Sevilla FC-Villarreal

Del disparate al arreón de orgullo

  • El Sevilla salva un punto con el Villarreal cuando parecía más hundido con un cero a dos y un futbolista menos

  • El equipo de Montella tuvo varias caras, la mayoría negativas

  • Nefasta actuación del árbitro

N'Zonzi dispara con su pierna derecha para conseguir el golazo que le dio el 2-2 al Sevilla. N'Zonzi dispara con su pierna derecha para conseguir el golazo que le dio el 2-2 al Sevilla.

N'Zonzi dispara con su pierna derecha para conseguir el golazo que le dio el 2-2 al Sevilla. / Antonio Pizarro

El Sevilla, al menos, sigue teniendo orgullo. Ésa es la única conclusión positiva posible después de comprobar el grado de desquiciamiento en el que ha entrado la escuadra entrenada por Vincenzo Montella. Porque la reacción final para igualar un partido que ya parecía tener el Villarreal en su poder no puede esconder la infinidad de aspectos censurables de un equipo que ahora mismo parece carecer de la menor dirección por parte de su banquillo. Hasta el punto de transmitir que vive en un verdadero disparate dentro de un campo de fútbol.

Es verdad que N’Zonzi y Banega fueron capaces de tirar de los suyos, de meterlos de nuevo en una pelea que sólo un cuarto de hora antes del final del tiempo reglamentario parecía ya poco menos que imposible, pero ni siquiera esto puede servir de salvavidas para el desastroso planteamiento de un encuentro que era vital para esa lucha por la clasificación para los puestos europeos. Montella sigue empeñado en un fútbol de una sola vía y no ve más allá de ese planteamiento obsesivo.

En esta ocasión, el italiano parecía que iba a mover algo el árbol después del esfuerzo del pasado martes en Múnich. Nada más lejos de la realidad, lo único que hizo el entrenador sevillista fue meter en la izquierda a Sandro en el lugar de Correa y a Muriel por Ben Yedder arriba. Los demás eran exactamente los mismos y así hasta que el cuerpo aguantara. Pero lo peor ni siquiera será eso en el pensamiento de Montella, lo más difícil de explicar es el empecinamiento en alejar a Sandro del área rival, cuando el canario triunfó la pasada temporada en el Málaga pisando precisamente esos terrenos.

No, por favor, cómo se va a cambiar algo en un dibujo que tan buenos resultados le está dando en el campeonato liguero, dicho sea con toda la ironía por supuesto. Montella parece mucho más terco que en sus anteriores etapas en Italia y no sale de ese 1-4-4-2 en el que el Mudo Vázquez tiene libertad para hacer de delantero o de centrocampista, según estime él que más le conviene a los suyos. El resto sigue exactamente igual juegue quien juegue, con independencia de las características individuales de cada futbolista.

Y cuál es la conclusión. Bien sencilla, sobre todo en los mejores minutos de fútbol de los sevillistas, que también los tuvieron, que se producen centros laterales y es penosa la carencia de posibilidades de remate. Por ejemplificar en una jugada concreta, en el minuto 57, cuando mejor jugaban los anfitriores, una llegada de Ben Yedder por la derecha acaba en un centro con cero posibilidades de remate. Paradójicamente, fue Rukavina el que estuvo a punto de introducir la pelota en su propia portería cuando no lo hostigaba ni un solo delantero sevillista porque Sandro no había aparecido por allí procedente de ese rincón en la banda izquierda al que lo tienen condenado.

Por ahí, pues, se fueron muchas de las posibilidades de haber tenido éxito para un Sevilla que jugó un primer tiempo con un fútbol parsimonioso, como pendiente de economizar fuerzas con vistas al tramo final dado el fuerte calor que hacía sobre el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán. Los blancos iban a presionar arriba, pero se topaban con la clarividencia del Villarreal para salir sin problemas con la pelota. El único peligro local llegó en la única vez que Sandro se incorporó al centro, pero no alcanzó un pase profundo de Franco Vázquez. Tampoco tuvo éxito Cheryshev en la ocasión más clara de los suyos, cuando se plantó solo delante de David Soria y el guardameta le hizo un verdadero paradón.

La cosa estaba equilibrada, aunque más en el debe que en el haber por parte de ambos equipos. Hasta que en el tramo final de este primer periodo, Raba fue capaz de crear un desequilibrio en el repliegue sevillista, sobre todo por la pérdida de posición de Jesús Navas, y la jugada acabó con un cabezazo del futbolista que la inició que cogió descolocado a un David Soria que debió hacer mucho más por evitar el gol.

Pudo Mercado rematar un córner casi a puerta vacía justo antes del intermedio y después sí llegarían unos minutos interesantes del Sevilla en la reanudación, sobre todo después de entrar Ben Yedder por Muriel. Los locales sí acarrearon el balón al área de Sergio Asenjo y parecía que en una de esas llegadas tenía que producirse el empate.

Pero ahí se produjo una jugada que pareció decisiva sobre la hora de juego. Cheryshev, que ya había rozado la segunda tarjeta antes por su reiteración de faltas, derribó a Banega en una acción clarísima de amonestación, pero González Fuertes quiso ser político y hacerse el don Tancredo. Ben Yedder fue a protestar y, en una acción indigna como profesional cierto es por parte del delantero francés, le aplaudió al árbitro tras mostrarle la primera cartulina.

El Sevilla se quedaba diez contra once cuando mejor estaba y con cero a uno, situación que pareció definitiva cuando Bacca dio un cursillo sobre cómo se dispara a la esquina cuando estás frente a frente con el guardameta rival. El Villarreal parecía ya el ganador sin ningún género de dudas, pero el fútbol tiene elementos imprevisibles y éste llegó con el penalti y expulsión, por segunda amarilla, de Jaume Costa.

Ni siquiera importó que Nolito lo lanzara fatal y lo desperdiciara, el Sevilla había activado el chip del orgullo y fue capaz de empatar lo que tenía perdido gracias a dos tantos de Nolito y N’Zonzi, éste un verdadero golazo desde fuera del área en una de las escasas veces en las que este equipo disparó a puerta. El francés y Banega tiraron de los suyos y estuvo mucho más cerca el 3-2 que el 2-3. Pero no fue así y ese arreón de orgullo no sirvió para maquillar el disparate que es este Sevilla al que Montella no le encuentra soluciones para que todo no dependa del triángulo N’Zonzi-Banega-Franco Vázquez. Por ejemplo, ¿jugar con dos delanteros arriba y Vázquez partiendo de un costado? Igual y algún día menea el italiano el árbol...

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios