Un joven abogado de noventa años

  • Distinción. El Colegio de Abogados de Sevilla entregó a Manuel Clavero Arévalo la primera medalla de honor de la institución reconociendo su trayectoria y seis décadas de colegiado

EN la octava planta de un edificio de la plaza de Cuba se vivió el primer acto del XIX Congreso Estatal de la Abogacía Joven que en la tarde de ayer se inauguró en Sevilla. Un joven abogado de 90 años llamado Manuel Clavero Arévalo (Sevilla, 25 de abril de 1926) recibió ayer en su domicilio, "mi casa y la vuestra", la medalla de honor del Colegio de Abogados de Sevilla, institución en la que ingresó el 19 de julio de 1956.

El joven abogado hizo del Derecho uno de los pilares de su vida. Fue pasante de Adolfo Cuéllar en Sevilla y en Jerez, aprovechando sus milicias universitarias, de otro don Adolfo "que todos los años me manda un verso". El hombre que fue catedrático, rector y ministro, "un ministerio muy jurídico", el joven colegiado que presume de bisabuelo y de bético, sigue con los pies en el suelo. "En este oficio hay que tener mucha humildad y ningún engolamiento, no creer que uno lo sabe todo ni despreciar al compañero aunque siempre duele perder un pleito".

José Joaquín Gallardo, decano del Colegio de Abogados de Sevilla, le hizo entrega del galardón con un escudo colegial labrado en la orfebrería de Marmolejo. Su hija Guadalupe mostró la condecoración, la primera de estas características que entrega el Colegio. La próxima se le entregará a Manuel Olivencia.

Antonio Moreno Andrade, en representación del Consejo del Poder Judicial, evocó su magisterio diario en la sala de lo Contencioso Administrativo, "donde don Manuel sigue siendo don Manuel, no le hacen falta apellidos". Clavero bromeó con un acto organizado por los médicos donde el "don Manuel" al que se referían era Lopera.

Noventa revoluciones de los claveles en su 25 de abril. Una estela viva. Una antorcha del Derecho que mantienen algunos de sus hijos y tres de sus nietos: Mercedes Luque Clavero, sevillana de 1991, "cumplo años en abril, igual que mi abuelo", es abogada en un prestigioso bufete; Rafael Ferrater Clavero también ejerce la abogacía; Blanca Clavero Cabrera nació el día de Reyes de 1992, el año del pregón de Semana Santa de Moreno Andrade, y la víspera de la medalla de su abuelo acabó Criminología.

El acto empezó con un moderado retraso porque esperaban la llegada en el Ave desde Madrid de Victoria Ortega Benito, presidenta del Consejo General de la Abogacía Española, un colectivo que agrupa a 180.000 abogados y en torno al cuarto de millón de colegiados. En 1980 no llegaban a los 50.000. "Nada más llegar a Sevilla he podido comprobar el respeto y el afecto que le tiene la gente a don Manuel".

En la biblioteca de Manuel Clavero siempre está a la vista el libro Sevillanos, de Atín Aya, una colección de fotografías impresionantes, desde el zapatero de la calle Galera al alguacil de la Maestranza o el barbero de Santa María la Blanca. El título del libro le viene como anillo al dedo al pasante de los Adolfos. Más que gentilicio, es sevillano por su don de gentes, más amigo de la gente que del gentío. Se sigue sintiendo joven. "No he perdido la mente. He perdido la rodilla, quizás de tanto jugar al tenis, pues empecé con 18 años y no lo dejé hasta los 82". En la mesa también le acompañaban por el Colegio Óscar Cisneros, Juan Mora y Débora Delmás Lirola, tesorera, y Guadalupe Ternero, esposa del galardonado.

Muchos de los colegiados han sido sus alumnos. "Somos legión los que conseguimos sobresaliente en Derecho Administrativo con don Manuel", dijo Gallardo, que comparte con el ex ministro médico de cabecera. De otros dos ex ministros que aparecen en todos los telediarios, Clavero recuerda como alumno a Chaves, no así a Griñán. "Eran de mi curso", apunta Moreno Andrade.

De todos los cargos que ocupó el abuelo de la abogada y la criminóloga, el más difícil fue el de rector. "Cuando no era el gobernador, eran los estudiantes que habían colocado banderas rojas y republicanas". No olvida un episodio que también recoge Alfonso Guerra en sus Memorias como detonante de su complicidad política con Felipe González. "Estaba de rector cuando vino Fraga. Creo que el que lo trajo fue Ignacio María de Lojendio. Los alumnos vieron una ocasión magnífica de armar jaleo. Y se armó. Algunos de los que participaron, después han sido catedráticos de Derecho Constitucional".

Los goles fuera de casa valen el doble, dice la ecuación balompédica. Y los galardones ganados en casa no tienen precio. "Esto no lo olvidaré jamás", dijo el anfitrión emocionado a sus invitados. Se cumplió lo que pidió el decano: "Protocolo, el indispensable".

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