calle rioja

Un pasodoble en la boda de su nieta

  • Popular. Recuerdo de Manuel Vaquero, medalla Pro Eclessia del Vaticano, gerente del Economato de las hermandades del Casco Antiguo y animador de un coro musical familiar

Manolo Vaquero, primero a la derecha, con tres de sus hijos, Marisa, su mujer, y un sobrino. Manolo Vaquero, primero a la derecha, con tres de sus hijos, Marisa, su mujer, y un sobrino.

Manolo Vaquero, primero a la derecha, con tres de sus hijos, Marisa, su mujer, y un sobrino. / juan carlos muñoz

Se lo pidió a su primera mujer, Pilar Ruiz, pero al morir ésta ha sido la segunda, Marisa Pandelet, la que ha cumplido con el deseo de Manuel Vaquero (1930-2018) de que lo enterraran con la túnica de nazareno del Cristo de Burgos. Qué portada más hermosa para una reedición de la Semana Santa de (Antonio) Burgos: Manolo, como lo conocíamos todos los que lo seguimos queriendo, envuelto en ese negro de Miércoles Santo con las llaves de San Pedro, el gesto sereno, rodeado de sendas coronas de los Javieres y de la Hiniesta.

El periódico del día 3 de enero, el día que falleció, era toda una esquela, porque he visto pocas personas que tanto disfrutaran con el vicio diario de comprar el periódico, éste que tienen en sus manos y en sus ojos y que ha ganado un suscriptor en el cielo. Yo he perdido un lector, Esperanza, la librera de El Gusanito Lector, ha perdido un cliente y Pedro Juan, el párroco de Ómnium Sanctórum, el cura que llegó a la calle Feria con escalas en Casariche y Aznalcázar, un feligrés.

A su primera mujer la conoció en las clases de laúd; a la segunda, en el coro de la iglesia

Como los vaqueros del Oeste, me decía cada vez que le preguntaba por la primera letra de su apellido. Nació el 16 de diciembre de 1930 y creció en la calle Palacios Malaver, donde está la bodega del Mudo Mateo. Con Pilar tuvo dos hijos: José Manuel, virtuoso del piano y la zanfoña, músico del grupo Arte Factum, conocido como el Pájaro en esos entornos, y Mercedes, profesora de Griego en el colegio de la Sagrada Familia de la calle Fresas. No hace falta saber Latín para deducir los méritos por los que el Vaticano le concedió a Manuel Vaquero el título de Pro Eclessia, el único laico junto a Francisco Moreno, el mudo de Santa Ana, que ha conseguido ese reconocimiento pontificio en Sevilla.

Con Marisa, su viuda, duplicó la descendencia con Irene y Manolo. A sus dos mujeres las conoció Manolo gracias a la música, su gran pasión. Con Pilar, la primera, coincidió en las clases de laúd, un instrumento que llegó a dominar hasta el punto de enseñar a tocarlo a algunos de sus compañeros en Siemens. A Marisa la vio por primera vez en los ensayos del coro de Ómnium Sanctórum, iglesia de la calle Feria en la que la familia Vaquero ha estado amenizando la misa del Gallo con sus villancicos durante más de treinta años.

Fue hermano mayor de Todos los Santos, la hermandad de gloria que debe su nombre a la iglesia donde ahora los domingos no volverán a ser iguales sin su alegría, su sonrisa. Su fe no era de quedar bien o cumplir con un rito: fue gerente del Economato Social de la Fundación Benéfico Asistencial del Casco Antiguo en el que participaban 32 hermandades, la parroquia de Ómnium Sanctórum y la Delegación de Asuntos Sociales del Ayuntamiento. Manolo coordinaba la tarea de los 150 voluntarios que atendían a familias con necesidades en una sede que por razones de espacio se trasladó desde la calle Peral a Narciso Bonaplata.

La pena por su muerte se mezclaba con la alegría de lo mucho que ha dejado. A sus seres más queridos, el consuelo de regalarles una muerte tranquila, homologable con el sueño de quien ha terminado la jornada laboral de una vida; a su nieta Irene, el obsequio impagable de bailar un pasodoble con ella en su boda, en la que además tocó la bandurria. "Fue tan emocionante que todos se pusieron a llorar y nadie lo grabó en video", decía su nieta en el tanatorio, que recordaba el día que ya mermado en sus facultades por la enfermedad cogió un autobús y la visitó en El Palo, Málaga, donde ejerce la docencia.

Trabajó en una ferretería, coincidió con Salvador Távora en el servicio militar y se recorrió toda Andalucía como representante de la casa Siemens. La imagen que acompaña esta crónica pertenece a las Navidades de 2003 y en ella aparece Manolo Vaquero con sus hijos Mercedes, José Manuel y Manolo, con Marisa, su mujer, y un sobrino. El Coro de los villancicos de Ómnium Sanctórum que se habían convertido en una institución en la Misa del Gallo en la iglesia de la que sale la única hermandad con el gallo de las negaciones de San Pedro, el Carmen Doloroso.

Manolo era más creyente que capillita, un sevillista sin fobias, enamorado de su familia y de su ciudad. La Navidad es la época del año en la que esos dos amores encajan de la mejor manera posible. Fiel a las tradiciones, se fue con el tiempo justo para volver a demostrar empíricamente que es una falacia esa estupidez propagada por algunos ganapanes de que los Reyes son los padres.

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