Calle Rioja

Los tres reyes de don Curro, el barbero oficial de Silvio I

  • Monárquico. El barbero que mantiene el legado de Silvio le rinde pleitesía a Elvis, su precedente dinástico, a la Familia Real y a Fernando IV, calle de Los Remedios.

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EN 1977 hay dos fechas fundamentales en la historia de la música sevillana. Por su trascendencia, la afirmación se puede extrapolar a la música andaluza, española e incluso internacional. El 25 de junio, el mismo día que el Betis le ganaba al Athletic de Bilbao de Iríbar y Chechu Rojo la primera Copa del Rey, en un estudio de la capital de España donde los béticos -entre ellos Felipe González- festejaban la proeza y los bilbaínos, muy superiores en número, mitigaban la pena, Kiko Veneno y Raimundo Amador terminaban de grabar el disco Veneno. El andaluz paisano de Dalí se hizo bético ese día.

55 días después, el tiempo del Pekín de Charlton Heston y Ava Gardner, el 18 de agosto moría Elvis Presley. Hasta ese día, Silvio Fernández Melgarejo, nacido en La Roda de Andalucía, tocaba la batería y fregaba platos. Era inseparable de quien sería su enciclopedista y mitómano, don Curro, titular de la única cabellería de Sevilla, Silver Barber que consiguió el milagro de hermanar la bacía de barbero con el yelmo de Mambrino, como pretendía don Alonso Quijano. El día que murió Elvis, Silvio pronunció una sentencia monárquica: "A rey muerto, rey puesto". Con señuelos de reencarnación, trasplante o metempsicosis, Silvio se convirtió en el rey sevillano del rock.

Ambos acontecimientos musicales están hermanados en la barbería de don Curro. El otro día atendía a su clientela con un pequeño televisor en el que Mariano Rajoy desgranaba su discurso de investidura. El nuevo presidente del Gobierno y sus ministros han jurado sus cargos ante el rey Juan Carlos, que esta misma noche se asomará al balcón de la televisión para pronunciar la plática navideña, muy esperada por las circunstancias. Tiempos tan trepidantes, por otros motivos, como aquellos del año 1977.

Los dos reyes, el dinástico y el coronado por sus millones de admiradores, nacieron en el mes de enero. Elvis, el 8 de enero de 1935; el rey Juan Carlos, en el destierro romano, el día de Reyes de 1938, en plena guerra civil.

Don Curro es un barbero que rinde pleitesía a tres monarcas. Tantos como los de la Epifanía. Un póster de Elvis en la puerta del negocio; un expositor con fotomontajes del barbero más rockero, demófilo de la guitarra eléctrica, acompañado del Rey Juan Carlos, la reina Sofía y el príncipe Felipe. Y en el reverso, con Obama, Hilary Clinton y Sarkozy.

Al Rey cuya Copa ganó el Betis y al rey en cuyo cáliz bebió Silvio les acompaña Fernando IV, una de las dos calles, esquina con Virgen del Valle, a las que se asoma este santuario musical del barrio de Los Remedios, muy cerca de donde vivía Silvio y de donde vive Luzbel. Igual que Fernando III es un castellano que llegó a rey de Sevilla, Fernando IV (1285-1312) fue un sevillano coronado rey de Castilla. Fue precoz en su proclamación, más que imberbe, y precoz en su muerte, con tan sólo 26 años. Le dio tiempo a conquistar Gibraltar. Vano empeño. Silvio intentó recuperarlo casándose con una millonaria inglesa en la iglesia del Cachorro. Casi lo consigue, y en la conflagración ganó para la causa a Sammy, su hijo, que se crió en el exclusivo barrio londinense de Chelsea y ha vuelto por la patria paterna.

Del 25 de junio al 18 de agosto de 1977. De Kiko Veneno y Pata Negra a Silvio. Como las fechas tienen una vida propia, quien con el tiempo se convertiría en efímero yerno a título póstumo de Elvis Presley, Michael Jackson, murió el 25 de junio de 2009, justo 32 años después de que el Betis ganara la primera Copa del Rey, el día que un payo de Figueras y un gitano de las Tres Mil Viviendas consiguieron la pócima de un veneno tan legendario como el bálsamo de Fierabrás.

Años frenéticos como el rock.

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