Los invisibles - Carmen Conde

"Hay libros que son un tostón, pero no acabarlos es pecado"

  • Carmen Conde. Estudió Enfermería y los libros le han curado casi todo. Es la lectora de La Norte, faro libresco en la Alameda. Hija y viuda de guardias civiles, adora a Ken Follett.

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TODOS los días son el Día del Libro para Carmen Conde, el mismo nombre que la primera mujer que entró en la Academia de la Lengua y que la esposa de Juan Tribuna. Nació en Aroche y llevó la vida itinerante de ser hija y esposa de guardias civiles.

-¿Cuándo llega a Sevilla?

-Con once años. Nací en Aroche (Huelva), donde mi padre era sargento. Lo destinaron a Sagunto, volvió a Huelva, en Paymogo, en la frontera con Portugal, lo ascendieron y vinimos a Eritaña.

-Siempre leyendo en La Norte...

-Tengo seis nietos y en vez de juguetes siempre les regalo libros.

-¿Su libro favorito?

-El mío y el de mis hijos es Sinuhé el Egipcio. Tengo dos ejemplares porque uno se estropeó de tanto leerlo. También me gusta mucho las novelas de Pearl S. Buck. ¿Has leído La Tabla Esmeralda?

-Ken Follett ha venido a Sevilla.

-He leído todos sus libros. Me encanta su forma de contar. Matilde Asensi me chifla.

-Todo el mundo habla de Cervantes y el Quijote...

-Yo le cogí un poco de manía porque en el colegio te obligaban a leerlo despiezado. Mi padre era acérrimo del Quijote, siempre estaba contando anécdotas de ese libro, y de Aladino y la lámpara maravillosa. Mi madre, que siendo de un pueblo de Teruel era muy andaluza, contaba las historias como nadie. Mis amigas venían a casa sólo por escucharla.

-¿Leer es de mujeres?

-En mi familia, las que más nos cambiamos los libros somos las mujeres. Mi nuera siempre me está pidiendo libros. Inmaculada, mi hija mayor, se acuerda del título de todas las novelas que leo. La llamamos el Almanaque.

-¿Toda vida es una novela?

-Yo creo que sí. Me casé hace cincuenta años y en 1966, jovencísima, me fui con mi marido a San Sebastián. Tengo un recuerdo maravilloso de los vascos. Mis hijas son muy sevillanas, pero las dos mayores nacieron en San Sebastián. Mi marido se iba a pescar. Vivíamos en Fuenterrabía y él estaba destinado en el puente de San Diego, frente al Bidasoa.

-¿Tiene un ritual de lectura?

-Cuando murió mi marido, cambié la ruta y la rutina. Así fue como descubrí este bar, La Norte Andaluza. Me hice amiga de las dueñas, Rosa y Carmen. Todos los días me vengo aquí, desayuno, charlo con ellas, leo un poquito, voy a misa y vuelvo a casa a hacer las cosas. Después hago un poquito de pilates.

-¿Le ayudan los libros?

-Para mí han sido los mejores amigos. Desde que murió mi marido hace seis años mis hijos me han visto llorar muy poco. No quiero que tengan dos penas. Él se ponía a ver la tele y yo me salía a leer en el patio. Ahora no puedo. Prefiero leer en la calle. Los primeros libros que leí después de morir mi marido fueron El tiempo entre costuras, Criadas y señoras y Dime quién soy. Los compré juntos. El último de Julia Navarro me gustó menos.

-¿Qué hace si no le gustan?

-Dejar un libro sin leer es un pecado, pero algunos son un tostón, como el último de Kate Norton o el de Reyes Monforte sobre un músico ruso. Un libro no es escribir por escribir.

-Un paseo por el 'best-seller'. ¿A la lectora de La Norte le gusta 'La Reina del Sur'?

-Pérez-Reverte no me convence.

-¿Y Carlos Ruiz Zafón?

-La sombra del viento me la leí de un tirón. El tercero lo he tenido que empezar tres veces.

-¿Y 'La catedral del mar'?

-¡Por favor! El segundo y el tercero me gustaron menos. Suele pasar. Me pasó igual con la segunda de María Dueñas. La tercera sí me ha gustado mucho.

-¿Es lectora mitómana?

-Un día volvía de comer en casa de mi hijo, en San Bernardo, y estaba en la Feria del Libro Julia Navarro firmando libros junto a Ángeles Caso. Yo ya tenía el libro, ¿para qué lo iba a comprar otra vez? Preferí que me firmara uno de Sevilla José María de Mena.

-Ángeles Caso fue finalista del Planeta el año que ganó Cela...

-No es de mis autores preferidos. A veces no entiendo cómo la gente tiene tanta fama.

-¿Y Vargas Llosa?

-He leído dos novelas suyas.

-¿Sabe con quién está?

-Claro. Pero el ¡Hola! sólo lo hojeo en la peluquería.

-¿Un fenómeno que la atrapó?

-La trilogía de Larsson. La empecé a leer en un viaje a Turquía.

-¿Leer es la forma más barata de viajar?

-Es vivir otras vidas, otras épocas. Se pueden mezclar las dos cosas. Mis hijas dicen que soy una revolucionaria, porque país que visito, se arma. Fuimos a Túnez y al año siguiente se produjo la revolución. Algo parecido pasó en Egipto. Lo había planificado con mi marido y por desgracia tuve que irme sola. Un país magnífico.

-¿Leer le ha permitido superar el duelo?

-Los libros son la mejor compañía, el mejor remedio para la depresión. Mi hijo se casó un Sábado Santo y un Sábado de Pasión, cuatro años después, murió mi marido. Lo enterramos el Domingo de Ramos de 2010. En el entierro, el marido de una amiga me dijo algo que quedó grabado: necesitamos un día para nacer, otro para morir, los demás son un regalo.

-¿Su próxima lectura?

-La chica del tren. Tengo una libreta con todos los libros que le presto a mis hijas.

-Aute tiene un poema contra el 'ebook'...

-No me gusta el libro electrónico. Mis hijas me lo querían regalar. Me gusta apuntar el día que lo empiezo, el que lo acabo y un resumen de lo que me ha parecido.

-¿Libros para la playa?

-Los de Luisa-María Linares.

-¿Cambiaron los hábitos?

-Antes muchas casas sólo tenían la Biblia y el Quijote. Un libro era un tesoro. Dicen que es caro, más caro es el cine con las palomitas.

-¿Le gustan más las novelas que las películas?

-Palmeras en la nieve la he leído dos veces. Le película se me pasó. Dicen que la música y los paisajes están muy bien. Ya no la ponen en el Alameda Multicines. Tendría que ir a los Arcos o a la estación de Córdoba.

-Muy lejos de La Norte...

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