Un verano en la mochila

  • Más de 30 escuelas abren en julio para que los niños tengan dónde quedarse mientras los padres trabajan · El precio de la matrícula alcanza los 50 euros

La mochila no descansa en vacaciones. Durante el mes de julio, 32 centros educativos públicos de Sevilla abren sus puertas para que los pequeños tengan dónde quedarse mientras sus padres trabajan. Estos campamentos urbanos no son sólo un refugio veraniego. En ellos, los alumnos practican deporte y asisten a clase.

Los colegios de verano son una propuesta de las asociaciones de madres y padres de alumnos, que cada año, cuando llega el periodo estival, se enfrentan al problema de conciliar la vida familiar con la laboral. El curso ha terminado y, en muchas ocasiones, todavía faltan varias semanas, incluso meses, para que los padres se marchen de vacaciones. Para que los niños puedan permanecer durante este tiempo en un lugar, donde, además de entretenerse, aprendan, nació la idea del campamento urbano: el mismo funcionamiento, pero en la ciudad.

Esta demanda ha llevado a que se creen empresas especializadas en ofertar este tipo de cursos. Una iniciativa que cada año se está implantando en Sevilla y que libera a las Ampas de los colegios de tener que organizarlos. La Delegación de Educación asume el coste de la vigilancia de los centros, que suelen estar cerrados en verano. Otras veces, como ocurre en el colegio Juan Sebastián Elcano, los cursos están financiados por el distrito a través de los Presupuestos Participativos, ya que fue la madre de un alumno la que propuso la idea en Participación Ciudadana.

Dichos cursos, en la mayoría de los casos, sólo funcionan durante el mes de julio. En agosto las escuelas cierran sus puertas y es difícil encontrar un centro donde se desarrollen estas actividades.

Los colegios que están abiertos en verano son en su mayoría públicos. Aunque también los hay concertados y privados. Entre los segundos destacan el Claret, los Maristas y las Salesianas de Nervión. El programa de actividades es muy diverso. Las aulas están abiertas desde las siete y media de la mañana, cuando los padres más madrugadores dejan a sus hijos para ir al trabajo.

A primera hora, cuando las temperaturas son livianas, se imparten clases de deporte en el patio: baloncesto, fútbol y otras actividades físicas. Luego se entra en clase. Llega el turno del inglés, del lenguaje y las matemáticas, que son las principales asignaturas que reclaman los padres para una mejor formación de los hijos.

El recreo suele ser a media mañana. En los colegios que disponen de un amplio patio se colocan piscinas desmontables para que los alumnos puedan resfrescase durante las horas de ocio. Las últimas clases de la jornada suelen dedicarse a talleres de teatro y manualidades.

En los Maristas hay este año siete aulas de verano con un promedio de 20 alumnos en cada una de ellas. En el Claret son tres, al igual que en las Salesianas de Nervión. Para ingresar en estos cursos no es necesario estudiar en el colegio durante el resto del año. El precio de la matrícula suele variar, según el periodo de tiempo solicitado. En los públicos el precio oscila entre los 40 y 50 euros. Un gasto que en el caso de los privados se encarece notablemente. Matricularse un mes para las clases de verano en el Claret cuesta 247 euros. Aunque también se existen matrículas por semanas o quincenas, una opción que aún puede solicitarse. Entonces, el precio se reduce considerablemente. La edad de admisión está comprendida entre 3 y 11 años.

El número de monitores varía en función de la cantidad de alumnos que asisten a estos cursos. Normalmente, se dividen en monitores de apoyo a las asignaturas comunes, de manualidades y de natación. En los Maristas, donde hay cerca de 150 niños este verano, trabajan 13 monitores.

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