Metrópolis · Pino Montano

El norte, un sur sin postales ni pregones

  • La SE-30, el Carrefour y las torres de Nueva Torneo forman la nueva iconografía de un barrio populoso donde se ganan y se pierden alcaldías.

  • Un Macondo donde quedan en la memoria el cortijo de Sánchez Mejías y el manicomio

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Aquí también fueron primero los fenicios y luego los romanos, los visigodos y los árabes. Primero los comerciales, un sentido de trueque simbólico, de productos al aire libre, sin orden y sólo algún concierto. Más adelante, la plaza de abastos, muy justamente junto a la calle Delineantes que indica planimetría, proporción, cuadrícula, cuartelá.

Rebato del tiempo. "Rebato es un toque de campana urgente". Lo dice el autor del libro con ese título. Es un lujo para el barrio de Pino Montano tener entre sus vecinos, llegó allí con un año en 1979, a todo un premio Adonais. Y es un privilegio para el periodista contar con guía tan preciso, tan prosaico en la definición del territorio de Pino Montano.

En las calles Pintores y Enfermeras había viviendas reservadas a familias numerosas

Igual fue doña Elena, su profesora de quinto en el colegio Félix Rodríguez de la Fuente, la que le inoculó a Carlos Vaquerizo esta pasión, los cimientos para escribir cosas como ésta: "Lento tren que atraviesas / mi pueblo y mi nostalgia, / llévame con sus silbos / si no vas a volver". Para un niño, el barrio es como un pueblo, la gran ciudad. "Veníamos del Polígono San Pablo a unos pisos que hicieron para familias numerosas. Éramos dos hermanos, metimos en el lote a mi abuela materna, Enriqueta, y a mi abuelo paterno, Aniceto Vaquerizo Sombrerero, que tenía nombre de personaje de García Márquez y vivió varios años en la calle Acetres donde nació Cernuda".

"Aquí empiezan los oficios", Esta frase es equívoca en Domingo de Pregón, pero en Pino Montano se refiere al callejero: Bordadoras, Pintores, Enfermeras. La apoteosis gremial que continúa en los alrededores de la plaza de abastos, donde tiene su final de trayecto la línea 13 de Tussam, que con el 12 cubre la demanda de los vecinos del barrio o de quienes quieran visitarlo.

El poeta llega a Pino Montano literalmente a gatas en 1979. El año de las primeras elecciones municipales de la democracia, cuando la ciudad descubre que tiene barrios. La SE-30 era una quimera, igual que la ronda de circunvalación que delimita el barrio por su parte más septentrional. Es la zona por donde mora el espíritu de la generación del 27. "Allí estaba el cortijo de Pino Montano, igual me llegó a mí la inspiración poética por el limo que dejaron en el tiempo las juergas que se pegaban el torero y sus amigos poetas". Dicen que Fernando Villalón, el poeta que soñaba con los toros con ojos verdes, tuvo por allí su ganadería. Y que a ese trasiego debe su nombre la calle Camino de los Toros.

La cita con el poeta es el Telepizza junto a la SE-30. Los nombres de las calles son por allí de mares: Mar Jónico, Mar Tirreno, Mar Adriático. Aguas que invocan a Ulises y a Agamenón. De ahí el nombre oficioso de la subbarriada: los Mares, que se impuso al oficial de Nuestra Señora de Consolación. Ambos compatibles con una tercera denominación, el barrio de la Patá. "Eran pisos que ya estaban adjudicados, como no daban las llaves los vecinos entraron pegándole una patada en la puerta".

Es hora de recreo y se oye el bullicio de los escolares. Además del Félix Rodríguez de la Fuente donde estudió el poeta, detrás del mercado y de la iglesia de San Isidro Labrador, la más antigua -después construyeron la de Jesús de Nazaret- están tres colegios en un palmo de terreno con los nombres imperiales de Adriano, Trajano y Teodosio. Para compensar el privilegio de los fenicios o de los cartagineses.

Pino Montano es el barrio populoso en el que se ganan y se pierden elecciones. "Hay una agrupación socialista muy fuerte y yo recuerdo mítines multitudinarios de Alfonso Guerra y de José Rodríguez de la Borbolla". El poeta jugaba de portero en el equipo del barrio "cuando cada calle era tu patria chica y retabas a partidos a otras calles". El mismo barrio donde creció Javi Varas, el portero de la cantera sevillista que le paró un penalti a Messi y ahora juega en Las Palmas. "De aquí también eran Corrales y Grande. De niño, el día no tenía fin. Eras feliz con una pelota y un bocadillo. Te sentías como un pequeño Garcilaso: ora la pluma, ora la espada". El sueño que Carlos Barral le contaba a Jaime Gil de Biedma. "Ganarte la vida gloriosamente metiendo goles al Real Madrid y luego escribir poemas. Garcilaso hacía eso, sólo que vestido de armadura".

De la época de las familias numerosas, en vías de ser una antigualla demográfica como la mili o la máquina de escribir, queda el recuerdo de la fiesta que organizaba en un patio comunal la Asociación Los Numerosos. Las Damas, así se llamaban, se sumaron organizando unas cruces de mayo que dejaron de ser costumbre para ser costumbrismo.

Barrio de porteros: uno le paró un penalti a Messi, el otro ganó el Adonais de Poesía

Parques de media Andalucía le dan nombre a las grandes calles, algunas con honores de avenida, que circundan el viejo Continente rebautizado Carrefour. La gran referencia comercial del distrito Norte y de la Macarena. Parque de Grazalema, de Cazorla, de los Alcornocales, del Torcal de Antequera. El nombre de la barriada es un homenaje a las coníferas. Un tipo de pino, masculino del estado de Montana bañado por las aguas del Missouri. En los Mares de Pino Montano desemboca el Guadiamar. "Como decía Borges, las coartadas, los azares", explica el poeta. Juan Nepomuceno Rodríguez-Ponce se hizo cargo del bar Guadiamar en 1984 y decidió mantener el nombre. "Yo soy de por allí, de Villalba del Alcor", dice el propietario después de poner un café riquísimo. La patria de los descubridores. Si Colón descubrió América, Sevilla la descubren Robles, Modesto y los argonautas vinateros de El Cairo y El Espigón.

El poeta es profesor de Lengua y Literatura en el colegio Rodrigo Caro de Coria del Río. El día de la visita tiene clase, "hablaré de los Siglos de Oro", y comerá en casa de sus padres, Luis, que trabajó de cobrador de recibos en una empresa de Transportes, y Juliana, que la víspera le preparó un puré de calabacines con picatostes. El poeta tiene un hermano prosista que trabaja en el sector de la hostelería.

Los comerciales y la plaza de abastos conviven en perfecta sintonía. Hay un Polvillo junto a un Supersol, que antes fue Cobreros. La madre del poeta sigue yendo a la Droguería Manolita y él todavía recuerda con asombro la semillería donde todo lo daban al peso. Suele comprar el periódico en la Papelería y Librería. Una joven nos precede. No quiere nada de Dante ni Petrarca. "¿Tienen el Supertele?". El poeta vive de las letras pero no le hace ascos a los números. En la bonoloto tenía un euro. "El Adonais no tiene remuneración económica. Te da muchas satisfacciones, prestigio y la oportunidad de dar conferencias y hacer algún viaje como el que hice a Lima. Con el Ciudad de Pamplona sí gané tres mil euros". Una quiniela de trece.

Surcan el tablero de paralelas y perpendiculares los autobuses de Tussam y por arriba, a muy baja altura, los aviones, esos toros voladores con los ojos azul cielo. Siguen los oficios en el callejero. Hay una calle Alarifes, como el nombre que le dieron a su caseta de Feria los colaboradores del arquitecto Rafael Manzano.

Pino Montano es el Macondo de la infancia de varias generaciones, cuando el centro de Sevilla era el Polo Norte. Por un lateral se asoman las torres de Nueva Torneo, estampa futurista de arquitectura-ficción. En el barrio propiamente dicho, se impone el realismo. Horno Cipriano suena a antiguo, pero se ha tenido que modernizar, a juzgar por su repertorio de ofertas: Bocadillos, Recargas de Móviles, Bonobús.

Al cortijo de Pino Montano había que ir en taxi "porque era inaccesible". Por allí estaba la venta Avelino. El barrio acogió el psiquiátrico de Miraflores. "Los veías a veces paseando por aquí, a uno le decían el Batallita". La sede del Partido Comunista da cobijo a la Agrupación Antonio Díaz y al Colectivo V.I. Lenin. Parecen los números romanos que adornan los nombres de Papas como Pablo VI o reyes como Felipe VI, pero son las iniciales de Vladimir Ilich Ulianov.

La farmacia de la licenciada Alicia Fajardo o el estudio de Danza de Vanessa Valero se anuncian en la calle Parque Torcal de Antequera. Cerca de unos mares con aviones y autobuses a los que sólo les faltan los barcos.

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