Los parásitos del niño

  • Los gatos y perros son los principales portadores de los insectos que se transmiten en clase por el contacto de los alumnos.

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"No tiene mayor importancia que la picadura de un mosquito". El dermatólogo Julián Conejo Mir zanja así la alarma suscitada estas últimas semanas ante el cierre de tres colegios -dos en la capital y uno en Carmona- por varias plagas de pulgas. Aunque a priori se piense lo contrario, la aparición de estos parásitos (al igual que los piojos y las garrapatas) no está relacionada con la salubridad de los centros, las condiciones económicas de su entorno o la higiene de los alumnos. Los niños se encuentran expuestos continuamente a estos insectos de los que pueden contagiarse con bastante facilidad, sólo con el contacto, y para los que hay que tomar varias medidas preventivas adecuadas.. Evitar zonas donde suelen abundar estos insectos y desparasitar a los animales de compañía constituyen las mejores herramientas para no infectarse.

Manuel Rojas Álvarez, profesor titular del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina, de la Universidad de Sevilla, ha estado trabajando en el entorno de uno de los colegios que ha suspendido sus clases por la plaga de pulgas. Prefiere no desvelar el nombre del centro para no "estigmatizarlo". Ante todo deja claro que en este asunto "no hay que levantar alarma social", pues las picaduras de este insecto son como las de un mosquito "aunque algo más pruriginosas", es decir, que su picor es más intenso. En este caso, se ha detectado que el origen de la plaga se encontraba en un establo cercano al colegio que llevaba tiempo abandonado. Hay que tener en cuenta que las pulgas, en estado larvario, poseen una gran capacidad de resistencia para el ayuno. Pueden llevarse hasta un año sin alimentarse. Por tal motivo, cuando detectan un mamífero cerca lo atacan picándolo.

El dermatólogo Julián Conejo explica que a los parásitos, cuando chupan sangre fresca, les quedan pocos días de vida. Su sistema disgestivo se denomina probóscide, compuesto por una trompa que introduce en la piel de un mamífero para chupar la sangre, que luego mezclan con su saliva para evitar que se coagule. Este líquido provoca la picadura y la alergia en la piel.

El principal riesgo de las pulgas, según recuerda el profesor Rojas, es que puedan transmistir agentes patógenos y con ello provocar una enfermedad. Para constatar este extremo hay que extraer el ADN de la pulga.

En este punto conviene recordar los distintos estados del ciclo biológico de dicho parásito. Aquí hay que remontarse al momento en el que la pulga hembra es fecundada y deposita un huevo en el suelo (llega a poner entre 20 y 50 al día). De él sale la larva, que es una especie de gusano que se alimenta de materia orgánica, generalmente en zonas abandonadas que han estado ocupadas anteriormente por mamíferos. A falta de estos desperdicios, su comida son las heces de la pulga adulta, formada por sangre seca. La larva se convierte en pupa, similar al capullo de seda. Cuando recibe un estímulo -como puede ser una vibración- rompe el envoltorio y emergen los adultos, es decir, la pulga que se nutre de sangre fresca.

El principal problema para combatirlas radica en la fase de pupa, pues en los estados anteriores es fácil acabar con ellas. Ya adultas son más visibles y su vida, bastante efímera. Una vez que se ha detectado su presencia, el remedio más eficaz es la fumigación con permetrina, una sustancia química que hace las veces de insecticida y con ínfimo riesgo para la salud del ser humano y las mascotas domésticas. Precisamente, los gatos y perros son los principales portadores de pulgas, de ahí que también se aconseje el uso de productos antiparásitos para evitar el contagio. Collares, medicamentos orales o esterilizadores de pulgas contribuyen a erradicar este insecto.

Los animales de compañía también son portadores de garrapatas, otro de los parásitos de fácil contagio para los niños (y también en los adultos). Aunque su picadura tampoco debe provocar la alarma, sí puede llegar a complicarse más que la de la pulga. En el peor de los casos, como recuerda el profesor Rojas, produce una parálisis flácida ascendente, que, de no controlarse a tiempo, puede ser grave. Aunque resulta extraño que ocurra en los colegios, la garrapata transmite la fiebre botonosa mediterránea (o tifus). Se le conoce así porque genera en la zona de la picadura una mancha oscura en forma de botón. Provoca fiebre alta, dolores de cabeza, articulación y musculares, además de fotofobia (intolerancia a la luz). Si el niño ha estado en zona de matorrales o ha pasado un día en el campo, siempre es conveniente examinarle el cuerpo antes de ducharse para comprobar si tiene alguna garrapata.

El 99% de los casos de picadura de pulga o garrapata, según el dermatólogo Conejo, se curan con el uso de una crema que contega corticoide. Una precaución importantísima es evitar que el niño se rasque la picadura para que no se le infecte.

Los piojos conforman el tercer grupo de parásitos al que más se exponen los niños a su contagio en clase. La pediculosis suele propagarse a través del contacto de un cabello con otro, por lo que se recomienda lavar el pelo y tener una melena corta o recogida para evitar que se propaguen.

Aunque menos frecuente, otro insecto que puede afectar a los escolares es el flebotomo, conocido también como papalotilla. Pasa por los mismos estados evolutivos que la pulga, pero, a diferencia de ella, su picadura puede dejar cicatrices de especial importancia en la piel y afectar a determinadas vísceras. En la piel llega a provocar la leishmaniosis, una úlcera cutánea que con el tiempo cicatrica. Más grave es la inflamación si la picadura se produce en el hígado o el bazo.

Los alumnos no sólo están expuestos a la infección por contacto, también por la ingestión de alimentos crudos. A través de ellos, hay un riesgo elevado de contagio de enterobiasis o lombriz blanca, que se localiza en la zona cecal (un segmento del tracto gastro intestinal). La giarda, de igual modo, es frecuente encontrarla en estos nutrientes. Se asienta en el duodeno. La mejor forma de combatirlos es lavando bien estos alimentos, especialmente la verdura.

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