La gélida venganza del solsticio

Comentarios 2

LA gélida venganza del solsticio de invierno. Así podría denominarse la llamativa polémica política -esto, al parecer, también es política, aunque con minúsculas- que esta semana han protagonizado el gobierno local (PP) y los dos grupos de la oposición (PSOE e IU) a cuenta de un vídeo promocional cuya intención oficial era animar a los turistas a venir a Sevilla durante las inminentes fiestas de Navidad. Como supongo que a estas alturas ya habrán visto la singular pieza -por llamarla de alguna manera- les ahorro los detalles descriptivos. Tampoco es que el asunto tuviera demasiado guión: tres Reyes Magos durmiendo una siesta al sol y con moscas en la plaza del Triunfo con el lema: En Sevilla, como un Rey. ¿Minimalismo retórico o pensamiento simple? Más bien lo segundo. Aunque quizás la intención fuera la primera. En todo caso, el resultado salta a la vista: el PP municipal ha parido un ratón.

La oposición (PSOE e IU) argumenta que dicha campaña dibuja a los sevillanos como vagos, perezosos y muestra una imagen de Sevilla instalada en el tópico: un lugar en el que el calvinismo tiende a confundirse con la alopecia y cualquier análisis se reduce a la habitual expresión costumbrista: Ojú. Igual que en las comedias del tardofranquismo, donde el sevillano (el andaluz, en realidad) era el criado gracioso que tanto hacía reír al resto de españoles.

Es de suponer que el autor de la magna obra audiovisual lo que ha querido es ser gracioso. Que ya se sabe que no es lo mismo que tener gracia. El edil responsable de la iniciativa -Gregorio Serrano, uno de los hombres fuertes del gobierno de Zoido- insiste en que la oposición ve fantasmas donde no los hay, repite que su intención al promover dicha promoción es atraer a los turistas, "que quieren descansar, no que les demos un pico y una pala" y alega en su defensa que la oposición "no tiene ningún sentido del humor". Lo mejor ha sido su magnífica coda: "Que tengan más respeto a los parados. Además, los Reyes Magos no son sevillanos, sino de Oriente".

A tenor de tan elaboradas explicaciones, conviene hacer -sin ánimo de ofender, obviamente, que uno es de natural pacífico y el tema tampoco merece hacer demasiada sangre- menos todavía tratándose de estos asuntos tan en-tra-ña-bles, algunas reflexiones. Empecemos por la más sencilla. Una simple constatación: los Reyes Magos de Oriente son los padres. Dicho esto, y lamentando quebrarle acaso un mito -a todos nos pasaba de pequeños- al señor teniente de alcalde de Economía, Empleo, Turismo y Fiestas Mayores (singular asociación, por cierto), pasamos al fondo de la cuestión. ¿Necesitaba Sevilla reiterar su enorme carpeta de tópicos para vender su imagen al exterior? Dicho de otra forma: ¿El retrato que queremos transmitir de nosotros es justamente el de gente indolente y con tendencia a ser la estampa de una obra teatral de los Álvarez Quintero?

Quizás la cosa no sea para tanto. Tenemos dramas más graves de los que ocuparnos. Rasgarse las vestiduras por un vídeo quizás algo desafortunado -la campaña ha costado 35.000 euros, usados en hacer una inútil afirmación de principios que además no es compartida por todos- no parece ser un rasgo propio de gente templada, seria, ni profesional.

La oposición busca cualquier pretexto para erosionar la imagen del gobierno de Zoido, centrado ahora en disfrutar de la final de la Copa Davis, su particular Versalles de tierra batida. Lo llamativo es que el PP colabore tanto con ellos en la tarea de facilitar tan elemental estrategia. Porque una cosa es meridiana: si el vídeo ha generado discusión -lejos de la versión triunfalista del gobierno local, que dice que así está teniendo mucha más repercusión- es porque no responde demasiado bien a su objetivo: ser suficientemente atractivo, que no es lo mismo que controvertido, para incrementar las pernoctaciones turísticas.

Claro que todo esto se ve de forma diferente según quién mire. Escandalizarse por este tipo de asuntos a algunos -ahora- les parece todo un pasatiempo inútil. Extraordinario sentido de la templanza. Quizás convendría preguntarse -y contestarse, aunque esto ya es cosa de cada cual- si en su día no fue igualmente exagerado organizar un aquelarre contra el portavoz de IU por llamar a la Navidad "solsticio de invierno".

La anécdota, que sencillamente ilustra la obsesión de la coalición de izquierdas por tratar de marcar distancias con las fiestas religiosas (algo excesiva, quizás; pero una elección política al fin y al cabo), fue elevada precisamente por muchos de quienes ahora ven el asunto de los Reyes Vagos como una cuestión menor al rango de categoría. Incluso al de ofensa pública. Por lo visto aquella frase, inusual, pero que en el fondo no traicionaba a la historia -salvo que uno la conciba bajo un único prisma: el dogma de fe-, en su momento fue considerada un ataque frontal en toda regla contra la tradición secular española, que sólo admite el hecho de celebrar la Natividad coincidiendo con la fiesta astral del invierno. Notable.

Lo mismo, curiosamente, ocurrió con la iluminación navideña del centro. Cuando el anterior gobierno municipal decidió reducir su coste para ahorrar y evitar un gasto público cuyos beneficiarios, en parte, eran también privados, se montó otro escándalo mayúsculo. Si ahora hace lo mismo, por ejemplo, el alcalde de Tomares y presidente del PP de Sevilla, José Luis Sanz, estamos ante un hecho digno de aplaudir con vehemencia. Misma decisión. Valoración distinta, según quien la adopte. Juzgar entra dentro del ejercicio de la libertad personal. Bien. Pero no puede negarse que existe una doble vara de medir. Y un estimable desprecio a la inteligencia.

el bucle psicológico

El gobierno local, acostumbrado todavía a estos vicios de la oposición, sigue inmerso en su particular bucle psicológico. Hasta el punto de pagar con dinero público esta campaña de promoción para darse el gusto de vengarsedel solsticio, ridiculizando una vez más -cosa que lógicamente honra a quien pone en práctica estos honorables procedimientos, y que dice mucho de su extraordinaria madurez- aquella célebre ocurrencia del portavoz municipal de IU sobre la Navidad. Tanta obsesión con Torrijos resulta preocupante. Convendría tratársela. ¿O acaso es lógico reivindicar como una victoria política el lema En Sevilla se llama Navidad? ¿Y cómo se llama la Navidad en Soria? La enfermedad, en todo caso, es antigua: Chaves Nogales ya bromeaba con la obsesión sevillana de enaltecer hasta lo superlativo las singularidades de Sevilla -en su caso, de la calle Feria- sin caer en la cuenta de que en el mundo existen cientos de calles similares. Iguales. Idénticas. Aldeanismo, se llama la figura.

A fin de cuentas, toda esta guerra nominativa -Navidad o solsticio, calendario gregoriano o juliano, creer en la mandala oriental o en el rito maorí- tiene poco que ver con la verdadera identidad de la ciudad, sino con la costumbre de algunos de alzar banderas -frente a los otros- sólo para poder reafirmarse en sus propios dogmas particulares. Algo que resulta todavía más inexplicable si se goza de mayoría en el Pleno. Sevilla necesita proyectar una buena imagen de sí misma si quiere atraer inversiones, empleo y turismo. Pero esto se logra con una gestión eficiente más que enfundándose en la bandera de Don Pelayo -que sí, era un rey- para desacreditar a los demás. Sin olvidar que toda esta vaina se monta por la Navidad, la fiesta de la concordia y de la hermandad mutua. Laus Deo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios