Cinco relatos sobre las glorias

  • El escritor Antonio García Rodríguez pronunció ayer por la tarde en la Catedral el Pregón de las Glorias de María Fue un gran homenaje a las personas que conforman estas cofradías

Un texto novelado. Cinco relatos sobre las devociones letíficas de la ciudad trufados con historias personales e hilvanados con el amor hacia María, la fe y los sentimientos. Una gran pieza literaria sobre la religiosidad popular. Así fue el Pregón de las Glorias de María que pronunció ayer el macareno Antonio García Rodríguez en la Catedral ante la Virgen de la Cabeza. García, filólogo y escritor, hizo lo que mejor sabe hacer, una narración que enganchó a todos los asistentes por su emotividad y autenticidad. El pregonero realizó un auténtico homenaje a todas esas personas que día a día, esfuerzo a esfuerzo, sostienen la devoción a la Virgen en la ciudad de Sevilla.

Los que no tuvieron la oportunidad de escuchar el pregón en directo en la Catedral, podrán deleitarse con su lectura. Amor de los Amores de Sevilla es el nombre de este canto a la Virgen que está conformado por cinco relatos. Ya en la introducción, el pregonero dejó claro que Sevilla no se puede entender sin el culto a la María: "Esta ciudad, donde la Virgen es verdad que modera y nutre nuestros corazones, con ilusiones de nueva vida, para acercarnos a Dios, al Misericordioso, al que nos guía y protege". García hizo un guiño en este comienzo a la que es su gran devoción, la Virgen de la Esperanza, con la leyenda del azulejo que corona su Arco: "La que es hija de eterno padre, madre del verbo divino, esposa inmaculada del espíritu santo, amor de los amores de Sevilla y Esperanza única de los mortales".

El primero de los relatos del pregón, Nunca mas sola, contó la historia de Margocha, una niña bielorrusa que llegó como tantos otros a la ciudad para mejorar su calidad de vida, y acabó, gracias a la fe que le transmitió su familia de acogida, abrazando, por firme convencimiento, la devoción a la Virgen. "Allí, donde la miseria era la mejor de las condiciones, no tenía constancia de que la Virgen ya comenzaba a salvaguardarla". Margocha pidió a su familia sevillana que quería ser católica, quería bautizarse. "¿Por qué?", le preguntó el sacerdote. "Porque podré tener siempre cerca a la Virgen, a su Hijo y a Dios y ya nunca más volveré a estar sola".

El pregonero fue intercalando y ensalzando las devociones gloriosas de la ciudad en sus historias. Margocha dio muestras de su devoción ante la Virgen de las Nieves. En el segundo relato, Los caminos de la vida, la Virgen del Rocío, es la devoción de un viejo trianero al que expatriaron de su mundo: un viejo corral de vecinos. "La vida es imposible vivirla sin Dios. Sin él hubiera sucumbido a la tristeza...".

La labor diaria de los hermanos de las glorias y su trabajo por los demás, la ayuda al prójimo, quedó reflejada en La Salud del mundo, el tercer relato en el que García narró la vida de Eugenio, devoto de la Virgen de la Salud y el Chato de la Costanilla. Su pasión eran las cofradías, las glorias concretamente, y su amor era la Virgen. En el cuarto capítulo, Soy de Sevilla, el pregonero noveló el nacimiento de una devoción sevillana: la de la Divina Pastora, aparecida en sueños a fray Isidoro de Sevilla.

El final, como el principio del pregón, tuvo como protagonistas al Arco y la Muralla, a las viejas huertas. Rosario de la Alegría, la Virgen como más grande ejemplo de la religiosidad popular, como mediadora para llegar a Dios. Transmitida de generación en generación. De madres a hijos. Allí, "en el arco, que es acceso al paraíso", confluyeron los cinco relatos y sus protagonistas. "Rosario de la Alegría que tiene en la Macarena un sentido en el Niño dormido, pues va soñando que la vida es el premio merecido para aquellos que llegaron a sus plantas con el corazón afligido y henchido por el amor que nace de la Esperanza porque en Ella está la salvación".

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