Un paraíso en Carmona

  • El Arrecife Viejo ofrece una serie de actividades enfocadas a una ecología sostenible al alcance de cualquiera

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En el camino de la Ermita de la Virgen de Gracia de Carmona, hacia la Puerta de Córdoba, se halla un paraíso donde los productos que nacen de esa tierra "saben de manera diferente". Paco Rodríguez León e Inés Otero Pareja se encuentran al frente de El Arrecife Viejo, un centro de agroecología integral cuyo nombre hace referencia al antiguo camino de la Vía Augusta, que llegaba a Roma, y que los árabes denominaron arracif en referencia a una ruta que para ellos ya era "vieja".

Tras una exhaustiva formación por parte de ambos -Paco es ingeniero agrónomo y máster en Sanidad Vegetal e Inés es ambientóloga-, decidieron dar solución a una misma inquietud: sensibilizar medioambientalmente a las personas más cercanas a ellos de los alimentos ingeridos y, en consecuencia, generar productos hortofrutícolas exentos de pesticidas químicos.

"Si las verduras convencionales están tratadas con productos tóxicos para controlar las plagas, el cuerpo asimila esas sustancias", aclara Paco. ¿Es posible entonces nutrirnos adecuadamente? La respuesta es contundente: "Todo lo que producimos en El Arrecife Viejo son productos absolutamente naturales". De hecho, continúa, "no le echamos ningún producto químico ni el nuestro es el típico abono que no aporta los nutrientes necesarios". En esa línea, explica Inés, "tenemos una compostera con estiércol, paja y humus de lombriz, con el que hacemos nuestro biofertilizante que enriquece y favorece la vida en el suelo. Todo ello hace que las plantas tengan más accesible un mundo de micronutrientes que de otra manera no sería posible".

Desde este vergel carmonense se responsabilizan, asimismo, de educar y sensibilizar a grandes y pequeños sobre la agroecología, un concepto que tiene en cuenta el ecosistema y el factor social implicando al entorno. "Organizamos talleres explicando la dinámica real de un huerto a todos los niveles a través de actividades de sensibilización medioambiental: centros escolares, niños pequeños o grupos de familias y amigos… Explicamos, además, cómo funciona la estacionalidad, la relación de la agricultura con la ganadería o cómo pueden hacer ellos mismos un huerto en casa", comenta Paco para quien lo importante es que las personas puedan visitarlos y comprobar por ellos mismos esa magia que transforma al individuo cuando entra en contacto directo con la naturaleza. "No somos una granja escuela -aclara-, somos una escuela de granjeros, donde todos los elementos que hay aquí tienen un sentido y un aprovechamiento".

Además de educar, desde El Arrecife Viejo quieren también divulgar su filosofía de vida con talleres impartidos por colaboradores expertos en nutrición (vegana), medicina holística, bioconstrucción, arqueología, alfarería, quesos artesanales o apicultura. Estas experiencias, junto con la venta de productos, aseguran, atraerán también a un grupo de personas especialmente sensibles. "Está más que comprobado que somos lo que comemos", detalla Inés. En esa línea, continúa, "hemos conocido a personas especialmente sensibles con la comida que padecen fibromialgia, cáncer o síndrome de sensibilidad química múltiple (SQM); para estos últimos, este tipo de productos es su medicina, ya que no utilizamos ningún tipo de elemento químico adicional y vendemos nuestros productos a un precio competitivo". Precisamente, con la idea de abaratar costes y conseguir un compromiso anual de pedidos, están fomentando la creación de grupos de consumo. "Al no existir intermediarios, todo el que lo desee puede venir al Arrecife a conseguir su cesta ecológica por un precio muy justo", animan.

Lejos de la competitividad de un mercado voraz y de la contaminación global, Paco e Inés se dedican a un proyecto que pretenden que cubra sus aspiraciones personales y profesionales. Y, por el momento, lo están consiguiendo. "Fomentamos -concluyen- la felicidad sostenible".

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