Los invisibles

"Un año se grabaron doscientos y pico discos de sevillanas, eso no era normal"

  • De Murcia a Sevilla por Madrid. Con ilustres mediadores. Vivió en las mesas de sonido el auge de las sevillanas, carnavales y músicas procesionales. Y algún declive

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GRACIAS al profesor de Física y Química que le enseñó a hacer una radio de galena y al cura que dirigía la Escolanía de la catedral de Murcia, José Torrano (Murcia, 1948) entró en el misterio de Paco de Lucía y Camarón.

-¿Cómo accede al mundo de la grabación?

-Me fui a Madrid a estudiar Telecomunicaciones, y en tercero lo tuve que dejar por problemas económicos. Por una amiga, hermana de un compañero de carrera, Merche Valimaña, del trío La,la,la, me hicieron una prueba en Fonogram y entré como ayudante de grabación en 1972.

-¿Entra en contacto en Madrid con la música andaluza?

-Allí grababan muchos guitarristas y cantaores. Una de las primeras grabaciones que hice fue la de Paco de Lucía y Camarón juntos. En el disco Fuente y caudal incluía el guitarrista la famosísima rumba Entre dos aguas que lo descubrió en España, porque el mundo hacía tiempo que lo había descubierto. Un excelso guitarrista, grandísima persona. El maestro.

-¿Y Camarón?

-Mi último año en Fonogram, 1979, me dicen que necesitan a alguien que grabara de tarde-noche, más bien por las noches. Yo era soltero, sin compromiso, vivía en una pensión. Pregunté de qué se trataba. Un disco de Camarón, por primera vez con guitarra eléctrica y sintetizadores. Nada menos que La leyenda del tiempo. Con grupos andaluces como Dolores o Tartesos, que más tarde se llamarían Alameda.

-¿Entró la transición en los estudios?

-Eran años apasionantes. Yo viví, grabándole a Víctor Manuel, cómo le cambió Ana Belén. Tuvimos que sustituirle con un silbido una palabra muy gruesa en un disco que le dedicaba a Fraga Iribarne.

-¿Cuándo aterriza en Sevilla?

-Salgo de Fonogram y hago cosas que no tenían que ver con la música. En 1982 había vuelto a Murcia, con mi madre, y me llamó un antiguo compañero de trabajo. En Sevilla necesitaban un técnico de grabación. Llegué en septiembre de 1982.

-El mismo año que Monseñor Amigo, el Mundial de Fútbol y que Felipe ganó las elecciones...

-Mi llegada fue más traumática. Le grabé a gente como La Canastera o Paco Taranto. Cobré el primer mes, al segundo los que me contrataron, de la firma SurcoSur, se quitaron de enmedio. Quedaron en el retortero un montón de trabajos y gente sin cobrar.

-¿Se volvió a Murcia?

-Tuve la suerte de que el dueño de ese estudio era un señor de Chiclana, Rafael Izquierdo, que tenía una fábrica de cassettes y trabajaba mucho el Carnaval. Confió en mí y cambió la cerradura por si volvían esos caraduras. En una semana grabamos quince discos de Carnaval. Pasaron chirigotas, comparsas, el cuarteto del Peña y el Masa. Y grabamos las sevillanas del búcaro de Los del Guadalquivir que fueron el pelotazo en la Feria de 1983. Un año decisivo.

-¿Por qué?

-El 2 de abril entré en Alta Frecuencia cuando tenía los estudios en la calle Santa Clara. Una empresa familiar de los hermanos De la Cueva a la que he pertenecido casi treinta años.

-¿Allí vivió el 'boom' de las sevillanas?

-El auge y el declive. Los artistas ya no tenían que grabar en Madrid. En un año grabamos doscientos y pico discos de sevillanas. Una salvajada. No era normal. El año que nos trasladamos a la calle Goles las sevillanas empezaron a decaer y por contra empieza a resurgir la música de Semana Santa. Por aquí han pasado todas las bandas. Incluida la de Soria 9 con los músicos de uniforme cuando eran de reemplazo y hasta una banda de cornetas y tambores de León.

-¿Una grabación que le marcó?

-Recién llegado a Alta Frecuencia, a la sombra de la torre de don Fadrique, tuve el privilegio de grabar con don Antonio Mairena. Su último disco, El calor de mis recuerdos. Cuando Luis de la Cueva, que era director de Pasarela, fue a Madrid a recoger los discos, nos enteramos de su fallecimiento. Por horas no llegó a tenerlo en sus manos, su gran sueño cuando fuimos a visitarlo al hospital.

-El último disco de Mairena y el primero del nuevo Camarón. Los dos bandos del flamenco...

-Cuando Camarón se rompió, probó con lo que se llamaría fusión. La crítica fue bastante negativa, pero el tiempo pone las cosas en su sitio. El disco fue muy denostado; el mundo gitano no lo entendió, iban a las tiendas a que les devolvieran el dinero del disco, decían que no era Camarón. Los riesgos de adelantarse a su tiempo. Y el acierto y la intuición de Ricardo Pachón.

-¿Baila sevillanas?

-Sólo las bailé el día de mi boda.

-¿Se hizo de alguna hermandad de las que fueron a grabar?

-Me casé en el Cachorro, pero por razones profesionales no soy de ninguna. Me debía a todas.

-¿Las nuevas tecnologías han cambiado la mentalidad de los músicos?

-Te hablo delante de una mesa de grabación inglesa que compró mi jefe en una feria de París. Ya se trabaja con magnetófonos digitales de 24 pistas. Antes no había vuelta atrás, o lo hacías bien o no había control z como en los ordenadores. La gente venía mejor preparada. Ahora se viene con una preparación bastante precaria a ver lo que sale en el estudio. Ahora no saben, experimentan.

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