Tiempos modernos más allá de la Expo

  • La Fundación Cajasol acoge una exposición para reflexionar sobre el concepto de modernidad ligado a 1992, con la participación de artistas de la época y actuales

"La voluntad de ser moderno parece vacilante y, a veces, incluso estar fuera de moda". Así reza en uno de los paneles principales de la exposición que Fundación Cajasol inauguró ayer en su Sala Murillo, ¡¿Éramos tan Modernos?! La frase es del reconocido filósofo y antropólogo francés Bruno Latour e introduce a la perfección el tema sobre el que se reflexiona en las dos plantas que ocupa la muestra, la modernidad.

"Ésta no es una exposición sobre la Expo 92, sino una exposición que toma ese acontecimiento como una oportunidad para reflexionar sobre un concepto más complejo, como es el concepto de modernidad. Y, a partir de ahí, hablar de cómo era la España de antes y de después de 1992", aclaró el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, en el acto de inauguración, donde estuvo acompañado por el alcalde de Sevilla, Juan Espadas; el comisario de la exposición, Óscar Fernández, y el coordinador del proyecto, Rafael Jurado, entre otras personalidades, como Julio Cuesta, comisario del XXV Aniversario de la Expo 92, y artistas como María Cañas o Manuel Zapata.

Un vídeo, con testimonios de quienes vivieron la época, cierra la muestra

Imaginación, osadía, vanguardia... son palabras que el furor, la efervescencia vivida en España, y en Sevilla en particular, estaban presentes hace 25 años ante la apuesta por el cambio. Sin embargo, frente a esa visión más optimista, artistas y teóricos ya debatían si realmente esa modernidad prometida era algo nuevo o no y cómo era capaz de convivir con una agonía de la misma.

Alejada del perfil conmemorativo del 25 aniversario, la muestra se adentra en esos iconos de los tiempos modernos, momentos claves ligados a la exposición universal, comparados en retrospectiva con otros hitos del pasado y del presente que dan a conocer la evolución de las ideas, conceptos y fenómenos que hicieron del 92 un año emblemático.

Así, como detalló el coordinador del proyecto, Rafael Fernández: "Se trata de un recorrido historiográfico, artístico, sociológico y periodístico a través de las reflexiones de los artistas y documentos". "Es una especie de gabinete que, mediante un discurso legible para la mayoría, hemos intentado que interese a nivel discursivo, visual e intelectual", continuó el comisario, Óscar Fernández, quien puntualizó que no se trata de "una exposición estática y está dividida en siete partes".

La primera planta de la muestra, se divide en tres capítulos. El primero, Descubrir e inventar, se plantea la conexión con las Américas, no sólo en el 92, sino también con la exposición del 29. Esto se materializa con la exhibición de dos obras: Pensamiento del navegante, 1929, de Daniel Vázquez Díaz, y la fotografía Crónica del extravío, que refleja la instalación presente en 1992 en la Iglesia de San Luis de los Franceses, dentro del proyecto de arte contemporáneo Plus Ultra, comisariado por Mar Villaespesa.

En esta misma senda, el segundo y tercer capítulo, La modernidad como repetición de lo nuevo y Una modernidad crepuscular, recogen planos y guías de las exposiciones dedicadas al Descubrimiento: Chicago 1893, Sevilla 1929, Sevilla 1992, así como la Acción Carrying, San Sebastián y Madrid (1992), de Pepe Espaliú.

El cuarto de los bloques se encuentra ya en la segunda planta. La modernidad no es la vanguardia analiza ambos conceptos y define sus diferencias a la vez que señala a la tradición y su impronta en la modernidad a través de ejemplos como la Macarena pop (1982), de uno de los diseñadores/artistas de referencia de la Sevilla moderna, Manolo Cuervo, cuya obra sirve para dar pie a una genealogía de la modernidad con otros artistas como Carmen Laffón, y "su actualización de la tradición" con Sevilla desde el río, 1982-1993. Además de un desplazamiento de la visión canónica de la ciudad, esta última obra traslada el largo proceso de trabajo que tomó el óleo, más de 10 años, lo que habla de una resistencia a la velocidad, esencia de la modernidad tecnológica. Cierra el capítulo la creación Sevilla I (1991),de Gerardo Rueda, quien diseñó las puertas del Pabellón de España de la Expo 92.

En los bloques quinto y sexto, La modernidad es la velocidad, ¿o no? y La modernidad ya estaba aquí, una serie de imágenes sorprenden al espectador. "El tren es el símbolo de la modernidad, y el arte en el espacio público y hacer colas son signos de los tiempo modernos", explicó el comisario en alusión a las fotografías expuestas sobre la llegada del primer tren de alta velocidad a Santa Justa, de Díaz Japón, las colas para comprar entradas para un espectáculo de títeres o en los pabellones de la Expo 92, y las actuaciones de Cita en Sevilla. Entre otras instantáneas, la de un tren que interrumpe a la Hermandad de Santa Genoveva en 1958, de Antonio Soto. "Lo interesante es establecer conexiones, analogías y contrastes para que el público saque sus conclusiones".

La obra más actual se ve reflejada en el séptimo capítulo de la exposición, La modernidad era esto..., con la creación audiovisual de María Cañas, Videoguerrillas (2017), y la instalación de Manuel Zapata, No me ha dejado (2017).

Cañas presenta vídeos digitales a modo de crítica usando hitos y mitos de la Expo 92. En Queremos Curro, la autora describe: "Hay quien lleva 25 años sin curro, y hay quien dice que somos una generación sin curro, pero la mascota Curro parece ser eterna en nuestra involución". En la misma línea irónica-crítica, pueden visionarse Expo ET -"Sevilla del 92 y Sevilla hoy, ese gran parque temático espejismo ovni que se fue tan rápido como llegó. Bienvenidos a la secta de Curro"- y los mordaces ¿Quo vadis Europa? y El modernismo va a llegar.

En el suelo, la instalación de Manuel Zapata invita al espectador a entrar en esa Sevilla "cíclica, que se repite en bucle, incapaz de trascender su imagen tópica... sin cuestionarse su devenir...". El logotipo de la Expo es sólo un obstáculo, "símbolo de la modernidad impostada que vino dada en el 92 por parte de la muestra".

Ese 92, "en el que iba a pasar de todo; incluso la gente quería casarse en ese año", en palabras del alcalde, músicos, arquitectos, periodistas y un largo etcétera de profesionales vivieron de cerca esa modernidad. Un documental con entrevistas refleja estos testimonios y cierra una muestra que queda abierta al debate.

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