Manuel Moreno Alonso. Catedrático de historia contemporánea

"Tanto las clases altas como el pueblo acogieron con fervor a José Bonaparte"

  • Hombre de una dilatada experiencia investigadora en archivos españoles e ingleses, es uno de los mayores expertos en la Guerra de la Independencia, los afrancesados y los liberales.

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El plumilla ya no sabe si lo vivió, se lo contaron o lo soñó: Manuel Moreno Alonso temblando de emoción ante sus alumnos cuando les narró el día que se encontró un pelo de Josefina, la mujer de Napoleón, entre unos legajos. La anécdota probablemente sea apócrifa o esté deformada, pero retrata muy bien a un hombre que ha vivido la historia casi como un sacerdocio. Es notorio que tiene una de las bibliotecas privadas más extensas de Sevilla y que pasea todas las semanas el mercadillo del Jueves en busca de alguna sorpresa con su pinta de profesor oxoniense, su eterna pipa en la boca y la mirada sabia y escrutadora. "Hay una cosa que me ha librado de ser una rata de biblioteca. Mi afición a la caza". Esta pasión no sólo se refleja en su presencia en numerosas monterías y cacerías, sino también en una amplia colección de rifles antiguos cuyas marcas va recitando como un rezo antiguo y cuyas consonantes anglosajonas no pudo retener el plumilla en la memoria. La otra gran pasión de este solitario que vive entre Sevilla y su casa de la Sierra de Huelva, estancia que también ha sido colonizada por su biblioteca, son los viajes. Más de medio mundo ha sido hollado por este historiador sevillano que ha dedicado gran parte de su vida a seguir el rastro de un grupo que sigue siendo maldito en nuestro imaginario nacional: los afrancesados.

-Usted es un gran conocedor de la España napoleónica. Siempre se habla mucho del lado oscuro de la ocupación francesa, pero ¿todo fue negativo? ¿no hubo ninguna luz?

-Durante prácticamente dos siglos sólo se ha hablado de los aspectos negativos de la invasión francesa, omitiéndose algunos puntos positivos de la misma. Hay que tener en cuenta que hubo un importante intento de modernización que prefiguró de alguna manera lo que luego fueron las iniciativas de los gobiernos liberales del siglo XIX. Muchas veces, las acciones de los gobiernos españoles fueron más destructivas que las de José Bonaparte.

-¿Más destructivas?

-Sí, le voy a poner algún ejemplo. Se suele decir que el museo napoleónico del Real Alcázar se creó para que el Mariscal Soult se llevase las obras a Francia, algo que no es del todo cierto. Es verdad que el militar francés expolió algunos de los mejores cuadros, pero no las 1.000 obras que se guardaron en el Alcázar. Este museo se creó, fundamentalmente, para proteger a estas obras de los efectos de la guerra. Mucho más importante fue la pérdida de patrimonio durante las dos desamortizaciones, cuyas consecuencias en este sentido fueron catastróficas. También hay que recordar que, en la Revolución de 1868, la llamada Gloriosa, se destruyeron las murallas y muchos edificios de Sevilla para dar trabajo a una gran bolsa de desempleados.

-¿Los españoles fuimos peores que los franceses?

-En este sentido, sin duda alguna.

-¿Y nuestra ciudad? Usted tiene un libro muy leído titulado La Sevilla napoleónica.

-Durante el periodo de José Bonaparte se produjo el primer intento de crear lo que los franceses llaman una grand ville, una gran ciudad. Hasta este momento Sevilla era una ciudad con un plano típicamente medieval, con calles muy pequeñas y plazas abigarradas. Será en este momento cuando se abran la Plaza Nueva, la Encarnación, los Terceros... Esto se hizo por deseo del propio José Bonaparte, que tenía inquietudes urbanísticas y artísticas. Era un hombre de gusto exquisito, gran conocedor del arte y al que le encantó Sevilla. Hasta el punto de que pasó aquí dos temporadas y llegó a venir para ver expresamente la Semana Santa.

-¿Cuando llegó?

-Entró con las tropas francesas en febrero de 1810 y, en gran medida, no se cometieron desmanes gracias a él. Después de recorrer toda Andalucía, volvió a la ciudad en Semana Santa. El rey fue consciente en todo momento de que no quería repetir las causas que propiciaron las revueltas de los comuneros contra Carlos V y todos sus ministros fueron españoles.

-¿Y le gustó la Semana Santa?

-No hay noticias concretas de las hermandades que salieron. Sabemos que recorrió la ciudad a caballo y recibió vítores. Incluso visitó Itálica para rememorar las figuras de Trajano y Adriano.

-¿La sociedad sevillana acogió bien al rey invasor?

-Sin duda alguna, el fervor popular fue evidente.

-¿Y las clases altas?

-También, por supuesto. Hay testimonios reveladores de los bailes que la aristocracia organizó en honor al monarca. Se celebraron corridas de toros gratis en las que el público aplaudía los tapices de José y Napoleón Bonaparte que se colgaron en el palco presidencial. Sobre esto hay un testimonio de un capitán farmacéutico francés que describe con sorpresa cómo el público popular se pasaba de boca en boca los cigarros, y también como, en un momento dado, comenzó a pasarse el cadáver de un gato como diversión. Lo curioso es que este pueblo es el mismo que había sido extremadamente patriótico cuando un poco antes Sevilla había sido la capital de la Junta Central.

-¿Y qué más decía este capitán de Farmacia?

-Asegura que oía una palabra continuamente: "carajo". Sobre este término, que hoy ha sido reemplazado por otro que lleva la letra ñ, dice: "forma parte de todas las conversaciones entre los españoles".

-Queda claro que Sevilla es una ciudad casquivana.

-Siempre está con el vencedor. Al principio estuvo con los patriotas y luego con los afrancesados. Sevilla llegó a ser la ciudad más afrancesada de España, con intelectuales como Alberto Lista, Blanco White, Arjona, Mármol, Matute... Pero, insisto, también tuvo un gran protagonismo en el bando patriótico a partir de 1808, primero con la creación de la Junta Suprema de Sevilla y después con la instalación aquí de la Junta Central, la primera vez que Sevilla fue capital política de España desde la época de los visigodos.

-¿La primera vez no fue durante el Lustro Real de Felipe V, entre 1729 y 1733?

-Es cierto que durante el Lustro Real Felipe V vivió en el Alcázar, pero por causas de salud. En este periodo la administración permaneció en Madrid. Ahora, con la Junta Central los archivos del Estado se trasladan a Sevilla debido a que Madrid estaba a punto de caer tras la ofensiva sobre Somosierra.

-Sevilla también fue la ciudad desde la que se organizó la primera derrota de Napoleón: la batalla de Bailén, el 19 de julio de 1808.

-La batalla de Bailén es la más importante que se ha librado en España. Tengo un libro publicado en el que defiendo que esta batalla fue decisiva en el nacimiento de la nación española. El enfrentamiento aunó todos los esfuerzos y la victoria produjo una exaltación patriótica sin precedentes. En su organización hubo un sevillano fundamental que sigue siendo un desconocido pese a ser uno de los personajes más importantes de la historia de la ciudad: el presidente Francisco de Saavedra, quien también había sido ministro con Carlos IV. Él fue el que nombró al general Castaños para mandar el ejército español de Bailén frente a otros candidatos y, cuando analizamos la correspondencia entre ambos, vemos el grado de dependencia que tenía el militar hacia él. Es impresionante leer el diario de Saavedra durante la organización de la batalla. Si ese diario lo hubiese escrito un general inglés, francés o ruso sería un texto capital en la historia militar.

-A José I Bonaparte siempre se le ha presentado como a un rey borracho y disoluto. ¿Qué hay de realidad y qué de mito en esta imagen?

-Curiosamente era abstemio. Parece, aunque no hay una prueba documental que lo certifique, que el mote de Pepe Botella se le puso en Sevilla y, paradójicamente, la razón fueron los impuestos con los que gravó el alcohol para controlar sus excesos. También se le pusieron otros sobrenombres, como el de Rey de Copas. Lo que sí era muy mujeriego, pero los españoles de la época nunca mencionaban su éxito con las féminas, ni de la disposición de las españolas a acceder a sus requerimientos.

-¿Alguna amante famosa?

-Nada más y nada menos que una sobrina del ministro de la Guerra de Fernando VII, Gonzalo O'Farril, la condesa de Merlín. Era una mujer que había estado mucho tiempo en Cuba y, según la arpía de Lady Holland, era la mujer más bella que había visto en su vida.

-Muy recientemente se celebró el bicentenario del sitio y la Constitución de Cádiz. Más allá de los fastos, ¿ha servido para avanzar en nuestro conocimiento histórico de aquéllos hechos?

-El Bicentenario de Cádiz ha sido un fracaso total desde el punto de vista historiográfico. No se convocaron a muchos historiadores que llevaban años estudiando el periodo y sí a otros que llegaron en plan paracaidista. Muchos de los congresos fueron un auténtico espejo de las vanidades. Por ejemplo, fue una vergüenza que en Sevilla no se celebrase el bicentenario de la Junta Central, que fue la primera vez que la ciudad fue capital del Estado.

-Hay una teoría muy extendida que afirma que fueron los regimientos de Wellington los que ganaron la Guerra de la Independencia. Según este discurso, los españoles fueron prácticamente unas tropas auxiliares de los británicos o guerrilleros sin objetivos muy claros.

-La contribución de Inglaterra a la Guerra de Independencia fue menor de lo que se ha contado. Sobre este tema llevo trabajando más de tres décadas, con un periodo de investigación de siete años en los archivos británicos. Espero terminar dentro de unos meses un libro de más de setecientas páginas que se llamará La guerra del inglés en la Guerra de la Independencia. Pese a lo que ha afirmado durante doscientos años la historiografía europea y americana, he concluido que la aportación de Inglaterra a la Guerra de Independencia fue mínima en comparación con la de los españoles y portugueses. La vez que los ingleses tuvieron más soldados en la Península Ibérica durante el conflicto no se llegó a los 30.000 hombres, la mitad de ellos enfermos en muchas ocasiones. En 1808 las tropas británicas experimentaron una serie de fracasos que se han silenciado o se han presentado como victorias... Sus triunfos sólo comenzaron cuando Napoleón se vio obligado a retirar tropas debido a la guerra con Rusia. Además, se ha silenciado la presencia de españoles y portugueses en muchas de estas batallas, algo en lo que también han contribuido los historiadores franceses.

-Wellington presumió alguna vez de que su infantería era la mayor chusma del mundo. Ocurrencias aparte, se ha criticado mucho los destrozos que hicieron las tropas británicas, algunos dicen que para limitar las capacidades económicas e industriales españolas, posible competidora con Inglaterra.

-Las destrucciones del ejército británico en España fueron, en algunos casos, mayores que las del ejército francés. En honor a la verdad, tampoco hay que olvidar los destrozos provocados por los guerrilleros españoles, algo que la historia patriótica también ha tapado. Volviendo a los ingleses, hubo destrucciones tremendas, como la de San Sebastián, cuyos excesos provocaron un debate en el Parlamento de Londres. Los mismos oficiales británicos que participaron en esta barbaridad fueron enviados a los EEUU para destruir Washington en la guerra anglo-estadounidense de 1812. Quemaron hasta la Biblioteca del Congreso, que se tuvo que rehacer a partir de una donación de 6.000 libros que hizo Jefferson... Hoy en día tiene 14 millones de libros.

-Antes habló de la irritante Lady Holland, la mujer de un personaje fundamental para la historia del liberalismo español, Lord Holland, el gran protector de los españoles exiliados por el absolutismo.

-Efectivamente. Es impresionante ver los libros de visita de su casa, en Londres, por donde pasaron todas las grandes figuras del liberalismo español. Blanco White -al que había conocido en unas tertulias celebradas en Las Dueñas- fue el preceptor de sus hijos y Argüelles el bibliotecario encargado de sus libros sobre España. La casa, que se encontraba en lo que hoy es Holland Park, quedó destruida tras un bombardeo alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Tenía la biblioteca más importante del Reino Unido después de la del Museo Británico. Hay que tener en cuenta que era un hombre riquísimo, entre otras cosas porque su mujer era dueña de media Jamaica. Fue una suerte que el bombardeo no destruyese los archivos. Yo los pude consultar gracias a la ayuda del entonces embajador español en Londres, don Joaquín Puig de la Bellacasa.

-¿Su apoyo a los españoles era sincero o escondía intereses espurios?

-Era totalmente sincero. Me indigno cuando en algunos libros se afirma que era un espía británico. Fue un hombre extraordinariamente generoso con los españoles hasta el último momento. Cuando murió en 1840, Blanco White le escribe una hermosa y consternada carta a Lady Holland en la que le recuerda la enorme generosidad de su marido.

-Pero Blanco se quejaba mucho de Lady Holland.

-Bueno, es que era insoportable. En plena Guerra de la Independencia le pedía a Blanco que usase sus influencias para que le mandasen naranjas sevillanas e incienso de la Catedral... Claro, a Blanco esto le molestaba.

-A qué se debió el fracaso histórico del liberalismo español.

-La clave la da el poeta Manuel José Quintana en un libro extraordinario, Cartas a Lord Holland sobre los sucesos políticos de la segunda época, que constituye una meditación centrada en la frustrada experiencia del Trienio Liberal (1820-1823). En España había una élite muy brillante, pero la gran mayoría del pueblo no estaba instruido. Esto ha sido así hasta muy recientemente.

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