La huella genética del mal

  • El número de delitos esclarecidos por la Policía Nacional se incrementó en un 20% en los últimos tres meses · La clave de este éxito es la ley que permite tomar muestras de ADN a todos los detenidos

El día de Navidad de 2006 un hombre abordó a una joven que esperaba el autobús en una parada próxima al edificio Viapol. Le tapó los ojos, la amenazó y la arrastró a una obra cercana, donde la violó reiteradas veces. La Policía Nacional inició una investigación que terminó semanas después sin encontrar al culpable. Sólo había una pista. Un resto de sangre del violador quedó en la ropa de la víctima y la unidad de Policía Científica extrajo el ADN. Los investigadores tenían el perfil genético del violador, pero faltaba su identidad.

Pasó el tiempo y en noviembre de 2007 entró en vigor la nueva ley del ADN, una normativa estatal que establece la obligatoriedad de tomar muestras genéticas a todas las personas detenidas por las Fuerzas de Seguridad del Estado, mientras que antes sólo podían realizarse estas pruebas con el consentimiento del detenido o con una orden judicial. Ya con este texto en vigor, fue detenido un día en Sevilla un hombre por el robo de un coche. Como marca la ley, los agentes le tomaron una muestra de saliva para obtener su ADN y almacenarlo en la base de datos de la Jefatura Superior de Policía.

Nadie sospechaba que aquella prueba rutinaria pudiera ser tan fundamental para esclarecer la violación de Viapol. El perfil genético del ladrón de coches se introdujo en los archivos y sorprendentemente coincidía con el de la sangre que había en la ropa de la joven violada un año antes. La prueba es tan sólida como que la posibilidad de que haya dos personas con el mismo ADN es de una de cada 8 trillones de seres humanos, es decir, miles de millones de veces toda la población del planeta.

Éste es quizás el caso más llamativo de los que han pasado en los últimos meses por las dependencias de la Policía Científica de Sevilla. Posiblemente antes de la llegada de esta ley del ADN no se hubiera podido resolver, si bien el asunto está pendiente de juicio. Pero no es el único. Sólo en los tres meses que lleva esta norma en vigor, la Policía ya ha logrado incrementar en un 20 por ciento el índice de delitos esclarecidos.

El director del laboratorio biológico de la Jefatura Superior, Mariano Perelló, cree que la estadística será mucho más favorable conforme avance el tiempo. "Cuando pasen dos o tres años podremos tener el ADN de toda la población delincuente de Sevilla. Esto facilita mucho las cosas a la hora de resolver los delitos. Posiblemente se triplique pronto el número de casos esclarecidos".

Asesinos, violadores, agresores sexuales, ladrones, atracadoresý Los análisis biológicos han servido para imputar a todo tipo de delincuentes, reforzando siempre otras pruebas menos sólidas como las declaraciones de los testigos. Los investigadores de la Policía suelen preferir siempre una buena inspección ocular de algún delito que a un testigo, que puede luego desdecirse. "En el caso de un crimen, por ejemplo. La Policía detiene a un hombre por la muerte de otro y resulta que hay sangre de la víctima en la camisa del detenido. Nosotros no decimos que lo haya matado, sino que estuvo allí y se manchó la camisa de sangre. Si luego otras unidades como Homicidios prueban que el detenido y la víctima estaban enemistados y que los vieron discutir, pues el caso está claro. Ahora bien, también exculpamos a gente, no sólo inculpamos".

Los agentes de la unidad científica dividen las pruebas en dos tipos: indubitadas y evidencias. Las primeras son las que tienen un origen conocido, en las que la Policía sabe quién es la persona que porta ese ADN. En este grupo entran las que se realizan ya a todos los detenidos. Las evidencias son aquellas otras que se recogen en los lugares en los que se ha cometido un hecho delictivo, como una sucursal bancaria que haya sido atracada o un coche robado, por ejemplo. La clave para identificar al delincuente y poder imputarle la autoría del delito está en que coincidan ambas muestras, que la indubitada de la persona en cuestión sea la misma que aquel resto biológico que había en lugar del crimen.

Claro que la nueva ley también tiene su contrapartida. La carga de trabajo que soporta el laboratorio es enorme. Durante el año pasado las dependencias de Sevilla (que también cubren las provincias de Huelva, Cádiz y Córdoba) analizaron 4.000 muestras y en 2008 es muy posible que se duplique esa cifra. Ello ha obligado a reforzar la unidad con dos nuevos agentes. Actualmente la componen nueve, entre los que hay cinco biólogos y cuatro químicos.

El laboratorio de Sevilla es el segundo de España tanto en medios como en número de muestras, después del que tiene la Dirección General de la Policía en Madrid. Está dividido principalmente en tres partes: la biológica, la química y balística.

El laboratorio de ADN está distribuido igual que una vivienda, de forma que los restos son sometidos a una serie de pruebas que conforman un circuito. La primera estancia es el almacén. A través de una puerta se accede a otra habitación en la que se realiza una selección de las pruebas. De ahí se pasa a la extracción del ADN, en un proceso que consiste básicamente en separar el resto biológico de su soporte (por ejemplo: separar la sangre de la camisa) y en romper las membranas de las células para llegar h asta el ADN. Esta fase puede hacerse de forma manual o automática. La primera es más lenta pero más precisa, ya que una persona sólo puede sacar 16 muestras en tres horas cuando un robot saca 76 en el mismo periodo. Sin embargo, la persona obtiene más información genética que la máquina.

Luego viene un proceso llamado PCR (acrónimo que en español corresponde a la frase Reacción en Cadena de la Polimerasa). La primera PCR es cuantitativa y sirve para saber que realmente se ha obtenido ADN de la muestra, confirmar que es de un ser humano y no de un animal y cuantificar la cantidad que se ha sacado.

Después viene una segunda PCR. El ADN de una persona es similar a una escalera de caracol con miles de escalones. La Policía opta por trabajar sólo con 16 regiones de este ácido, en el que la manera en que se repite la información es lo que hace distintos a unos seres de otros. Esta parte del trabajo la realiza un secuenciador que envía los datos a un ordenador y saca miles de millones de copias de cada región, marcando el número de repeticiones.

Uno de los trabajos más frecuentes de esta unidad es la identificación de cadáveres. Los casos más complejos son aquellos en los que los cuerpos están destrozados o ha pasado mucho tiempo desde su desaparición hasta el hallazgo del mismo.

El responsable del laboratorio recuerda un asunto no demasiado lejano en el tiempo. En estas dependencias se tomaron muestras a los padres de Joaquín Leal Bermúdez, médico de Coria del Río asesinado en Oslo. Los resultados de los análisis fueron remitidos a la Policía noruega para que los comparara con el ADN del cadáver y se consiguió establecer con certeza que aquel cuerpo que apareció enterrado en la nieve en un bosque de Noruega era el del médico sevillano.

De todos los servicios prestados destaca uno por encima de todos: la detención del violador del Fremap, condenado recientemente a 50 años de cárcel por abusar sexualmente de cuatro mujeres.

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