Aprender a ritmo de arias

  • Un colegio de Espartinas pone en marcha un proyecto que abre el aula a las emociones y al trabajo en equipo

Cuando se piensa en la docencia, a veces se cae en el error de creer que sólo se puede ejercer al enseñarse matemáticas o lengua a los más pequeños. Pero no siempre es así. Hay profesores que sienten en ellos una verdadera vocación y buscan otras alternativas con las que enseñar a sus alumnos de forma mucho más lúdica y atractiva para ellos. Es el caso de tres profesoras del colegio Cerro Alto de Espartinas, quienes han preparado con los alumnos de segundo de primaria del centro una ópera que representaron el pasado viernes en el Auditorio Sanata An de Espartinas.

Que en pleno mes de junio los niños de un colegio tengan preparado un número musical es de lo más normal. El fin de curso está a la vuelta de la esquina y toca subirse a un escenario. Pero lo que desarrollan en este centro educativo dista mucho del típico baile con el que los más pequeños ponen el broche final al curso académico. Los niños de segundo de primaria del colegio Cerro Alto tienen preparado un número musical, pero no uno cualquiera. Desde que comenzara el curso el pasado septiembre estos pequeños se metieron de lleno en el desarrollo de una ópera. Con tan sólo siete años, estos alumnos han sido los artífices al 100% de este proyecto, desde dar con un mensaje que transmitir, hasta la puesta en escena, pasando por la creación del libreto y llegando hasta buscar la propia financiación.

Aunque ellos hayan llevado a cabo el proyecto, la iniciativa es el resultado de la formación que Sandra Gelo Mariscal, Pilar Sánchez Morilla y María de los Reyes Serrán Romo (las tres profesoras precursoras de la iniciativa) recibieron para desarrollar en su centro el proyecto LÓVA (La Ópera, un Vehículo de Aprendizaje). Ésta se trata de una iniciativa educativa centrada en el desarrollo emocional, social y cognitivo de los alumnos, un reto que abre el aula a las emociones, a la imaginación, al esfuerzo compartido y al descubrimiento y aceptación de todas las capacidades.

Bajo esas premisas, las tres docentes transmitieron a los alumnos la idea y éstos estuvieron encantados de llevarla a cabo. Estructuraron el proceso en tres bloques; dinámica de grupo, creación de la ópera y producción y en base a eso trabajaron con los pequeños. En la primera fase buscaron fomentar entre los niños el trabajo en equipo, algo a lo que no suelen estar muy acostumbrados. Pero, según detalla una de la profesoras, "en cuanto les das una responsabilidad y se convierten en protagonistas a la hora de tomar decisiones son capaces de implicarse en una actividad que requiera un trabajo colectivo". En la segunda fase comenzaron a elaborar el libreto buscando una idea a transmitir. Bajo el nombre de No somos invisibles, estos pequeños tenían muy claro el concepto a resaltar: la soledad. Por eso esta ópera es para ellos una llamada de atención para aquellos padres que no prestan a sus hijos toda la atención que necesitan. La tercera fase, la de la producción "ha sido la más estresante de todas". Los pequeños se repartieron los papeles y se convirtieron en sopranos, tenores, tramoyistas, maquilladores o responsables del atrezzo. De ahí que vivieran la jornada del estreno (el viernes pasado a las 10:00) con mucho estrés y nerviosismo. Pero siempre con la ilusión muy presente en ellos.

Esta actividad, que ha resultado muy enriquecedora para los alumnos y para las propias docentes, que han contado con ayuda de profesionales de la interpretación para instruir a los alumnos, es la primera vez que se realiza en el centro, pero sus buenos resultados hacen que sus precursoras no duden en afirmar que "el año que viene se repite la actividad".

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