José Aguilar Villagrán. Periodista.

"El primer objetivo de alguien que llega al Gobierno es no salir jamás de él"

  • Es uno de los grandes séniors del periodismo andaluz y, tras décadas de oficio, mantiene la curiosidad por una actualidad que disecciona con pulso de cirujano en su columna 'La esquina'

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-Nació en Trebujena, un pueblo de la Andalucía jornalera.

-Mis orígenes son humildes. Mi abuelo paterno era un jornalero de Bollullos, mi padre comerciante y mi madre ama de casa.

La mayoría de los políticos son honrados, pero mediocres. Ahora más que antes"

-¿Qué tipo de comercio?

-Uno de esos en los que se vende de todo, como en el Oeste, aunque oficialmente era de ultramarinos. Mi abuelo materno era el posadero del pueblo, por lo que crecí en una casa enorme.

-Era una Andalucía muy pobre.

-Totalmente subdesarrollada. Por ejemplo, la instalación eléctrica era muy precaria y, cuando llovía, se iba la luz veinte o treinta días. Trebujena era un pueblo de jornaleros, pero curiosamente muchos de éstos tenían un pequeño terreno, lo que suponía un colchón social importante. A pesar de esto, el pueblo siempre fue muy rojo.

-Sin embargo, su padre fue alcalde franquista.

-Fue el último alcalde de Franco y estuvo en el cargo unos quince años. Lo dejó en 1979, cuando llegó la Democracia. Era un hombre de orden, honrado, y creo que lo hizo bien. No lo recuerdo fanatizado. Nunca lo vi de camisa azul.

"Durante mi época de jefe de informativos de Canal Sur, los partidos me hicieron la vida imposible"

-¿Y cómo le sentó que usted se hiciese comunista?

-Fatal y vivimos unos años de tensión, aunque algo amortiguados porque, por entonces, yo ya estaba estudiando en Madrid. El problema surgía durante las vacaciones.

-La suya fue una historia muy común en la época. Quizás hoy se está dando una imagen del tardofranquismo un tanto distorsionada, como si hubiese dos Españas absolutamente separadas y que no tuvieron lazos en común.

-Hubo muchos ejemplos. José Daniel Lacalle fue detenido por militar en el PCE cuando su padre era ministro del Aire. Durante el tardofranquismo, el régimen estaba ya muy debilitado. A mi hermano lo detuvo la Brigada Político-Social en Jerez -creo recordar que uno de los que intervino fue el padre de Inés Arrimadas- y él mismo me comentó que la situación no tuvo ningún dramatismo porque los propios policías sabían que las cosas habían cambiado y que, probablemente, estaban deteniendo a gente que iban a tener relevancia política en el futuro.

LO FUNDAMENTAL PARA NOSOTROS ERA LA LLEGADA DE LA DEMOCRACIA, NO LA AUTONOMÍA

-¿Qué le parece la Memoria histórica?

-La memoria es necesaria para no repetir los errores del pasado. De este movimiento veo bien la recuperación de los restos de las personas que fueron asesinadas durante la guerra y la posguerra. Pero no veo correcta la revisión que se está haciendo de aquellos años. La Transición supuso la reconciliación de las dos Españas y la Ley de Amnistía marcó claramente un punto y aparte que permitió avanzar al país.

-¿Cómo empezó su militancia comunista?

-En Trebujena, los jóvenes que de alguna manera teníamos una inquietud social y política nos aglutinábamos en torno a un párroco progresista, Antonio Mesa. A partir de ahí contacté con jornaleros que ya militaban en el Partido Comunista. El más importante fue Francisco Cabral -Paco el Vázquez, como se le conocía-, que sustituyó a Alberti en el Congreso y luego se pasó al PSOE. La militancia la dejé con la democracia.

-¿Desengaño?

-No, no fue eso. Al igual que otras muchas personas, yo militaba en el PCE porque era el lugar donde podía ejercer mejor mi oposición ética y estética al franquismo. Mi objetivo básico como militante era acabar con la dictadura y, una vez logrado, ya no consideraba necesario seguir en el partido.

-En aquellos años hubo muchos comunistas y muy pocos marxistas...

-Exacto. Entonces, en el PCE, te encontrabas a gente muy buena y también algún que otro petardo.

-¿Y el periodismo, le salió al paso o es una vocación?

-Es una vocación. Cuando aprobé el Preuniversitario tenía claro que quería hacer Periodismo pero, como era consciente de que en esa carrera no te cultivabas, decidí empezar antes Ciencias Políticas, donde me encontré con profesores muy interesantes y cualificados: Luis Díez del Corral, Maravall, Antonio Truyol, Mari Carmen Iglesias, Antonio Elorza... La Facultad de Políticas era un nido de demócratas. En la elección de esta carrera me influyó una cosa que le había leído a Antonio Gala, quien decía que Políticas era la bella inútil, porque no servía para nada. Lo cierto es que me aportó muchos instrumentos de conocimiento de la realidad y de crecimiento personal.

-Desde muy pronto empezó a colaborar con revistas que hoy son legendarias: Triunfo, Cuadernos para el diálogo, La Ilustración Regional... ¿Merecen la fama o es ante todo nostalgia?

-Eran islas de libertad en el tardofranquismo que fueron perdiendo su razón de ser al llegar la democracia. Cuadernos para el diálogo aglutinaba a todo el espectro de la oposición democrática al franquismo; Triunfo, era más vanguardista, con contenidos que no se podían leer en otros sitios; y La Ilustración Regional fue el intento de la burguesía liberal y democrática andaluza de tener una portavocía.

-Sin embargo, su primer trabajo fijo fue en el Sur, un periódico que entonces era del Movimiento. ¿Un joven rojo entre camisas viejas?

-Yo había llegado a Málaga como PNN de la Facultad de Económicas, cobrando una auténtica miseria y con una precariedad absoluta. Conseguí el trabajo gracias a un amigo, el hijo del barbero de Mijas, Joaquín Marín, que murió hace unos meses. Estando allí se produjo la inauguración de la nueva rotativa, que fue puesta en marcha por José Antonio Girón de Velasco, el llamado León de Fuengirola, que entonces ya no tenía ningún cargo en el franquismo.

-¿Y lo vivió como una contradicción?

-No, tenga en cuenta que uno de los grandes aciertos del PCE en tiempos de Franco fue el llamado "entrismo". Es decir, participar en organismos oficiales para destruirlos desde dentro. Ese fue el gran acierto de CCOO al infiltrarse en los Sindicatos Verticales. Llegó un momento en que la célula de periodistas comunistas más grande de España estaba en el diario Arriba. De mi paso por Sur viene mi afición a la política internacional. Conseguí que los domingos me dejaran hacer una página sobre esta materia, sabiendo que no la leería el director, un discípulo de Girón de Velasco. Allí hacía unos análisis de la actualidad internacional desde un punto de vista muy progresista, muy alejada de la línea editorial del Movimiento.

-¿Y se llevaba bien con los camisas viejas?

-La relación era buena. El director decía: "Aguilar es rojo, pero es eficiente". También recuerdo un redactor jefe que, cuando las primeras muestras de apertura del régimen, algo que desaprobaba, solía decir a gritos: "¡Tranquilidad viene de tranca!"

LLEGÓ UN MOMENTO EN EL QUE LA CÉLULA DE PERIODISTAS COMUNISTAS MÁS GRANDE DE ESPAÑA ESTABA EN EL 'ARRIBA

-Demos un salto para situarnos en el proceso de Autonomía, de alguna manera el proceso que ha marcado a su generación periodística. Casi cuarenta años después, ¿mereció la pena? ¿Ha resultado como creían que iba a ser?

-Las cosas nunca salen en la vida como uno pensaba. En líneas generales, la autonomía ha sido positiva para Andalucía. Pero creo que la región hubiese progresado igual o casi igual sin ella. Lo fundamental para nosotros era la llegada de la democracia, no la autonomía. Lo importante fue quitar el tapón del franquismo.

-Usted que ha visto tanto en política, ¿puede mantener algún grado de optimismo?

-En general, soy optimista con el género humano. Soy escéptico con la política en general, pero muy comprensivo con las personas en particular. Quitando los delincuentes, la mayoría de los políticos son honrados, pero mediocres. Ahora más que antes.

-Una crítica que se le hace a su generación de periodistas es su excesiva cercanía al poder, lo que quizás les ha restado agudeza crítica.

-No se puede generalizar, pero es verdad que en la primera etapa de conquista de la democracia y la autonomía hubo, quizás, una convivencia excesiva con los políticos, porque entonces éramos todos militantes. El objetivo era común. Pero con el tiempo eso se debe ir corrigiendo, porque, como suelo decir, el primer objetivo de alguien que llega al Gobierno es no salir jamás de él. Todas sus acciones desde el primer día estarán encaminadas a mantenerse en el poder... Y la de sus adversarios a quitárselo. Si uno quiere ser periodista de verdad debe ser desconfiado con el poder.

-Otro de sus hitos profesionales fue su paso por Diario 16, un periódico que marcó a una generación de andaluces pero que, sin embargo, fracasó. ¿Cuál fue su error?

-Fracasó porque no tenía un modelo de desarrollo empresarial. No fue capaz de generar los ingresos publicitarios para durar. Allí coincidió una generación de periodistas jóvenes y de mediana edad con talento que estaba muy entregada al oficio y que tenía una absoluta independencia de los poderes políticos.

-¿Tuvo algún maestro en periodismo?

-Bueno, tuve un maestro en la distancia, al que conocí pero con el que nunca trabajé: Manuel Vázquez Montalbán. En Andalucía coincidí con gente de mi generación bastante talentosa.

-Uno de sus momentos profesionales más complicados fue cuando llegó a jefe de Informativos en plena pinza, la coalición parlamentaria entre PP e IU para frenar el poder absoluto del PSOE.

-Tanto el nombramiento de Joaquín Marín como director general como el mío fueron pactados por PSOE -la minoría que gobernaba-, PP e IU. Fueron dos años en los que creo que los profesionales de Canal Sur fueron muy libres, pero en el que todos los partidos se sintieron molestos. Entre otras cosas porque acabamos con los cupos de tiempo de aparición en los informativos asignados a los partidos, para sustituirlos por un criterio profesional en el que debía primar la actualidad.

-¿Todos se sintieron molestos?

-Sí, todos. El primer día que llegué reuní a la redacción y les dije que, a partir de ese momento, ellos tenían que hacer su trabajo con un criterio exclusivamente profesional, y que las presiones que tuvieran me las desviaran a mí, que yo las asumiría.

-¿Muchas presiones?

-Bastantes. El PSOE creía que todo iba a seguir igual y el PP e IU pensaron que era su momento de apropiarse de Canal Sur. El problema era que todos tenían un concepto patrimonial de la televisión pública andaluza. Me hicieron la vida imposible.

-¿Terminó quemado?

-Terminé bastante cansado, pero la experiencia fue provechosa y creo que tuvo un cierto significado para Canal Sur.

-¿Será posible alguna vez una televisión pública independiente?

-El camino ya se sabe cuál es: despolitizar la gestión y dejar que los periodistas trabajen con lo que llamo la "subjetividad honesta". Nadie puede ser objetivo, pero sí honrado.

-Durante mucho tiempo ha sido articulista diario en el Grupo Joly. Actualmente, mantiene su columna, La esquina, los sábados y domingos. Decía Umbral que una buena columna debe tener algo de ensayo y algo de soneto, ¿cuál es su opinión?

-Que debe tener más de ensayo que de soneto. El columnista tiene el riesgo de hablar demasiado de sí mismo, de sus gustos y neuras, cuando su responsabilidad social es ofrecerle al público elementos de juicio para interpretar la realidad, pero sin imponer nada. Ante todo, debe ser respetuoso con la madurez del lector. Comprendo que haya columnistas que hablen de sus viajes o de lo que comen, pero yo no lo hago.

-El periodismo, dicen, está malherido. ¿Cómo lo ve usted?

-El periodismo como elemento de intermediación entre la realidad y los ciudadanos sigue siendo válido. Las nuevas tecnologías y las redes sociales han logrado universalizar el derecho a difundir noticias y opiniones, pero lo que no garantizan es lo que dice la Constitución: el derecho a recibir información veraz. ¿Qué tiene que hacer el periodismo para sobrevivir? Usar los nuevos soportes y hacer lo que le es propio: informar con subjetividad honesta y ofrecer elementos para enfocar las noticias. En definitiva, servir al público.

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