto más universal que ha dado esta ciudad", en palabras de Iván Parrilla, fue que en los anaqueles que hay a cada lado de los asientos de las 48 provincias españolas representadas se almacenasen libros relacionados con dicha región, según explicó ayer la responsable de prensa de la editorial, Laura Bernal. La iniciativa de los editores de Punto Rojo se ha inspirado en este proyecto inacabado para homenajear al pulmón sevillano en su centenario y, además, poner en marcha una iniciativa cultural novedosa en la ciudad que promoviese el intercambio y la cultura. "Esto no lo hacemos para regalar libros, sino para fomentar la lectura y el flujo de ejemplares", aclaró Iván Parrilla.

Aunque estos empresarios han sopesado la posibilidad de que los tomos vayan desapareciendo poco a poco, confían en la posibilidad de que el público responda con responsabilidad y colaborando en la iniciativa. Cada texto de los que ayer fueron donados lleva una pegatina que explica cuál es el funcionamiento idílico del proyecto. Quien se lleva un libro ha de devolverlo una vez leído y, además, puede aportar ejemplares propios a la nueva biblioteca pública y compartir a través del hastag #libroslibres las obras que toma prestadas, las que dona o hacer recomendaciones. Iván Parrilla también aprovechó el acto para hacer un llamamiento a los demás entes culturales de la ciudad, a los que animó a tomar nota y participar. Entonces, supuso Parrilla, podría constituirse oficialmente la nueva biblioteca y ordenar los libros por géneros, ya que los textos, entre los que había desde obras clásicas hasta tratados de filosofía y novelas, se depositaron al azar.

"Se conocieron en Madrid y se enamoraron locamente". Esta frase, entonada por una amiga, fue la que ayer motivó a una joven sevillana a llevarse a casa una de las novelas de los recién estrenados estantes de la Plaza de España. Varias personas acudieron a la cita conocedores de la iniciativa de Punto Rojo, mientras la mayoría, turistas o viandantes, se toparon con ella por casualidad. Éste es el caso de Jaime Ortiz, un alicantino que está de viaje en Sevilla con su familia y que valoró muy positivamente la idea: "Todo lo que sea inducir a la gente a consumir cultura es digno de aplausos". No faltaron a la cita algunos de los autores de la cartera de Punto Rojo como el cirujano cardiovascular Reza Hosseinpour, autor de Making sense of bullfighting (Dar sentido a la tauromaquia), uno de los libros sobre toros más vendidos en Amazon. O Manuel Baro, que contó a los presentes de qué trata ¿Cuándo se tuerce el dedo de Dios?, la obra que pronto presentará en sociedad y que ha escrito a sus 82 años.

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