Calle Rioja

La gran semana del amigo de Alatriste

  • Encuentro literario. Tres días después de presentar con Pérez-Reverte su última entrega de la saga, Rafael de Cózar fue premiado por la tertulia Los Mercuriales.

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No ha estado mal la semana para Rafael de Cózar. Desde que le llegó la cátedra, no para de recibir honores, y aunque la palabra comparte la fuente etimológica de los honorarios, en este caso los ingresos se refieren al ámbito del afecto y el reconocimiento. La noche del sábado, este poeta para dentro y profesor para fuera (durante muchos años enseñó español para extranjeros en la Universidad Hispalense) recibió en su segunda edición el premio que concede la tertulia literaria Los Mercuriales de Plata, que en su primera edición compartieron el escritor Antonio García Barbeito y el torero José Antonio Morante de la Puebla.

Tiene que ser complicado llevarle la agenda a Rafael de Cózar, y eso que ya la aligeró cuando dejó de ser presidente de la sección andaluza de la Asociación Colegial de Escritores de España que a nivel nacional lideraba su íntimo amigo Andrés Sorel. Esta Asociación Colegial colaboró en la edición de un Diccionario de Autores, un Quién es quién en las Letras españolas. Se editó en 1988 y ya entonces Rafael de Cózar (Tetuán, 10 de abril de 1951) era alguien en el gremio. En aquel volumen, obviamente incompleto por lo que fue añadiendo el curso de los años, aparecía su obra multiplicada en tres géneros: en narrativa, El motín de la residencia; en poesía, Sinfonía en num. 1 en negro de Cózar,Entre Chinatown y River Side y Qadish: muestra de poesía gaditana; y en ensayo, Formas difíciles de ensayo literario, Cuerda andaluza de pícaros, murcios y embaucadores y Polvo serán, poesía erótica actual.

Hace unas semanas presentó en la Biblioteca Infanta Elena su obra poética Los huecos de la memoria; no pudo acudir a la presentación del libro de Joaquín Arbide Sevilla llena eres de gracia, del que es uno de sus animadores, porque se encontraba participando en Cádiz en un homenaje a su gran amigo Carlos Edmundo de Ory, el fundador del postismo que se disfrazó de Mefistófeles cuando pregonó el Carnaval de Cádiz de 1983. El miércoles acudió con Juan Eslava Galán a la convocatoria de su particular seleccionador, Arturo Pérez-Reverte, para presentar la séptima entrega de Alatriste, el libro titulado El puente de los asesinos. Pérez-Reverte le ha dicho a José Joaquín León que en los planes educativos españoles falta una asignatura sobre Quevedo. Dicho la misma semana que recibió el doctorado honoris causa de la Universidad de Sevilla el hispanista John H. Elliot, que dedicó media vida a seguir la pista biográfica del conde-duque de Olivares.

La semana de gloria la cerró Cózar con una velada literaria en el restaurante El Fogón de Leña. El mismo escenario donde el profesor y escritor José Manuel Gómez Fernández, a punto de estrenarse como novelista, creó la tertulia Los Mercuriales, que en ese ágora gastronómica se reúnen una vez al mes. Ahora que han pasado las elecciones, se puede utilizar ese latiguillo electorero para utilizarlo con conocimiento de causa. Sobran los motivos para premiar a Rafael de Cózar.

A ese palmarés del diccionario de autores editado cuando era un treintañero hay que añadirle muchas más cosas: finalista de los premios de poesía que tenían como padrinos a Ricardo Molina en Córdoba y a Rafael Montesinos en Sevilla; ganador en Murcia del premio de novela Mario Vargas Llosa con su obra El corazón de los trapos. Lautaro Editorial Ibero Americana lanzó a los cuatro vientos del idioma el libro de poemas de Cózar titulado Ojos de uva: el autor, con flema beatnik y underground, aparecía en una portada en la que se precisaban los destinos de esa vendimia poética: Buenos Aires, Chicago, Los Ángeles, Nueva York, Sevilla. Entre las cinco ciudades, las dos que optarían a la organización de la Exposición Universal de 1992, aunque Chicago enseguida le dejó a Sevilla el terreno expedito.

Cózar le dedica ese libro al editor Ángel Leyva y a la dueña de los ojos de uva, Katie King, periodista norteamericana que pasó una temporada en Sevilla. Entre sus ocupaciones, figuró la de profesora de inglés de Román Orozco antes de que el periodista de Iznatoraf marchara a Estados Unidos como delegado del grupo 16. Fue en esa década de los ochenta cuando Sevilla acogió un Festival de la OTI y el poeta, flamante Mercurial de plata, hizo un original comentario de texto de las canciones concursantes.

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